inicia sesión o regístrate.
Philippa Foot, gran filósofa, propuso un dilema así: Un tranvía corre fuera de control por una vía. En su camino se hallan cinco personas atadas a la vía por un filósofo malvado. Afortunadamente, es posible accionar un botón que encaminará al tranvía por una vía diferente, por desgracia, hay otra persona atada a ésta. ¿Debería pulsarse el botón? ¿Debería dejar que algo malo ocurra y no intervenir causando un mal que considerara menor? ¿Debería evitarlo causando otro mal que en mi escala es menor? ¿Qué haría si en al cambiar a la vía diferente del trayecto allí quien estuviera atado sería un hijo mío? ¿Es nuestro deber siempre respetar a la persona que en su situación no estaría al alcance y trayecto del tranvía? ¿Debemos por el contrario buscarlo que consideramos una mejor solución, o que se atenga al menor sufrimiento, a través de actos positivos?
Por lo común, con este dilema ocurren enojos y diferentes cosas que se mueven en cada uno. En ocasión de conferenciar en el Congreso de mi país, al exponer este dilema jamás olvidaré que un senador gritó "íDetengan el tren!". Es claro a todos que mientras yo estaba generando este tipo de preguntas en público o al escribir este desarrollo quizá no invertí mi tiempo en ver si descifraba alguna forma de parar ese tren con la misma tecnología para desviarlo, o llegar a medir si entorpecer su marcha aún a mi riesgo fuera suficiente siquiera para frenarlo.
El nuevo siglo ingresó en la historia con acciones de terrorismo e intervenciones de violencia no legitimada como respuesta a ese accionar, consumiendo en la inercia de ONU todo lo declarado como derecho a y en la guerra ("jus ad bellum/jus in bello").
El derecho humano a la paz (1) detuvo su desarrollo en el marco internacional, y sólo fue a instalarse como militancia académica de unos pocos. La paz es ese único camino con el cual nuestra "humanidad" jamás toma distancia de nada; ni aun necesariamente con el que la muerte, sin que sea la que se accione u omita, y que aun termina por ser considerada parte de la vida. La paz es el camino ético, emocional y mental que se requiere en lo adverso. Precisamente, la paz es una prevención de nuestro interior que como reacción a "algo" impide sentir y razonar como si todo fuese a convertirse en un dilema. Pero el dilema, "de cómo enfrentar un fuego únicamente abriendo otros focos o bien huyendo", no ha sido superado, y funciona entre nosotros como un mal presagio en la catástrofe que no sabemos cuánto durará porque pusimos la paz en caminos de dilemas, y dimos a las cosas más reacción que prevención.
Esto que pasa en la globalidad sigue siendo parte de nosotros aún cuando queremos verlo como distante, ajeno, y distinto a una opción personal. La pandemia nos enseñó a individualizarnos como sujeto humano, y ayudó a aislarnos, y no claramente en nuestra escucha interior, sino de la gente. La pandemia persiste en su "cuarentena", y seguimos educados a salir cuando se está mal y para ser parte del mundo de los afectados. Así, sin convención por la paz, naturalizando dilemas, dejamos finalmente el control y gobierno del mundo exterior a unos pocos sin intención de escucha, los verdaderamente "infectados".
¿Cómo salir? Y pues "saliendo", ¿por qué no? ¿o acaso persiste algún virus? Al salir encontraremos que lo primero es la obra de "rebelarse creando algo nuevo frente a todo dilema que la vida te quiera plantear". Salir afuera incluso con aquellos principios que fueron de los "antiguos" (2), desechando todo protocolo impuesto por esta supuesta "pos modernidad" que nunca quiere morir y dejar lugar a la nueva era, y que es nueva también en el campo de las ciencias del Derecho. Salir rebelándonos a la violencia, a las guerras, a la inseguridad de salir. Salir del derecho en hipernomia, y de la política sin valores. Salir al mundo, poniendo a los enfermos en cuarentena y a todos aquellos a los que verdaderamente debemos sanar. Salir para sanar y darnos cuenta que la enfermedad pandémica reside hoy justamente en hacer de todo un "dilema". Dejar de aceptar dilemas para que a su vez construyan otros dilemas hipernormalizados. La Justicia debe salir "creando" y "diciendo" Derecho más allá de todo dilema. Salir rebelándonos en "paz".
(1) El derecho humano a la paz no sólo es la estricta ausencia de un conflicto armado o paz negativa, sino que también transita otra dimensión activa. Por ejemplo, la de superar desigualdades materiales de los pueblos originadas injustamente, abrazar con respeto la paz de los otros sin distinción y avanzar hacia una cultura sin el flagelo de la discriminación, y allí en ese tipo de situaciones, sin que se acote en ellas, descubrir también el concepto positivo de la paz. Sobre el intento de lograr una convención especial que justifique el Preámbulo de la Carta de Naciones Unidas, el 25 febrero de 1997 cuando la UNESCO convocó una reunión de expertos en Las Palmas (Islas Canarias), organizada conjuntamente con el Instituto Tricontinental de Democracia Parlamentaria y Derechos Humanos y la Universidad de las Palmas, que tuvo siguiente etapa en la reunión de expertos en Oslo, entre el 6 y 8 de junio de 1997, y cuyo objeto fue la preparación de un anteproyecto de declaración universal sobre el derecho humano a la paz. Luego la última etapa de esa secuencia prevista por la Unesco fue la reunión de expertos gubernamentales realizada en París, entre el 5 y el 9 de mayo de 1998, y allí todo se frustró por consecuencia y posicionamiento de las naciones del "primer mundo" en particular.
(3) Ver: "Derechos Humanos de los Pueblos"(2021) Editorial Lajouane, Argentina, y en "Cultura de Paz" (2022) Editorial Quaerit Pacem, del mismo.
* Publicado en FUNDEJUS - Fundación de Estudios para la Justicia