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Con Ramiro Muñoz, CEO de Salvita, podríamos hablar únicamente de plantaciones, rendimientos, empaques, conservas y mercados internacionales. Sin embargo, conversar con este empresario de 36 años implica sumergirse también en un mundo atravesado por la innovación, la inteligencia artificial, el big data, la biotecnología y la economía circular.
¿Qué balance hace de lo que va del año para Salvita?
Vienen siendo meses desafiantes. El contexto no es todo lo favorable que uno quisiera y la caída del consumo es algo que nos preocupa a todas las empresas. Lo que tenemos que hacer hoy es trabajar puertas adentro para optimizar, mejorar, profesionalizar y buscar eficiencia. Quizás en otro momento eso no era el tema central, pero actualmente tiene que estar en el foco del empresariado.
¿Cómo ayuda la tecnología a lograr esa eficiencia?
La tecnología es una herramienta fundamental. Nosotros somos productores agropecuarios e industriales y siempre fue más sencillo medir los rendimientos, los resultados de la producción o el cumplimiento de los objetivos comerciales. Trabajamos con una lógica de innovación permanente, incorporando tecnología y maquinaria, y contamos con un área de investigación y desarrollo.
Lo que antes resultaba más difícil era medir los procesos administrativos de una empresa con muchas áreas y eslabones. Hoy, con las herramientas de inteligencia artificial, también podemos poner esos procesos en escena y darles importancia.
Así como incorporamos una nueva línea de producción y podemos colocarle un sensor para medir su régimen óptimo, ahora podemos hacer algo similar en la administración. No se trata de reemplazar personas, sino de conseguir que el equipo realice trabajos que agreguen valor.
¿Qué tareas pueden transformarse mediante la inteligencia artificial?
Las tareas repetitivas y monótonas, como la carga manual de facturas. Todo el equipo tiene que entender que estas herramientas no vienen a sustituir el trabajo, sino a mejorarlo y optimizarlo. Nos permiten liberar tiempo para dedicarlo a la creatividad y a las actividades que realmente agregan valor.
Salvita ya utiliza drones, monitoreo y agricultura de precisión. ¿Continuarán invirtiendo en ese camino?
Sin dudas. La empresa viene realizando inversiones en big data, centros de operaciones, digitalización de procesos y medición del impacto ambiental. También les damos mucha importancia a las certificaciones.
Quizás el poder adquisitivo del país no permita trasladar esas mejoras a un mayor precio de venta, pero buscamos ser la primera opción que el consumidor o el cliente elija. Dentro de esa lógica también trabajamos mucho con la economía circular, que para nosotros es un tema importante y apasionante por todas las posibilidades que ofrece.
¿Cómo aplican la economía circular?
Lo que antes se consideraba un residuo hoy puede transformarse en un recurso. Buscamos integración y sinergia entre las distintas actividades y también trabajamos en biotecnología. Muchos de esos desarrollos vuelven al campo, optimizan los rendimientos y mejoran los resultados.
El contexto está desafiante y nos obliga a buscar la rentabilidad del negocio por otros caminos. Por eso insistimos en trabajar tranqueras hacia adentro para encontrar mayor eficiencia.
¿Cuáles son actualmente las unidades de negocio del grupo?
En la actividad agropecuaria producimos tomates redondos, perita y cherry, además de choclo dulce, berenjena, pepino, zapallito, zucchini y pimientos morrones. Todo eso se dirige a nuestros dos empaques de productos frescos y se comercializa en los principales mercados de abastecimiento del país.
También tenemos industrias de conservas. Elaboramos pimiento morrón en distintas presentaciones, tanto para el mercado interno como para la exportación. Producimos pimiento morrón asado y próximamente incorporaremos berenjena asada. Además, contamos con una línea de salsas elaboradas con tomate.
La soja se industrializa en una planta aceitera y se transforma en harina o expeller, que luego se utiliza para producir carne o abastecer al feedlot. También obtenemos aceite para vender a refinerías. El maíz se destina a la producción de proteína animal.
A eso se suman la ganadería, la producción de legumbres y dos plantas de procesamiento, una en Salta y otra en Jujuy. También tenemos dos depósitos fiscales, uno de ellos con desvío ferroviario, desde donde consolidamos cargas y atendemos clientes de diferentes partes del mundo.
¿A qué mercados llegan?
Atendemos mercados del norte de África, como Argelia, y también Turquía, España, Portugal, Italia, Francia e Inglaterra. En América llegamos a Colombia, Brasil, México, Venezuela y Chile. Además, contamos con una certificación de la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos —FDA— para ingresar a ese mercado con otra de nuestras industrias.
¿Qué lugar ocupan la producción de bananas y la biotecnología?
La producción de bananas representa un desafío muy importante. La eliminación de la barrera fitosanitaria nos obliga a profundizar las mejoras y la eficiencia. Actualmente ingresa banana importada a Salta y Jujuy, que son provincias productoras, y eso genera un riesgo sanitario para nuestra zona. Por ese motivo estamos dando mucha más importancia a la bioseguridad.
También tenemos Salvitec, que es nuestra unidad de biotecnología. Desarrollamos productos biológicos y bioestimulantes líquidos. Estamos trabajando en una planta piloto para producir fertilizantes sólidos o granulados y analizamos la posibilidad de integrar el aceite proveniente de la planta de soja para elaborar coadyuvantes destinados al uso agrícola.