En una tarde de fe, emoción y encuentro en el Monumento 20 de Febrero durante el Pacto de Fidelidad al Señor y la Virgen del Milagro, también hubo un momento de tensión que, por segundos, pareció pasar a mayores.
Carolina, una vecina de zona sur de la ciudad de Salta, había llegado hasta el lugar junto a su familia para acompañar el paso de las imágenes. Como tantos salteños, buscó un lugar entre los árboles y los espacios verdes del predio para compartir ese momento único con sus seres queridos.
Mientras el Señor y la Virgen del Milagro avanzaban ante la mirada emocionada de miles de fieles, ocurrió algo que todavía la conmueve. Sin saber por qué, sintió un fuerte impulso de cubrir con un abrazo a su pequeña de apenas 4 años. Fue apenas un instante, un gesto de amor de una madre hacia su hija. Pero, de improviso, unos segundos después, una rama de grandes dimensiones se desprendió de un árbol y cayó directamente sobre ella.
"Sentí un golpe muy fuerte. Quedé ensangrentada, pero no me desmayé", contó la mujer al recordar esos momentos de angustia. Todo indicaría que se trató de una rama de los tantos pacará que existen en el predio o incluso de un roble. La situación no pasó inadvertida, ya que la mujer afectada lleva precisamente el apellido Robles, una coincidencia que convirtió al episodio en una paradoja de la naturaleza. Un “roble” fue protagonista involuntario de un accidente que involucró a una Robles, a quien simple y llanamente, le abrió la cabeza.
La reacción de quienes estaban cerca fue inmediata. Las personas que compartían la celebración se acercaron para ayudarla y acompañarla. Cerca de allí, fue asistida por personal del SAMEC que le realizó una primera revisión. Luego, por la herida que presentaba en la cabeza, se trasladó por sus propios medios hasta la guardia del Hospital San Bernardo, donde recibió atención médica y varios puntos de sutura.
A pesar del susto, Carolina pudo transformar una tarde que comenzó como una celebración de fe en una historia marcada por ese abrazo inesperado a su hija, que la salvó de un grave accidente. Un abrazo que llegó justo antes del golpe; fue un segundo que, para ella, quedará para siempre como una señal en medio del Milagro.
La experiencia hace también repensar, la necesidad de realizar controles sobre los añejos árboles de los espacios verdes que, con la llegada de los fuertes vientos para esta época y las tormentas del verano, se convierten en un peligro potencial.