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El nuncio apostólico llamó a vivir la paz del Milagro: “Dios los ama y el papa León XIV también los ama”

Mensaje de monseñor Wallace Banach, representante del papa León XIV en Argentina, durante su homilía en la Misa Estacional.
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Frente a la Catedral Basílica de Salta, Santuario del Señor y de la Virgen del Milagro, se desarrolló la Misa Estacional del tercer día del Triduo, una de las celebraciones centrales de la preparación para la renovación del Pacto de Fidelidad. La ceremonia reunió a autoridades religiosas, civiles, militares y policiales, además de miles de fieles y peregrinos.

La homilía estuvo a cargo del nuncio apostólico en la Argentina, monseñor Michael Wallace Banach, representante personal del Santo Padre en el país. Su presencia tuvo además un significado especial: llegó a Salta con un mensaje que, según relató, le fue confiado personalmente por el papa León XIV durante un encuentro que ambos mantuvieron en el Vaticano el pasado mes de junio.

“Como saben, yo soy el nuncio apostólico, embajador, representante personal del Santo Padre en Argentina”, explicó Banach al comenzar su intervención. Y luego transmitió las palabras que, según contó, el Papa quiso hacer llegar al pueblo salteño.

“El primero, Dios los ama. El segundo, el Papa León también los ama”, dijo ante los fieles.

El nuncio calificó el mensaje como sencillo, pero de enorme importancia. “Dios quiere mostrarles su amor y su misericordia”, sostuvo, y agregó que el pontífice desea transmitir a los salteños “su cercanía espiritual y paternal, así como sus oraciones”.

Según explicó Banach, León XIV también manifestó su deseo de que los fieles argentinos crezcan “en la fe en el amor y la misericordia de Dios, así como en su fe católica”.

En ese contexto, anticipó uno de los datos de mayor impacto de su homilía: la intención del papa León XIV de realizar una visita pastoral a la Argentina durante noviembre.

El Milagro y el significado del Pacto de Fidelidad

Banach dedicó buena parte de su reflexión a explicar el significado del Pacto de Fidelidad que el pueblo salteño renueva cada año ante el Señor y la Virgen del Milagro.

“Esta fiesta es una de las más importantes de la provincia, donde el pueblo que peregrina en Salta año tras año renueva su pacto de fidelidad con los santos patronos”, señaló.

Pero inmediatamente planteó una pregunta que atravesó toda su homilía: “¿Cuál es el significado de este pacto de fidelidad?”.

Para responderla, tomó como punto de partida el Evangelio correspondiente a la última aparición pública de Jesús antes de su arresto en Getsemaní, su juicio y posterior crucifixión.

Banach propuso a los fieles detenerse en tres aspectos de ese episodio para comprender qué significa renovar la fidelidad al Señor del Milagro.

El primero fue la muerte de Jesús como camino hacia la vida.

Recordó las palabras de Cristo: “Les aseguro que si el grano de trigo no cae en tierra y no muere, queda solo. Pero si muere, da mucho fruto”.

Para el nuncio, esa imagen contiene una de las claves centrales de la fe cristiana. Jesús sabía que había llegado “su hora”, el momento de cumplir la misión para la que había sido enviado por su Padre.

Pero esa misión no se desarrollaría de la manera en que muchos esperaban.

“No incitaría a una rebelión para vencer a sus enemigos y gobernar sobre súbditos que se postrarán ante él”, explicó. Por el contrario, Jesús terminaría siendo perseguido, golpeado y llevado a la cruz.

“Para Jesús, al igual que para el grano de trigo, el camino hacia la gloria pasaba por la muerte”, afirmó.

Banach definió esto como “la teología de la cruz”, una enseñanza que, según explicó, Jesús no solamente predicó, sino que también vivió.

“No reinaría en un palacio, sino que colgaría de una cruz. No descansaría en un lecho de rosas, sino sobre la fría piedra de un sepulcro. No sería envuelto en un manto de las telas más finas, sino en lienzos mortuorios”, expresó.

“La vida surge a través de la muerte”

El nuncio planteó que, aunque esta visión pueda parecer contradictoria o incluso poco gloriosa, es justamente en la cruz donde los cristianos encuentran el sentido más profundo de la misión de Jesús.

“Porque a través de su muerte, Jesús produciría mucho fruto”, sostuvo.

Y definió esa idea como “la paradoja central, el misterio clave del cristianismo”: “Que tanto Cristo como los cristianos deben morir a este mundo para ganar la vida”.

Banach trasladó luego esa enseñanza directamente a quienes participaban de la peregrinación del Milagro.

“¿Cuál es el grano del que habla Jesús? Somos nosotros”, afirmó.

Según su explicación, la vida y la salvación de los creyentes son posibles a partir del sacrificio de Cristo.

“Con su muerte, Él ha destruido el poder del pecado para esclavizarnos. Ha destruido el poder de la muerte para retenernos”, señaló.

En consecuencia, agregó, para el cristiano “la muerte ya no es el final” y “el sepulcro no es nuestro hogar definitivo”.

La reflexión concluyó en una de las frases centrales de su mensaje: “Si con la Virgen del Milagro queremos esta paz, corramos para recibirla y sirvamos para darla”.

La humanidad y la vulnerabilidad de Jesús

En la segunda parte de la homilía, Banach puso el foco en otro aspecto del Evangelio: la humanidad de Jesús.

El nuncio destacó que, en su última aparición pública, Cristo no aparece como una figura distante o ajena al miedo, sino que revela abiertamente lo que sucede en su interior.

“Es su humanidad, su vulnerabilidad, su honestidad y su transparencia”, afirmó.

Recordó las palabras de Jesús: “Mi alma ahora está turbada. ¿Y qué diré? Padre, líbrame de este horror”.

Para Banach, esas palabras anticipan la angustia que Jesús expresaría poco después en Getsemaní: “Padre mío, si es posible, que pase de mí este cáliz”.

El nuncio remarcó que Jesús conocía de antemano lo que iba a suceder: los golpes, los azotes, las burlas, los escupitajos y el dolor de la crucifixión.

“Ninguno de nosotros puede siquiera imaginar cómo fueron aquellas horas finales para Jesús”, sostuvo.

Pero, pese a conocer el sufrimiento que lo esperaba, Jesús decidió seguir adelante.

“Jesús no es como nosotros. Él avanzó con firmeza hacia su destino”, afirmó Banach.

El nuncio también puso el acento en el sufrimiento emocional y espiritual. No se trataba solamente del dolor físico de la crucifixión, sino también del abandono que experimentaría.

Recordó el grito de Jesús en la cruz: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”.

A partir de esa expresión, Banach planteó una pregunta: ¿por qué Dios habría permitido que su propio Hijo atravesara semejante sufrimiento?

Y respondió dirigiéndose directamente a los fieles: “Tú sabes la razón. De hecho, tú eres la razón. Y yo también”.

Según explicó, Jesús cargó con los pecados de la humanidad y asumió ese sufrimiento para la salvación de los demás.

“No vino a este mundo para vivir, sino para morir”

La decisión de Jesús de avanzar hacia la cruz, pese al temor y al sufrimiento, fue otro de los puntos centrales de la homilía.

Banach sostuvo que las emociones de Jesús no hicieron que abandonaran la misión que había recibido.

“Jesús no permite que sus emociones socaven la voluntad de su padre ni saboteen la misión que vino a cumplir”, expresó.

Y estableció un paralelismo con Getsemaní, donde Jesús también manifiesta su angustia pero finalmente se somete a la voluntad del Padre: “No se haga como yo quiero, sino como quieres tú”.

A partir de allí, Banach volvió sobre una de las afirmaciones más fuertes de su prédica: “No vino a este mundo para vivir, sino para morir”.

Explicó que toda la vida pública de Jesús —su predicación, sus enseñanzas, sus curaciones y los tres años de misión— estaba orientada hacia ese momento.

“El Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, para dar su vida en rescate por muchos”, recordó.

Para el nuncio, el sentido último de ese sacrificio es que la humanidad no tenga que experimentar la separación definitiva de Dios.

Y volvió a conectar esa reflexión con el mensaje que, según sostuvo, debe dejar la celebración del Milagro: una “cosecha de vida, de salvación y de paz”.

La última preocupación de Jesús: los demás

La tercera enseñanza que Banach extrajo del Evangelio fue la que consideró el objetivo supremo de toda la misión de Jesús.

Antes de ser arrestado, Jesús dice: “La luz está todavía entre ustedes, pero por poco tiempo. Caminen mientras tengan la luz. No sea que las tinieblas los sorprendan”.

También recuerda: “Mientras tengan luz, crean en la luz y serán hijos e hijas de la luz”.

Banach planteó entonces una pregunta: ¿qué busca Jesús al avanzar hacia el sufrimiento y la muerte?

“¿Acaso busca que sintamos lástima por él? ¿Que lo evitemos? ¿Que nos sintamos motivados a vivir vidas mejores y más santas?”, preguntó.

Su respuesta fue directa: “No, su objetivo es muy sencillo. Que creamos en él”.

El nuncio destacó que, aun sabiendo que estaba próximo a morir, Jesús no se concentró en sí mismo ni en su propio legado.

“Su preocupación no es por sí mismo, ni por su legado, sino por los demás. Por nosotros”, sostuvo.

Según Banach, las últimas palabras públicas de Jesús demuestran que su voluntad estaba plenamente alineada con la de su Padre: que todas las personas puedan ser salvadas y llegar al conocimiento de la verdad.

Un llamado a las familias salteñas

A partir de esta enseñanza, el nuncio convirtió la homilía en un llamado concreto a los cristianos.

Sostuvo que la misión de los creyentes no debe estar centrada en la búsqueda de reconocimiento personal, gloria o beneficio propio.

“El objetivo supremo de Jesús es también el nuestro”, afirmó.

Por eso, consideró que el mensaje de la Iglesia hacia un mundo atravesado por dificultades debe ser el mismo que dejó Jesús antes de su pasión: “Mientras tengan luz, crean en la luz y serán hijos e hijas de la luz”.

En ese punto, Banach realizó una exhortación especialmente dirigida a las familias.

“Hagamos que nuestros hijos e hijas crezcan en esta luz”, pidió.

También llamó a invitar a familiares y amigos a acercarse a esa luz y a acompañar la tarea de quienes proclaman el mensaje cristiano.

“Escuchar y apoyar la proclamación de esta luz a un mundo sumido en la oscuridad”, señaló.

Para el nuncio, esta tarea no es secundaria: “Esta es la máxima prioridad de nuestras vidas, tal como lo fue para Jesús”.

“El mundo necesita esta luz y esta paz”

La homilía terminó con un mensaje directamente relacionado con uno de los símbolos centrales de la devoción salteña: la paz.

“El mundo de hoy necesita de esta luz, de esta paz”, afirmó Banach.

Y retomó una expresión propia de la espiritualidad del Milagro: “Señor del Milagro, Tú eres nuestra paz”.

El nuncio llamó a los fieles no solamente a recibir esa paz, sino también a convertirse en instrumentos para llevarla a los demás.

“Corramos para recibirla y servir para darla”, expresó.

En el cierre de su intervención, Banach resumió las enseñanzas que, a su entender, el Señor del Milagro deja al pueblo salteño a través del Evangelio: una cosecha de vida, salvación y paz; la capacidad de reconocer la humanidad y vulnerabilidad de Jesús; y la responsabilidad de vivir como “hijos e hijas de la luz”.

“Estas son las enseñanzas fundamentales que el Señor del Milagro nos deja a nosotros y al mundo en su última y significativa aparición pública”, concluyó.

Y dejó una última invitación a los peregrinos: “Guardémoslas en nuestros corazones”.

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