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Con su típico baile frente a la Catedral, cargados de alegría y mucha devoción, los peregrinos de la Quebrada del Toro hicieron emocionar a toda la Plaza 9 de Julio.
A puro ritmo de su música, esa que es tan importante y que hoy sostienen los jóvenes para que la tradición que viene de hace muchos años no se pierda, dijeron presente una vez más.
Sonrisas, lágrimas, cansancio. Pero sobre todo, fe. Es lo que se ve reflejado en la cara de cada uno de los peregrinos.
Grandes, chicos, bebes en brazos, viejitos . Todos llegan con el mismo sentimiento intacto y con el pacto de amor renovado.
Los que encabezaron esta delegación, integrada por unas 6 mil personas, comenzaron a tocar sus quenas para darle paso a los bailarines que desplegaron sus danzas típicas para la admiración y gratitud de los presentes.