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En el segundo día del Triduo del Milagro, la Catedral Basílica de Salta fue escenario de la Misa Estacional por la Fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz. La celebración fue presidida por monseñor Santiago Olivera, obispo castrense de Argentina, quien centró su homilía en el significado de la Cruz como signo de amor, esperanza y transformación del dolor.
Olivera planteó una reflexión a partir de la imagen bíblica de la serpiente de bronce en el desierto y dejó una de las frases centrales de la jornada: "Dios no cura escondiéndonos el mal, sino invitándonos a mirarlo de frente".
El obispo explicó que esa enseñanza invita a reconocer aquello que cada persona lleva en su interior y que muchas veces permanece oculto: "El rencor, el miedo, la culpa, el cansancio de la vida". Según señaló, la Cruz de Cristo aparece como el lugar donde esas heridas pueden encontrar un camino de sanación.
Durante la celebración, Olivera vinculó la Fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz con la historia del Milagro salteño y recordó que la devoción nació en un momento de profunda crisis para la ciudad, cuando los terremotos de 1692 marcaron el origen de una tradición que continúa hasta la actualidad.
"Dios no abandona a su pueblo cuando tiembla la tierra, ni cuando tiembla la vida", fue la idea que el obispo destacó al referirse al vínculo entre la Cruz y la devoción al Señor y la Virgen del Milagro. En ese sentido, sostuvo que la Iglesia no exalta el sufrimiento por el sufrimiento, sino la capacidad de Dios de transformar la Cruz en un signo de amor que vence al mal.
Otro de los puntos centrales de la homilía estuvo relacionado con el lema del Milagro 2026: "Señor del Milagro, Tú eres nuestra paz. Oramos para recibirla y servimos para darla". Olivera afirmó que la paz que los fieles buscan en el Señor del Milagro no significa que desaparezcan los problemas, sino tener la fuerza para atravesarlos con esperanza.
"La paz de Cristo no es la ausencia de dificultades. Es la certeza de que, aunque carguemos con la cruz, tenemos esperanza en la resurrección", expresó durante la celebración.
El obispo invitó a los peregrinos a aprovechar estos días de oración para mirar sus propias heridas y llevarlas ante el Señor y la Virgen del Milagro. "Ese dolor, esa cruz que cada uno lleva, y que nadie más necesita saber", dijo, puede transformarse en un camino hacia la paz y luego convertirse en servicio hacia los demás.
La misa contó con la presencia del arzobispo de Salta, monseñor Mario Antonio Cargnello. También participaron autoridades provinciales y municipales, entre ellas el vicegobernador Antonio Marocco.