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"Los resultados de las pruebas PISA deberían ser analizados no sólo como un problema de fracaso escolar sino de múltiples factores"

Entrevista a Mercedes Vázquez, doctora en Educación.

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Mercedes C. Vázquez, profesora, especialista y doctora en Educación, analiza los resultados de las pruebas PISA 2025, cuestiona las explicaciones simplistas sobre el rendimiento escolar y advierte sobre el impacto de las desigualdades sociales, la precarización docente y el desfinanciamiento de la educación. "Los resultados de PISA deberían ser analizados no sólo como un problema de fracaso escolar sino como el resultado de múltiples factores", sostiene.

En estos días se instaló en los medios el tema de la educación, aunque no tan afortunadamente por los resultados que se difundieron. ¿Qué lectura hace de las pruebas PISA 2025?

Las conclusiones de los resultados de PISA 2025 dan cuenta de un retroceso en los aprendizajes a nivel global, regional y en Argentina, que se verifica en los tres dominios evaluados: Ciencias, Lectura y Matemática. En Argentina, los resultados plantean un desafío importante: seis de cada diez estudiantes argentinos evaluados por PISA no alcanzan los niveles de competencia esperados para su edad en Ciencias y en Lectura, y siete de cada diez en Matemática. PISA es un estudio promovido por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, OCDE, que busca determinar en qué medida los estudiantes de 15 años han adquirido los conocimientos y habilidades fundamentales para una participación activa y plena en la sociedad actual. Las pruebas se realizan cada tres años desde el año 2000 y evalúan Ciencias, Matemática y Lectura, haciendo énfasis en cada una de manera alternada.

Frente a estos resultados, el Gobierno interpretó rápidamente que se deben a las "políticas educativas heredadas". ¿Es suficiente esa explicación?

No. Algunos noticieros, periódicos, programas de streaming y diferentes medios de comunicación, escandalizados ante estos números, entrevistan a diferentes "especialistas" que opinan sobre esta tragedia educativa y despliegan hipótesis infundadas, como si fueran especialistas en educación diplomados. Entonces se afirma que la culpa la tienen los adolescentes que no atienden, los métodos de alfabetización inicial, la falta de los manuales como los de "antes", la influencia de la Psicogénesis, las políticas educativas del "gobierno anterior", el uso de las pantallas, los contenidos desactualizados, los docentes. Ahora todos son especialistas en educación, como en el Mundial todos éramos directores técnicos. Se opina sin fundamento, sin investigaciones que respalden esas afirmaciones, según el conocimiento de casos aislados o experiencias individuales.

¿Qué diferencia hay entre esa opinión y el trabajo de los especialistas en educación?

Los cientistas en educación estudiamos los fenómenos educativos y utilizamos una metodología de investigación para entenderlos, cruzando fuentes de información para que los datos sean confiables y aportando una mirada crítica en el análisis. Por eso me pregunto qué pasa con algunos medios de comunicación que no entrevistan a especialistas en educación, a docentes, a estudiantes, a los verdaderos protagonistas de los procesos educativos para obtener diferentes aportes y otras miradas.

Entonces, ¿los resultados de PISA permiten conocer cuáles son las causas del bajo rendimiento?

El informe sobre las pruebas PISA incluye, además de los números que se dieron a conocer, algunas conclusiones en relación a un análisis de factores asociados, incorporando dimensiones socioeconómicas, personales, familiares y escolares. Entre los factores que influyen en las diferencias significativas en los desempeños se menciona el nivel socioeconómico, que es el principal condicionante estructural de los aprendizajes; las condiciones de vida de los estudiantes; quiénes trabajan; quiénes tienen madres con menor nivel educativo; el ausentismo escolar; la escasez de recursos materiales y educativos en las escuelas; la falta de curiosidad y de disposición activa hacia el aprendizaje; y la falta de apoyo familiar y de acompañamiento a las trayectorias educativas fuera de la escuela, entre otros.

¿Hay otros factores que deberían incorporarse al análisis?

Sí. Podríamos sumar otros factores que influyen en los rendimientos escolares, surgidos de investigaciones más recientes, sobre todo después de la pandemia. Entre ellos aparecen una caída en las expectativas sobre el futuro laboral o sobre la continuación de estudios superiores, es decir, menores expectativas sociales y económicas; el trabajo adolescente; la repitencia escolar; factores relacionados con las subjetividades estudiantiles; trastornos de ansiedad; el bullying; el ciberacoso; trastornos del sueño y problemáticas más vinculadas con la salud mental. Y de ninguna manera se pueden dejar de lado dos factores fundamentales: la precarización del trabajo docente y el desfinanciamiento de la educación.

¿Para qué sirve reconocer todos estos factores?

Para cualquier ámbito de la vida, indagar las causas de los problemas nos permite pensar en diferentes caminos para la búsqueda de soluciones. Estos resultados, muy preocupantes para nuestro país, aportan evidencia para poder intervenir y contribuir a tomar decisiones de política educativa.

Usted plantea que hoy es difícil pensar una intervención de la política educativa. ¿Por qué?

Es difícil pensar en una intervención de la política educativa en el actual contexto nacional porque el desplazamiento y la destrucción del Estado como principal regulador de la vida colectiva, en detrimento del mercado, caracterizan a este Gobierno, cuyo objetivo principal es la supresión de las políticas de Estado.

¿Cómo impacta el desfinanciamiento en la educación?

El presupuesto educativo total proyectado para 2025, al compararlo con el presupuesto ejecutado de 2023, sufre una caída del 38% en términos reales. Esto repercute en la caída o eliminación de muchos programas de la Secretaría de Educación, como Becas Progresar, Plan Fines y Conectar Igualdad, entre otros. Por otro lado, este Gobierno suspendió el cumplimiento del artículo 9 de la Ley 26.206, la Ley de Educación Nacional, que determina un piso del 6% del PBI. Esto disminuye notablemente la inversión en educación, castigando con el desfinanciamiento económico los salarios de docentes y no docentes; suspendiendo las obras de infraestructura, equipamiento y sostenimiento de los programas de becas y disminuyendo también el presupuesto para las actividades de ciencia y tecnología.

Si el rendimiento escolar tiene múltiples causas, ¿qué debería hacer el Estado?

Partiendo de la hipótesis de la multicausalidad de los fenómenos y analizando los factores que influyen en el desempeño escolar de los adolescentes, el Estado tiene que estar presente en la construcción de una política educativa consensuada con especialistas y protagonistas de la educación para mejorarla en el contexto actual. Estamos frente a un difícil escenario que sólo favorece a los sectores de privilegio en detrimento de los otros sectores de la sociedad, generando así mayor desigualdad y pobreza.

¿Eso significa que no hay que modificar la escuela ni revisar las prácticas educativas?

Sin dudas hay que revisar y renovar otros modos de hacer escuela, atender a las nuevas demandas educativas y dimensionar los desafíos existentes. La situación del desarrollo actual de la ciencia y la tecnología y las demandas de la sociedad de la cual formamos parte habilitan el debate responsable acerca de la necesidad de renovar contenidos, estrategias didácticas, metodologías de enseñanza y repensar los vínculos. Pero todo eso es posible con un Estado presente.

¿Cómo debería ser ese Estado presente en materia educativa?

Un Estado que mejore las condiciones económicas de la población, porque son el principal condicionante del rendimiento académico, y que genere políticas que reduzcan las desigualdades económicas que se reflejan en desigualdades educativas. Y que ejecute un presupuesto educativo no inferior al 6% del PBI, que permita mejorar la infraestructura y el equipamiento de los establecimientos escolares; implementar planes de formación y actualización docente; abonar salarios dignos; fortalecer programas de inclusión y de acompañamiento de trayectorias académicas a estudiantes que así lo requieran; y fortalecer los programas de conectividad, de educación sexual integral, de salud mental, de formación deportiva y de becas de estudio, entre otros.

¿Cómo deberían interpretarse, entonces, los resultados de las pruebas PISA?

Los resultados obtenidos en las pruebas PISA deberían ser analizados no sólo como un problema de fracaso escolar sino como el resultado de múltiples factores. Y así deben buscarse las alternativas de superación. Las políticas públicas tienen que actuar para mejorar el rendimiento escolar. Tienen que buscar un espacio federal de intercambio, encuentro, reflexión y construcción. Un espacio que invite a debatir, que permita escuchar todas las voces, intereses y expectativas, a fin de avanzar en propuestas superadoras para que se reduzcan las desigualdades en la educación.

¿Qué debería garantizar esa política educativa?

Debería garantizar el derecho de ingresar, permanecer y egresar de los estudiantes, y garantizar también los derechos laborales de quienes trabajan comprometidamente para que esto sea posible.

¿Qué está en juego cuando se habla de educación, ciencia y tecnología?

El conocimiento, la educación, la ciencia y la tecnología son los motores del desarrollo de los países. El desentendimiento del Estado en estas cuestiones nos vuelve un país pobre y dependiente.

¿Y cuál es el camino que queda por delante?

Estamos convencidos de que la acción colectiva es el camino para reparar las injusticias que estamos viviendo. Sólo la solidaridad resiste a este autoritarismo.

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