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Para muchos emprendedores, llegar a tener un producto propio es apenas el comienzo. Después viene lo más difícil: cómo calcular costos, cómo mostrar lo que hacen, cómo producir más y, finalmente, cómo encontrar un lugar donde vender. Ese recorrido es el que la Municipalidad de Salta busca completar con la apertura de Hecho en Salta, un nuevo espacio que desde este viernes funcionará en San Martín y Buenos Aires.
La propuesta se suma al circuito que el municipio viene desarrollando para acompañar a quienes decidieron transformar una idea o una necesidad en un emprendimiento. Primero estuvo la formación, a través de la Escuela de Emprendedores y las capacitaciones constantes; luego llegó la posibilidad de producir con las fábricas municipales y ahora se incorpora una tercera instancia: la venta directa al público.
Detrás de esa estrategia hay historias concretas. Una de ellas es la de Paula Soledad Delgadillo, que comenzó cosiendo para otras personas hasta que decidió hacer algo que durante años había postergado: producir la ropa que a ella realmente le gustaba.
"Quería trabajar para mí"
“Yo siempre trabajé para otros, ahora quería trabajar para mí”, cuenta Paula. Su especialidad es la ropa para bebés y niños, una pasión que nació cuando su hija era pequeña y que comenzó a desarrollar aprendiendo técnicas como el punto smock mientras miraba los programas de Utilísima. “Empecé a diseñar lo que a mí me gustaba y a hacer lo que yo quería. Después se sumó mi hermana y ahí nació mi emprendimiento”.
El crecimiento también vino acompañado de aprendizaje. A través de la Municipalidad, Paula y su hermana incorporaron herramientas para manejar mejor el emprendimiento, desde costos hasta redes sociales. “Fuimos paso a paso y acá estamos”, resume. Para ellas, llegar a Hecho en Salta representa justamente eso: “Me siento feliz. Es un paso más para nosotras”.
También será una oportunidad nueva para María Sosa, de Manos de Maraya, quien encontró en un particular tipo de tejido una forma de convertir una actividad manual en un proyecto propio. “Hace cuatro años empecé a hacer cosas con las manos. Este tipo de tejidos no utiliza agujas, es todo con los dedos. De ahí nació mi amor por este tejido en especial”, relata.
Comenzó con almohadones, mantas, gorros y otros productos, mientras mantenía otro trabajo que, según cuenta, apenas le permitía sostenerse. Hasta que decidió probar otro camino. “Mi trabajo anterior era por necesidad, ahora hago lo que me gusta”.
María ya participó en ferias artesanales, pero asegura que la propuesta de Hecho en Salta tiene otro significado. “Es la primera vez que puedo tener la oportunidad de poner mis productos en una vitrina y en el centro”. En ese proceso, la Escuela de Emprendedores también tuvo un papel importante. Allí realizó cursos de marketing y redes sociales, herramientas que hoy considera fundamentales.
“Lo recomiendo porque hay muchos como yo que tal vez no saben cómo hacer y esto es un gran impulso”, sostiene.
Carla y Emanuel
La historia de Carla Cuenca y Emanuel Carrizo, de Quebracho Colorado, tiene además el sello de una época que obligó a reinventarse. Ella es licenciada en Enfermería y él, licenciado en Higiene y Seguridad. Sin embargo, durante la pandemia encontraron en el cuero una alternativa para generar ingresos.
“Empezamos a hacer productos pequeños en tiempos de pandemia”, cuenta Carla. La actividad tenía además una raíz familiar: su padre era artesano y había transmitido parte de esos conocimientos. De a poco comenzaron a fabricar artículos en cuero, aprovechando el material de principio a fin, y a venderlos en ferias como las de calle Balcarce y mediante entregas a domicilio.
Para Emanuel, el punto de partida fue todavía más concreto: “Me quedé sin trabajo en la pandemia”. A partir de allí comenzó a interiorizarse en un mundo completamente nuevo para él: la producción con cuero, la pintura, la presentación y el armado de pedidos.
Mucho más que un nuevo punto de venta
Hoy, ver sus productos en un local representa mucho más que un nuevo punto de venta. “Los costos tan elevados de los alquileres siempre fueron una traba, pero ahora se nos abre un camino para poder empezar como siempre quisimos”, explica Emanuel.
Durante 60 días, cada participante podrá exhibir y vender sus productos, conocer qué busca el público, cuáles tienen mayor aceptación y cómo mejorar aspectos como la presentación, el stock y la organización.
La propuesta tendrá un sistema rotativo. Cada grupo permanecerá dos meses y luego dejará su lugar a nuevos emprendedores, con la intención de que la experiencia alcance progresivamente a más productores salteños.
El espacio funcionará en San Martín y Buenos Aires, en horario comercial: de lunes a viernes, de 9.30 a 13.30 y de 17.30 a 21.30, y los sábados de 10 a 22.