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Dormir bien, respetar los ritmos naturales del organismo, controlar el estrés y actuar antes de que el deterioro asociado con la edad sea difícil de revertir. Esos fueron otros de los ejes que Javier Furman desarrolló durante su participación en "Hablemos de lo que viene", organizado por El Tribuno.
Entre todos los hábitos que una persona puede modificar, Furman colocó al sueño en un lugar prioritario. "Si no dormimos, todo va a estar mal. Yo diría que es el primero de todos los hábitos que tenemos que corregir", aseguró.
Su argumento fue que dormir no equivale simplemente a detener la actividad. "Cuando dormimos no descansamos, cuando dormimos reparamos", señaló.
Esto cobra particular importancia, explicó, en las personas que entrenan o practican deportes. El esfuerzo realizado durante el día requiere posteriormente un período de recuperación y, si el sueño es insuficiente o de mala calidad, ese proceso se ve afectado.
"Si entrenan, si van al gimnasio, si hacen un deporte, si tuvieron un día fuerte, van a reparar de noche. Si no duermen, no van a reparar", afirmó.
Furman relacionó el sueño con los ritmos circadianos, es decir, los cambios físicos y biológicos asociados al ciclo aproximado de 24 horas. Simplificó esa lógica en dos grandes momentos: las horas de luz destinadas principalmente a la actividad y las de oscuridad asociadas con el descanso y la reparación.
En ese punto cuestionó la exposición a luces intensas durante la noche. Señaló especialmente a las luces LED y explicó que pueden enviar al cerebro una señal contradictoria cuando deberían predominar condiciones de oscuridad.
"De noche, cero luz", planteó. Como ejemplo mencionó el hábito de levantarse durante la madrugada y encender una iluminación intensa en el baño.
Dormir bien
Durante las preguntas del público, una niña de 10 años quiso saber cuántas horas debía dormir para recuperarse y poder hacer deporte. Furman aprovechó la consulta para advertir también contra la obsesión por medir cada aspecto del descanso. Contó que él mismo utilizó dispositivos que registraban el sueño hasta que terminó pendiente de los resultados que obtendría al día siguiente.
Finalmente decidió dejar de utilizarlos. "Lo más importante es que duerman bien, que duerman de corrido", explicó. Como referencia general habló de siete horas o más para los adultos y de mayores necesidades de sueño durante la infancia.
También explicó que durante el sueño actúa el sistema glinfático, vinculado con la eliminación de desechos del cerebro, para reforzar su argumento sobre la importancia biológica del descanso nocturno.
Otro capítulo de la exposición estuvo dedicado al estrés. Allí Furman buscó romper con otra idea instalada: que cualquier situación estresante es necesariamente perjudicial.
"El estrés es saludable", afirmó, pero inmediatamente puso el foco en una variable determinante: el tiempo.
Según explicó, el organismo está preparado para responder ante una emergencia mediante mecanismos que permiten disponer rápidamente de recursos. El problema aparece cuando ese estado deja de ser transitorio y se mantiene en el tiempo.
Furman se detuvo particularmente en el cortisol. "El cortisol nos da energía, pero nos baja las defensas. Porque no es momento de defenderse, es momento de actuar", explicó.
Según señaló, mantener niveles elevados de cortisol durante períodos prolongados puede tener consecuencias sobre distintos sistemas del organismo y relacionarse con cansancio, agotamiento y dificultades cognitivas.
"No basta con relajarse", advirtió al hablar de la necesidad de identificar y modificar aquello que mantiene al organismo en un estado permanente de alerta.
Durante las preguntas también le consultaron cómo medir el cortisol. Furman consideró poco representativa una medición aislada en sangre y mencionó como alternativa las curvas de cortisol en saliva realizadas en distintos momentos del día.
Pero volvió a colocar los estudios en segundo plano frente a las conductas: "Si vos te querés medir el cortisol para entender si estás mal, vos ya sabés que estás mal. Hacetelo para comparar si estás mejor a partir de los cambios que hiciste".
No esperar hasta los 80
La longevidad apareció también a partir de una pregunta del público: si una persona de alrededor de 80 años puede recuperar vitalidad y musculatura.
Furman reconoció que con el avance de la edad disminuye la capacidad de regenerar tejido muscular. Pero utilizó la pregunta para dejar una advertencia dirigida principalmente a quienes todavía tienen tiempo para prevenir ese deterioro.
"¿Cuánto van a esperar? Porque después no se recupera", planteó.
"No lleguemos a los 80 con el muslo de 20 centímetros", graficó para remarcar que el cuidado físico debería comenzar mucho antes de la vejez.
Consejos
Actuar antes de la vejez . Furman recomendó no esperar hasta edades avanzadas para empezar a cuidar la capacidad física. Explicó que con los años disminuye la posibilidad de regenerar tejido muscular y resumió su advertencia con una pregunta: "¿Cuánto van a esperar? Porque después no se recupera".
Evitar que el estrés se vuelva permanente. Para Furman, el estrés forma parte de una respuesta normal del organismo; el problema aparece cuando se sostiene en el tiempo. Advirtió que mantener el cortisol elevado de manera persistente puede afectar distintos sistemas y generar cansancio y agotamiento.
No obsesionarse con medir. Cuestionó convertir las mediciones en una fuente adicional de preocupación. Al hablar del cortisol, planteó que los estudios pueden servir para comparar la evolución después de realizar cambios, pero no deberían reemplazar la decisión de modificar.