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Ni dietas perfectas ni cuerpos ideales: el llamado a recuperar el equilibrio

La nutricionista Lorena Páez advirtió sobre la presión creciente por alcanzar determinados estándares físicos y el impacto de los consejos que circulan en redes sociales.
Domingo, 09 de agosto de 2026 01:15
Contar calorías, controlar la composición corporal y la obsesión por la balanza, las alertas.

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La búsqueda del cuerpo perfecto dejó de ser una carrera contrarreloj que comenzaba algunos meses antes del verano. La presión por alcanzar determinados estándares físicos se instaló durante todo el año, atravesó generaciones y encontró en las redes sociales un poderoso amplificador. Dietas, déficit calórico, proteínas, suplementos, porcentajes de grasa y masa muscular forman parte de un vocabulario que ya no pertenece exclusivamente a deportistas de alto rendimiento.

Para la nutricionista y antropometrista Lorena Páez, detrás de esta creciente preocupación por la alimentación y el ejercicio existe un aspecto positivo: una mayor conciencia sobre el cuidado personal. El problema aparece cuando esa preocupación se convierte en sobreexigencia y la salud queda desplazada por la necesidad de alcanzar un determinado ideal corporal.

"Todos llegamos al verano. Cómo llegamos es el tema", planteó Páez durante una entrevista con el programa Tal Cual. Y advirtió que actualmente la exigencia ya ni siquiera está limitada a una época del año. "Ahora es llegar a todas las estaciones en perfecto estado físico. Ya no es tener salud, tener una buena calidad de vida; es tener ese cuerpo ideal que me venden las redes sociales".

Tendencia cultural

La especialista explicó que investigaciones recientes analizan una tendencia cultural asociada a la necesidad exagerada de alcanzar un cuerpo considerado ideal. En los consultorios, aseguró, esto se refleja en personas que buscan conocer permanentemente su composición corporal y modificarla hasta aproximarse a una imagen que previamente construyeron como objetivo.

El fenómeno, además, se extendió a edades cada vez más tempranas. Niños de 10, 11 o 12 años ya hablan de proteínas, gimnasio, masa muscular y determinados alimentos como herramientas para modificar su físico.

Páez consideró que una mayor conciencia sobre el cuidado de la salud puede resultar valiosa, pero marcó una diferencia entre la conciencia y lo que definió como una suerte de "supraconciencia" sobre el cuerpo. "Todo lo que es excesivo, todo lo que está en los extremos termina siendo dañino", sostuvo.

Alimentación en actividades cotidianas y sociales

Una de las señales que observa la nutricionista aparece cuando la alimentación empieza a condicionar actividades cotidianas y sociales. Personas que concurren a cumpleaños llevando su propio recipiente con comida, que llegan después del horario de la cena para evitar comer o que directamente prefieren no participar de determinadas reuniones forman parte de situaciones que Páez observa con preocupación.

El problema adquiere una dimensión particular entre los adolescentes. "Un adolescente de 12 años que va a una hamburguesada y se lleva su hamburguesa o su pan keto no tiene sentido lógico", ejemplificó.

La especialista aclaró que tampoco se trata de ubicar la comida exclusivamente en el terreno del placer. La alimentación está atravesada por componentes nutricionales, pero también sociales, culturales y emocionales. Para Páez, el problema aparece nuevamente en los extremos.

La sobreexigencia puede terminar quitándole a un niño o adolescente algo tan cotidiano como compartir una hamburguesa durante el cumpleaños de un amigo. En ese escenario también aparece otro comportamiento cada vez más habitual: compensar lo que se comió.

Reducir drásticamente las calorías

Después de una hamburguesa, una pizza o algún alimento considerado "prohibido", algunas personas comienzan a planificar inmediatamente cómo restringirán la alimentación al día siguiente: saltear el desayuno, prolongar el ayuno o reducir drásticamente las calorías.

Páez incluyó dentro de este universo de información que debe ser correctamente interpretada al ayuno intermitente, las dietas bajas en carbohidratos y los déficits calóricos.

El inconveniente, explicó, no necesariamente reside en las herramientas en sí mismas, sino en su aplicación indiscriminada.

"Esa sobreinformación genera daño porque también confunde", señaló.

No es lo mismo, remarcó, pensar una estrategia nutricional para un niño que está creciendo, un adolescente, una mujer que atraviesa la perimenopausia, un adulto mayor o un deportista.

En el caso de los chicos, el organismo tiene necesidades específicas vinculadas al crecimiento y desarrollo. "Ese niño está pensando en sacar masa muscular y su biología está pensando: tengo que crecer, tengo que terminar de desarrollar mis órganos, tengo que desarrollar mi densidad ósea".

Consejos en redes sociales

Otro de los fenómenos que identifica Páez es la aplicación de consejos difundidos en redes sociales sin considerar las características particulares de cada persona.

Una dieta diseñada para alguien que realiza musculación no necesariamente es apropiada para quien practica crossfit, corre, juega al fútbol o simplemente realiza actividad física algunas veces por semana.

"Cada cuerpo es distinto, cada composición corporal es distinta, cada deporte es distinto", explicó.

El error, según la especialista, consiste en intentar que el propio organismo se adapte al consejo de un influencer cuando debería ocurrir exactamente lo contrario.

"Yo tengo que buscar que ese entrenamiento se adapte a mí, que esa alimentación se adapte a mí", afirmó.

Alimentación y entrenamiento

La alimentación y el entrenamiento deberían responder a las necesidades, preferencias y objetivos individuales. Sin embargo, la exposición constante a modelos físicos ideales puede terminar desplazando otros objetivos mucho más importantes, como conservar fuerza y masa muscular para llegar a la vejez con mayor autonomía.

Páez señaló que algunas personas pasan gran parte del día pensando en cuánto comieron, cuántas calorías consumieron o cuánta proteína necesitan incorporar. Esa preocupación permanente puede convertirse en una señal de alarma.

¿Dónde termina un hábito saludable y comienza un trastorno? Para Páez, una de las primeras señales aparece cuando la comida o el cuerpo ocupan una parte desproporcionada de los pensamientos cotidianos.

"Todo aquello que nos genera una obsesión y que estamos todo el tiempo pensando en eso ya no es normal. Todo lo que se aleje de la normalidad me tiene que hacer ruido", explicó.

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