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Nora D'Alessio: "Los argentinos están viendo otra China"

Entrevista a la vicepresidenta de D'Alessio IROL.

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La percepción de los argentinos sobre China atraviesa una transformación. Nora D'Alessio, vicepresidenta de D'Alessio IROL, explicó que el país asiático ya no aparece asociado únicamente con el comunismo, los productos baratos o una cultura distante, sino que es identificado cada vez más con la tecnología, el desarrollo y su consolidación como potencia mundial. D'Alessio asistirá hoy al China Day, que se realizará en la Universidad Católica de Salta.

D'Alessio regresó recientemente de una estadía en el país asiático, donde mantuvo encuentros con académicos y directivos. En diálogo con El Tribuno, sostuvo que el comercio, las plataformas digitales y la llegada de nuevos productos contribuyeron a acortar las distancias culturales. Sin embargo, resumió el vínculo con una definición: "China es admirada por los argentinos, pero todavía no enamora".

¿Cómo cambió la percepción de los argentinos sobre China?

Empezamos a medir la opinión pública argentina sobre China. Son dos años y cuatro mediciones; todavía no es suficiente para hablar de una serie histórica, pero ya observamos cambios. Primero aparece la sensación de que China será la primera o la segunda potencia y que desplazó la imagen que los argentinos tenían de Europa. Ahora se habla de Estados Unidos o de China. También observamos una mayor proximidad. Hace dos años hicimos una pregunta abierta: "¿Qué palabra se le ocurre cuando piensa en China?". Las primeras respuestas eran "peligro" y "comunismo". Ahora hablan de tecnología y admiración. La visión cambió completamente.

En su informe remarcaba que China debe comunicar algo más que sus avances tecnológicos...

Está trabajando mucho para eso. China es mucho más que tecnología. Cuando viajé, estaba decidida a que no quería ver solamente robots: quería conocer a la gente que decidía por qué iban a utilizarse esos robots. Quienes están en el Gobierno o en las grandes empresas y piensan cómo proyectar a China hacia el exterior lo van a lograr. No sé cuánto tiempo les llevará porque tenemos culturas muy diferentes. Ellos tienen que entendernos y nosotros debemos entenderlos. Es una situación que ya viven algunas empresas chinas instaladas en la Argentina. Les cuesta comprender nuestra forma de pensar y acercarse a la gente.

¿Qué tan profunda es esa diferencia cultural?

Es muy profunda. Nosotros no tenemos en las empresas un sistema tan jerárquico como el de ellos. En China, el sistema jerárquico funciona y tiene muchísimo peso. Además, los chinos trabajan los siete días de la semana y en cualquier horario. Uno puede tomarlo como un chiste, pero no lo es. Lo vivo trabajando con China. El mayor elogio que recibí allí fue que ya me parecía a una directiva china, porque estoy a su disposición cualquier día y a cualquier hora. Eso es lo que hace un ejecutivo o un empleado chino: trabajan muchísimo.

En el estudio cambia la percepción cuando una persona china es compañera de trabajo y cuando ocupa una posición jerárquica.

Tengo jefes chinos porque, en realidad, todos mis clientes chinos son mis jefes. Tuve que aprender a funcionar con ellos, estar disponible cuando necesitan algo y hacerlo ese día y a esa hora, aunque tengamos once horas de diferencia. Supongo que, si estuviera dentro de una empresa china, me habría costado más. Una cosa es un compañero de trabajo, un igual. Yo fui invitada por la Academia de Ciencias Sociales de China y allí todos éramos iguales: profesores y académicos. Cuando uno ingresa en un ambiente empresarial, las cosas pueden ser diferentes.

Hay algo muy interesante: si uno dice que China es comunista, sí, los medios de producción pertenecen al Gobierno. Pero el funcionamiento de las empresas es mucho más capitalista que el que tenemos aquí.

¿En qué sentido es más capitalista?

Es durísimo. En la Argentina hay una palabra que aparece con claridad en el monitor que hacemos todos los meses: incertidumbre. Cuando viajé, pensé que nadie me hablaría de incertidumbre y que todos estarían tranquilos. Sin embargo, en conversaciones informales, los directivos me decían: "No te equivoques, nosotros tenemos la misma incertidumbre que vos". La exigencia es muy alta, los precios deben ser muy bajos y la rentabilidad es pequeña. Si algo no funciona, el directivo queda afuera y hay muchas personas que quieren ocupar su puesto. Son muchos, los buenos lugares son pocos y tienen que seguir empujando. No imaginaba que en China encontraría esa situación. Fui con una serie de conceptos y regresé pensando de otra manera.

¿En qué cambió su mirada después de ese viaje?

China resultó mucho más dulce de lo que imaginaba. Pensaba que serían más duros con una persona extranjera y que no encontraría entre sus ejecutivos esa incertidumbre que uno advierte en cualquier empresario argentino. Sin embargo, hallé la misma preocupación entre directivos chinos de muy alto nivel. También encontré un país en el que me sentí cómoda. La comida es muy distinta, soy un desastre utilizando los palitos y muchas veces no tenía otra forma de comer, pero todos trataban de ayudarme. Percibí una calidez que no esperaba. Regresé encantada de China.

Eso no modificó mi ideología, pero me permitió conocerlos y entender por qué están en América Latina y en África. Dentro de América Latina, los países que más les interesan son México, Brasil y, en tercer lugar, la Argentina.

En los últimos años creció el consumo mediante plataformas chinas como Temu, Shein y AliExpress. ¿Cómo influye ese fenómeno?

Influye totalmente. Siempre digo que China es admirada por los argentinos, pero no enamora. Existe una distancia, una actitud de observar y preguntarse qué es todo esto. Llegamos a esa definición después de cuatro estudios y de analizar los datos. China está intentando trabajar esa relación mediante la tecnología. La realización del China Day en Salta es también una manera de acercarse. Yo formo parte de la Cámara Argentino-China y observo un deseo muy fuerte de China de estar presente y aproximarse a la Argentina.

Antes se decía que China era sinónimo de mala calidad, pero allí hay productos más sofisticados y lujosos que en París. Están trabajando mediante lo que se denomina poder blando o soft power. Temu, Shein, AliExpress, los automóviles y la tecnología forman parte de ese acercamiento. Todavía falta que los argentinos se enamoren de China.

En la competencia por la inteligencia artificial, ¿los argentinos perciben a China como una potencia cada vez más fuerte?

Todos provenimos de una cultura en la que Estados Unidos forma parte de nuestro acervo cultural. Está presente en los viajes, los cómics y muchos otros aspectos de nuestra vida. De repente, las encuestas muestran que muchos argentinos están viendo otra China. Existe una gran admiración por los robots que realizan ejercicios, pero esa es apenas una pequeña parte. China es muchísimo más que los robots. En todo lo que uno ve hay inteligencia artificial, aunque no se la anuncie expresamente.

Podría suponerse que las personas de izquierda tienen una valoración más favorable de China, pero el estudio no muestra una diferencia tan marcada.

Ese es también un estigma de los propios chinos, que suponen que una persona de izquierda tendrá desde el comienzo una relación más amistosa con ellos. Nosotros podemos cruzar las respuestas sobre China con el voto y la ideología de cada encuestado. Una persona radicalizada hacia la izquierda siempre estará un poco más cerca de China. Pero cuando analizamos preguntas importantes entre quienes votaron históricamente al radicalismo, al PRO o incluso a La Libertad Avanza, casi no encontramos diferencias.

A partir del acercamiento mediante el consumo y otros vínculos, China comenzó a convertirse en un tema transversal y dejó de ser una cuestión exclusivamente ideológica. Eso es algo que también intento que los chinos entiendan.

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