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Crecer hoy es, para muchos adolescentes, crecer a la intemperie: sin el amparo de otras épocas, con la identidad todavía en construcción y la pantalla convertida en el principal escenario de sociabilidad. Ese es el diagnóstico que plantea el psicólogo Rodolfo Ceballos, quien será uno de los disertantes del ciclo Hablemos de lo que Viene de El Tribuno, en su edición Mentes en equilibrio.
Ceballos participará del panel "Crecer a la intemperie: adolescencias expuestas, pantallas, adicciones y nuevos riesgos", previsto para el 5 de agosto desde las 16 en el Centro de Convenciones de Limache. Antes del encuentro, dialogó con El Tribuno sobre la vulnerabilidad adolescente, la búsqueda de identidad en la era digital y los riesgos de las nuevas formas de sociabilidad juvenil.
¿De qué va a tratar tu participación en el ciclo? ¿Vas a centrarte en las adolescencias expuestas, las pantallas, las adicciones y los nuevos riesgos?
Como ahí dice una de las partes de ese título paraguas y de la charla, algo del desamparo, algo de que sobre el presente, decir los chicos, considerado adolescente por lo menos hasta los 18 años, están en situación de vulnerabilidad, más situación de, en algunos casos, de falta de afecto, o sea, falta de apego.
Entonces, entre la falta de afecto y con las determinantes socioeconómicas, hacen que este chico esté predispuesto justamente a las fragilidades, a lo que dice ahí el título.
Después, yo considero, porque hay distintas maneras de analizar el problema. Yo considero que los riesgos más grandes que tienen los jóvenes tienen que ver con la toma de las decisiones que ellos hacen, tienen que ver con esa búsqueda de identidad personal en una sociedad de consumo y en una competencia donde se le exige habilidades personales, se le exige que tengan un trabajo cuando justamente el primer empleo es lo que más escasea, y también que tenga fuertes regulaciones emocionales.
Ahora, los chicos, yo me pregunto, los chicos de esta época tienen que tomar decisiones como cualquier época, pero esta es la época en que la desregulación emocional y la búsqueda de identidad que se llama liminal, lo que significa que vos estás en el umbral de algo. Entonces, hoy tenemos que hay personalidades adolescentes liminales, lo que significa que son de interfaz, que están dejando de ser niño para pasar a ser adolescentes, pero tampoco termina de nacer lo que tiene que nacer y termina de morir lo que tiene que morir. Entonces, esa es la personalidad liminal.
Y ahí entonces un gran desafío subjetivo, la liminalidad que se llama, que por ahí ocurre en contextos que son problemáticos. Por ejemplo, se me ocurre citarte la disfunción familiar, lo que se llama la anomia, cuando la familia no lo contiene, cuando la familia los critica, cuando la familia con los juicios de valores le producen heridas a sus ideales, entonces hay jóvenes que están atravesando su liminalidad en medio del escepticismo.
"Los chicos ya no viven en una interacción de persona a persona, sino que interactúan detrás de la pantalla".
Otro desafío para los jóvenes, lo que se llama que entran a conocer la edad del desencanto, además de tener una exclusión social, también están autoexcluidos de ciertos sistemas, no tienen, por ejemplo, acceso a una igualdad institucional, le falta concretamente oportunidades por la edad, por esta cuestión de la importancia que le dan los chicos a su grupo, por la edad tienen la presión de pares que se llama, y como todo chico, ellos consideran que la búsqueda de la identidad pasa por el reconocimiento y la aceptación social.
Todo este panorama que describís, ¿en qué deriva? En el mejor de los casos, los jóvenes logran ingresar al mundo laboral y desarrollarse, pero en la mayoría de los casos eso no sucede. ¿Cómo afecta este contexto a los chicos?
Bueno, principalmente lo afecta en falta de oportunidades educativas, ya hemos nombrado las laborales, en falta de oportunidades educativas y recreativas. Los exponen a distintos consumos problemáticos de sustancias psicoactivas y consumos problemáticos de objetos que no son sustancias, las pantallas, todo lo que implica las nuevas formas de sociabilidad, porque vos pensás que los chicos viven ya no en una interacción de persona a persona, sino ellos interactúan con lo que están detrás de la pantalla, entonces son las nuevas formas de sociabilidad y los lleva a eso, porque estamos hablando de que el uso problemático de la pantalla está a la orden del día, porque las tecnologías son decisivas en la configuración, justamente, de esa nueva forma de sociabilidad juvenil, y esto es una cultura popular.
Está ahí cuando uno dice: bueno, ¿y qué es lo que viene? ¿Cuál va a ser el porvenir de toda esta cuestión? Y acá hay dos tipos de ideas respecto de análisis sobre el futuro. Está lo que yo llamo las ideas de que si esto continúa como está, nos espera un futuro distópico, lo que significa un futuro no deseado, a donde lo que mejor podría ser un joven, que es desplegar su creatividad, construir una ciudadanía digital, o también, por ejemplo, tener una socialización normal, sobre todo de familia, amigo, etcétera, no habría eso.
"El uso problemático de la pantalla está a la orden del día. La prohibición absoluta no es posible"
Y otros dicen que si nosotros sabemos tomar a la tecnología no como un demonio, no como un acecho, sino como un bien cultural que podríamos normalizarlo de otra manera, y de la mejor manera es que los consumos culturales sirvan, por ejemplo, para un nuevo universo escolar, y que el papel de la escuela en este momento no sea la criminalización de las pantallas, la criminalización del celular, la criminalización de la conectividad, sino que todo eso se ha puesto al servicio de la conciencia cognitiva que también los jóvenes tienen derecho a tener según su edad y según su época.
En relación con esto, y ya en el plano laboral, surgió un concepto nuevo que se suma al burnout: el FOBO, el miedo a que las nuevas tecnologías te desplacen tanto del trabajo como de la vida social. Llama la atención que este fenómeno afecte más a los jóvenes, cuando uno podría pensar que son los adultos quienes más temen ser reemplazados por una máquina. ¿Cómo influye ahí la falta de contención de los chicos?
Creo que la cuestión es dual y abre un interrogante bien psicológico. ¿Hasta qué punto la nueva subjetividad puede quedar rehén de algoritmos? ¿Hasta qué punto la vida en sociedad y el mundo en general van a construir sentido de acuerdo al algoritmo que los manipule? Mirá, creo que hay que hacer plataformas de encuentro y de diálogo mutuo, y que las opciones deben ser llegar a una ciudadanía digital, pero construida con estrategias posibles.
Una de las estrategias: la prohibición absoluta no es posible, no es conveniente, y una libertad absoluta tampoco. Entonces, lo que tiene que haber es una sociedad de información y el conocimiento que haga amigable la capacidad de crear puentes entre, fundamentalmente, a donde está toda la cuestión: el universo escolar, los medios de comunicación y, claro, las redes de internet, que marcan la globalización justamente de la comunicación.
Hay que crear puentes entre esos universos.