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La Argentina logró ordenar parte de su frente macroeconómico, pero todavía enfrenta el desafío de conseguir que esa estabilización se traduzca en una economía real que funcione. Para la economista Marina Dal Poggetto, ese pasaje requiere previsibilidad y un horizonte que permita tomar decisiones de inversión.
Durante su exposición en Salta, planteó dos escenarios para 2027. En uno, las variables se alinean y la normalización financiera termina encauzando la actividad. En el otro, la economía no arranca, se deterioran las expectativas, se complica la gobernabilidad y vuelven las dudas sobre la deuda. Pero entre ambos escenarios aparece una variable decisiva: el "horizonte". Dal Poggetto sostuvo que las empresas necesitan previsibilidad para invertir y que ningún programa de estabilización puede depender indefinidamente de ganar elecciones.
Una señal concreta de esa incertidumbre aparece en el costo de refinanciar la deuda. La tasa implícita que el mercado exige para extender un año el financiamiento en dólares del Tesoro pasó de alrededor del 11% en julio al 15% actualmente, según la comparación entre bonos del Tesoro con vencimientos posteriores a la elección de 2027.
El desafío de sostener el rumbo
Para la economista, el problema es que Argentina vuelve a discutir su capacidad de repago cada vez que se acerca una elección. "Lo que no es normal es que cada vez que llegamos a una elección estemos discutiendo lo que estamos discutiendo", señaló.
En ese punto comparó la experiencia argentina con procesos de estabilización de Brasil y Chile, donde destacó la existencia de algún grado de acuerdo político. "En algún momento tiene que haber algún grado de acuerdo", señaló.
El punto de partida, recordó, era una economía con una inflación cercana al 12% mensual, fuertes distorsiones de precios relativos, una brecha cambiaria promedio del 70% y picos del 200%, tasas negativas y un mercado prácticamente cerrado.
El programa oficial respondió con ajuste fiscal, reorganización financiera y cambios monetarios. El Banco Central pasó de reservas netas negativas por unos US$11.800 millones a unos US$2.600 millones negativos, tras una mejora de alrededor de US$9.000 millones.
Sin embargo, Dal Poggetto remarcó que el ordenamiento macroeconómico necesita una segunda etapa: recuperar el crédito, mejorar los ingresos y lograr una reacción del empleo y la actividad.
También advirtió que abrir la economía requiere condiciones para que la producción pueda competir. Infraestructura, financiamiento, energía y una agenda regulatoria aparecen como factores pendientes. El costo del gas durante el último invierno, señaló, se convirtió en un problema para las industrias.
La normalización financiera, explicó, fue importante después del shock que siguió a las elecciones bonaerenses, cuando el riesgo país llegó a unos 1.550 puntos y el dólar parecía no encontrar techo. El Banco Central intervino para sostener el techo de la banda y posteriormente se produjo una normalización financiera. Sin embargo, el riesgo país volvió a ubicarse cerca de los 500 puntos y el mercado sigue diferenciando entre el costo financiero previo y posterior a las elecciones.
Para Dal Poggetto, el programa también enfrenta una cuestión monetaria: el Banco Central comenzó a comprar reservas y emitir pesos contra esos dólares. El desafío es que esa expansión monetaria pueda transformarse en crédito y actividad. Pero los plazos fijos todavía ofrecen rendimientos por debajo de la inflación y las tasas activas de los préstamos permanecen elevadas. "El desafío es que esa expansión monetaria pueda transformarse en crédito y, finalmente, en actividad", finalizó.
Hay dólares, pero la economía todavía no arranca
"Hay dólares", resumió Dal Poggetto al describir el escenario externo. Argentina exportará este año más de US$100.000 millones y la balanza comercial rondará los US$28.000 millones, frente a US$11.000 millones del año anterior. Pero esa fortaleza externa todavía no genera suficiente demanda interna.
Pero la mayor disponibilidad de divisas convive con una fuerte demanda privada. Desde fines de 2023 se habilitaron unos 7,5 millones de cuentas en dólares y solo en el último mes alrededor de dos millones de personas compraron unos US$3.000 millones. En total, el sector privado adquirió entre US$45.000 y US$46.000 millones desde que se habilitó el acceso. Pero si el horizonte se acorta, el proceso de reversión puede ser rápido.
La misma tensión aparece en la actividad. Dal Poggetto describió una economía "a dos velocidades": energía, agro y sistema financiero están entre los sectores dinámicos, mientras construcción, industria y comercio permanecen estancados. Los sectores que avanzan representan alrededor del 15% del PBI y el 9% del empleo directo, insuficientes para traccionar por sí solos al conjunto.
Las exportaciones ayudan, pero no alcanzan. La inversión tampoco despega. Los proyectos anunciados bajo el RIGI suman US$126.000 millones y los aprobados rondan los US$36.000 millones. Sin embargo, frente a una inversión teórica de unos US$4.000 millones mensuales durante los primeros dos años, el Gobierno informó una ejecución de alrededor de US$1.800 millones.
"Las exportaciones crecen pero no me alcanzan. La inversión todavía está cayendo", planteó.
A esto se suma una pérdida de ingreso disponible para buena parte de los hogares. La electricidad aumentó aproximadamente el doble que la inflación, el transporte público 90 puntos por encima y el agua 60 puntos. Prepagas y educación subieron unos 25 puntos por encima, mientras varios bienes quedaron por debajo de la inflación.
Los salarios, en cambio, quedaron mayormente rezagados. Esa combinación de ingresos débiles, servicios más caros y mayor endeudamiento llevó a muchos hogares a compensar la pérdida de poder adquisitivo con crédito. Pero el crédito se frenó antes de convertirse en un motor suficiente de recuperación.
El límite también aparece en la política fiscal. El Gobierno redujo fuertemente el gasto desde 2024 y mantiene el superávit, pero Dal Poggetto advirtió que el ajuste tiene un límite determinado por los recursos disponibles.
Para 2026 proyectó una inflación cercana al 30% y un crecimiento de alrededor del 2%. Para 2027 imaginó dos caminos: uno de menor riesgo país, inflación de entre 24% y 26% y crecimiento moderado; otro de mayor volatilidad, menor expansión y dificultades para refinanciar los vencimientos de deuda. En ambos casos, la cuestión central vuelve a ser la misma: extender el horizonte. La Argentina tiene dólares y sectores con capacidad de crecer, pero necesita que la inversión, el crédito, el empleo y los ingresos acompañen.