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Inflación, deuda y elecciones: los desafíos que marcarán la economía hacia 2027

La economista Marina Dal Poggetto disertó en el evento Hablemos de lo que viene: semana de la industria.
Miércoles, 09 de septiembre de 2026 02:06
La economista Marina Dal Poggetto.

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La economista Marina Dal Poggetto analizó en Salta las perspectivas de la economía argentina para 2026 y 2027 y planteó dos escenarios a partir de la interacción entre la normalización financiera, la economía real y la política. En el primero, las "fuerzas se ordenan, centrípetas": la normalización financiera encauza la economía real, mejora las expectativas y permite alargar el horizonte. En el segundo, las fuerzas "se desordenan, (centrífugas)": la economía no termina de arrancar, se deterioran las encuestas, se daña la gobernabilidad y reaparecen dudas sobre la deuda.

Para este año proyectó una inflación en torno al 30% y un crecimiento cercano al 2%. En el medio ubicó la existencia o no de un prestamista de última instancia ante un eventual balotaje en 2027 y la forma en que se ordene la oferta electoral frente a lo que el mercado identifica como "el abismo". Uno de los datos que consideró clave es el costo de extender la deuda en dólares del Tesoro: la tasa implícita para extender por un año el financiamiento, tomando como referencia un bono que vence en octubre de 2027 y otro similar en noviembre de 2028, pasó de alrededor del 11% en julio al 15% actualmente.

Para Dal Poggetto, detrás de esos números aparece una cuestión central: el "horizonte". Las empresas necesitan previsibilidad para decidir y un programa de estabilización no puede depender indefinidamente de ganar elecciones. "Lo que no es normal es que cada vez que llegamos a una elección estemos discutiendo lo que estamos discutiendo", planteó. A partir de allí sostuvo que los programas de estabilización requieren estabilidad macroeconómica, funcionamiento de la economía real y gobernabilidad, y que el alargamiento del horizonte no dependa solamente de un resultado electoral. Al analizar la situación recibida por el actual Gobierno, recordó una inflación cercana al 12% mensual, fuertes distorsiones de precios relativos, una economía cerrada, tasas de interés negativas y una brecha cambiaria que promediaba el 70%, con picos del 200%. Según explicó, el programa combinó ajuste fiscal, reorganización financiera de la deuda y cambios en el esquema monetario. Las reservas netas pasaron de unos US$11.800 millones negativos a alrededor de US$2.600 millones negativos, después de una compra de unos US$9.000 millones de reservas. Pero la estabilización, sostuvo, necesita trasladarse a la economía real: recuperar el crédito, mejorar los ingresos y lograr que el empleo y la actividad reaccionen.

En el frente externo, sostuvo que "el mundo nos está ayudando", con un Brent cercano a US$100, soja en torno a US$480 y trigo en US$290. Estimó que Argentina exportará este año más de US$100.000 millones, con una balanza comercial cercana a US$28.000 millones, frente a US$11.000 millones el año anterior, y sumó el potencial de Vaca Muerta.

Sin embargo, señaló que la disponibilidad de dólares convive con una fuerte demanda privada y que todo ese esquema depende de que se logre alargar el horizonte. Al pasar a la economía real, describió una "historia de dos velocidades": minas y canteras, que incluyen la actividad petrolera, el sistema financiero y el agro aparecen entre los sectores dinámicos, mientras construcción, industria y comercio permanecen estancados. Esos sectores dinámicos representan alrededor del 15% del PBI y el 9% del empleo directo, por lo que no alcanzan por sí solos para traccionar toda la actividad. Dal Poggetto también vinculó la debilidad de la economía real con la pérdida de ingreso disponible, el endeudamiento de los hogares y una inversión que todavía no despega.

Señaló que los proyectos anunciados bajo el RIGI alcanzan US$126.000 millones, los aprobados rondan los US$36.000 millones y que, según el Gobierno, la inversión efectiva de esos proyectos habría sido de unos US$1.800 millones, frente a un compromiso teórico cercano a US$4.000 millones mensuales durante los primeros dos años. "Las exportaciones crecen pero no me alcanzan. La inversión todavía está cayendo", sostuvo. Para 2027 volvió a plantear fuerzas centrípetas, ordenadoras, con menor riesgo país, inflación entre 24% y 26% y crecimiento moderado, frente a fuerzas centrífugas, asociadas a mayor volatilidad, menor crecimiento y dificultades para refinanciar los vencimientos de deuda. Advirtió además sobre el límite de endeudamiento de los hogares. Su conclusión volvió sobre el horizonte. "Ojalá esta vez sea distinto, pero que el escenario económico dependa de un resultado electoral es insano. En algún momento tiene que haber algún grado de acuerdo", finalizó.

El "horizonte"

Para Dal Poggetto, contar con un "horizonte" es una condición necesaria para que un programa económico funcione en el tiempo. Las empresas necesitan previsibilidad para tomar decisiones y, según planteó, la estabilidad no debería depender solamente de ganar una elección. Su preocupación central es que, si cada proceso electoral vuelve a poner en discusión el rumbo económico y la capacidad de repago de la deuda, el horizonte vuelve a acortarse. Por eso sostuvo que en algún momento debe existir algún grado de acuerdo político que permita extenderlo. Sin horizonte no hay previsibilidad, y sin previsibilidad las decisiones de inversión se vuelven más difíciles de sostener en el tiempo.

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