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Dejaron un contrato asegurado con Coca-Cola para apostar a China

La Moraleja resignó un negocio rentable y a largo plazo para reconvertirse. La decisión llegó justo antes de la pandemia y hoy es una de las claves de su expansión hacia Asia.
Sabado, 12 de septiembre de 2026 12:42
Martín Ramírez, presidente de La Moraleja.

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Hace algunos años, La Moraleja, una empresa agroindustrial especializada en la producción de limones frescos y productos industrializados de limón, tenía un contrato con Coca-Cola Internacional para proveerle aceite de limón. Era un negocio asegurado. La empresa decidió salir de ese contrato para apostar a otra cosa.

Durante su participación en un panel en el evento Hablemos de lo que viene: Semana de la industria, Martín Ramírez, presidente de la citrícola, contó que la decisión no fue caprichosa. Detrás había un dato que cambiaba el negocio: buena parte de las plantaciones de naranja de Florida, Estados Unidos, atraviesan una enfermedad terminal. Según Ramírez, el 80% de esas plantaciones ya desapareció y otro 50% está en proceso de deterioro. Eso deja al mundo sin buena parte de su fuente tradicional de jugo de naranja.

La Moraleja leyó esa señal y decidió plantar. Salió del contrato con Coca-Cola y redirigió la producción hacia jugo y aceite propios, con la mira puesta en mercados que antes casi no compraban productos argentinos: los de Asia.

La apuesta llegó en mal momento. Apenas tomada la decisión, golpeó la pandemia y cayó el consumo de limón en bebidas, alimentos y perfumería, justo los rubros que sostenían el negocio. La empresa se endeudó. Pero los accionistas, una familia española, respaldaron el proyecto con una inversión fuerte. "El mundo no se maneja así", le dijeron a Ramírez cuando quiso frenar la apuesta a largo plazo. Según él, esa mirada extendida en el tiempo es más común entre inversores europeos y estadounidenses que entre los propios empresarios argentinos.

Hoy esa apuesta empieza a dar resultado. Hace cuatro años, Argentina no vendía jugo concentrado de limón a China. Hoy exporta entre 3.000 y 4.000 toneladas por año a ese país, según los datos que maneja Ramírez.

El crecimiento no es un caso aislado. Un informe de la Fundación Producir Conservando calcula que el sector agropecuario y agroindustrial argentino exportó unos 50.000 millones de dólares en 2025 y proyecta llegar a 80.000 millones en 2035. Para Ramírez, ese salto depende de una condición que hoy falta: obras de infraestructura y acceso al crédito no solo para las grandes empresas, sino también para las pymes del interior provincial.

En Seaboard

En ese mismo panel participó Juan Sörös, presidente de Seaboard Energías Renovables y Alimentos, otra de las principales empleadoras del norte provincial. Sörös aportó otro dato que suele quedar afuera del debate público: entre La Moraleja y Seaboard suman más de 130 años de historia en la provincia. No son empresas nuevas que llegaron a probar suerte con la coyuntura; atravesaron devaluaciones, hiperinflación y cambios de gobierno. Esa antigüedad, dijo, es justamente lo que les permite pensar en plazos de décadas y no en el próximo balance trimestral.

El propio Sörös marcó un límite a la conversación sobre inversión, que suele concentrarse en la minería y en Vaca Muerta. "No solamente en la vaca muerta y minería, sino en las vacas vivas del norte también", planteó, en referencia al peso de la agroindustria salteña. La frase resume un reclamo de fondo: que la agenda de oportunidades no se agote en los recursos naturales del subsuelo.

Esa mirada de largo plazo también se aplica adentro de la finca. La Moraleja trabaja con datos propios de más de 20 años sobre temperatura, humedad, precipitaciones y fertilización, que usa para ajustar sus modelos de cultivo. Entre las dos empresas, en el pico de la cosecha llegan a sumar unos 2.800 puestos de trabajo en la provincia, según remarcó el moderador del panel, Lucas Dapena, un número que da una idea del peso real que tiene este sector en la economía del norte salteño.

Cómo ser previsibles

La previsibilidad que reclaman las empresas no se limita a las leyes o al tipo de cambio. Sörös contó que Seaboard ya trabaja de forma activa con los municipios de Orán e Yrigoyen para anticipar el exceso de agua que puede traer la primavera por el fenómeno de El Niño, con medidas preventivas coordinadas entre la empresa y el Estado local. Es un ejemplo de que parte de la infraestructura que reclaman las industrias no depende solo de una obra nacional, sino de una gestión más chica y más cercana. Ramírez, por su parte, aclaró que la apuesta a Asia no es una jugada solitaria de La Moraleja: otras citrícolas de la región, en Tucumán, siguen el mismo camino.

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