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Cada vez son más las investigaciones que muestran que la actividad física va mucho más allá de mejorar la condición cardiovascular o fortalecer los músculos. Dos estudios científicos publicados el mes pasado llegaron a una conclusión coincidente: el ejercicio también tiene un impacto positivo sobre la salud mental, reduce síntomas de ansiedad y depresión y favorece el bienestar emocional. Ese tema justamente es uno de los centrales de esta semana en el evento de Hablemos de lo que viene.
Aunque analizaron poblaciones muy diferentes -mujeres embarazadas y jóvenes adultos-, ambos trabajos demostraron que incorporar una actividad física de manera regular puede convertirse en una herramienta eficaz para mejorar la calidad de vida.
Uno de los estudios, realizado por investigadores de las universidades de Huelva, Granada y Guayaquil (Ecuador) y publicado en la Revista Española de Salud Pública, evaluó los efectos de un programa de pilates adaptado al embarazo desarrollado en el ámbito de la Atención Primaria.
El ensayo incluyó a 108 mujeres embarazadas sanas. Durante doce semanas, un grupo realizó dos clases semanales de una hora con ejercicios de fuerza, flexibilidad, control postural, respiración y relajación, mientras que el resto continuó únicamente con los controles prenatales habituales.
Los resultados mostraron una disminución significativa de los síntomas leves de ansiedad y depresión, además de mejoras en la percepción de bienestar, la vitalidad y la capacidad física. Los investigadores también destacaron un aspecto que suele pasar inadvertido: las clases grupales favorecieron la creación de redes de apoyo entre las futuras madres, permitiendo compartir experiencias y afrontar con mayor seguridad los temores propios del embarazo.
Bailar también ayuda
En otra investigación, dirigida por especialistas del Departamento de Psiquiatría de la Universidad de Oxford, las protagonistas fueron las clases de salsa.
El estudio siguió durante ocho semanas a 121 jóvenes de entre 18 y 24 años que presentaban síntomas depresivos leves o moderados. Mientras un grupo participó regularmente en clases de baile, otro permaneció en lista de espera para comparar los resultados.
Al finalizar el programa, quienes asistieron a las clases mostraron una reducción de los síntomas depresivos, menor ansiedad social y un incremento en los niveles de felicidad cotidiana.
Los investigadores atribuyen parte de estos beneficios al componente social de la salsa. A diferencia de otros ámbitos de interacción, el baile propone un marco organizado, con pasos, cambios de pareja y una estructura previsible que facilita el contacto con otras personas y disminuye la tensión social.
Más que ejercicio
Aunque ambos estudios analizan actividades muy distintas, coinciden en un mensaje central: no existe una única forma de obtener beneficios para la salud mental. Lo importante es encontrar una actividad que resulte placentera y pueda sostenerse en el tiempo.
Se logra un doble beneficio
Los autores aclaran que el ejercicio físico no reemplaza los tratamientos médicos o psicológicos cuando son necesarios, pero sostienen que puede convertirse en un complemento de gran valor dentro de una estrategia integral de bienestar.
Lo que se debe hacer
Estos trabajos vuelven a poner el foco en una herramienta accesible y de bajo costo: incorporar movimiento a la vida cotidiana. Ya sea caminar, bailar, practicar pilates o realizar cualquier otra actividad adaptada a las posibilidades de cada persona, la evidencia científica continúa mostrando que el cuerpo y la mente se benefician cuando se mueven juntos.