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Videojuegos: qué potencial mostrará Salta en Alemania y por qué puede competir en el mundo

Una delegación salteña viajará a la Gamescom 2026 para exhibir desarrollos, buscar socios e inversiones y abrir nuevos mercados. Francisco Valdés explica las fortalezas de la industria local y cómo la inteligencia artificial está acelerando la creación de videojuego

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Salta empieza a buscar un lugar propio en una industria que mueve talento, tecnología y negocios a escala global. Una delegación de empresas, desarrolladores y representantes universitarios viajará a Alemania para participar de Gamescom 2026, uno de los grandes encuentros mundiales de videojuegos. Francisco Valdés, CEO de Siltium, será parte de la misión y llevará cuatro desarrollos para mostrar, pero asegura que el verdadero objetivo va más allá: exhibir la capacidad de los equipos salteños, conseguir socios e inversiones y abrir proyectos para los próximos años. En diálogo con El Tribuno, también analizó cómo la inteligencia artificial está transformando la programación, el trabajo y hasta la vida cotidiana, y planteó un desafío hacia el futuro: evitar que la tecnología termine debilitando nuestras capacidades cognitivas.

¿Qué es la Gamescom y cómo llega un equipo salteño a una instancia de este nivel?

La Gamescom es una conferencia, un congreso y una exposición de videojuegos a nivel mundial. En esta edición se realiza en Alemania y, por suerte, se armó una delegación salteña de la mano de ProSalta y del Ministerio de Economía de Salta, que nos convocaron en pos de fortalecer las exportaciones, en este caso de servicios digitales relacionados con la economía del conocimiento. Los videojuegos son una parte muy importante relacionada con el entretenimiento, que es algo que se está consumiendo mucho a nivel mundial desde la tecnología. Nosotros vamos en representación de Siltium, que es la empresa de desarrollo de software y diseño de gamificación que lidero, y NostalgicBrains, que es una empresa dedicada al desarrollo de videojuegos para el consumo masivo.

También participa la Universidad Nacional de Salta.

Sí, va una delegación de dos alumnos y una profesora de la Diplomatura en Liderazgo de la UNSa. Además, van otros empresarios de Salta y un representante de Salta GameDevs, que es una comunidad de desarrolladores de videojuegos salteños.

¿Cómo se crea un videojuego? ¿Qué hay detrás de ese proceso?

—Hay dos aspectos. Uno es el personal, emocional, individual y grupal, que tiene que ver con lo que uno cree que puede gustarle al mercado consumir y jugar. Y, por otro lado, está el aspecto comercial: qué está buscando consumir el mercado. Uno tiene que aggiornarse también al consumidor. Entonces, crear un videojuego es, por un lado, tratar de llevar una experiencia digital al consumidor, pero también entender cómo percibe esa experiencia. Es una parte creativa y otra parte empática, de entender qué está buscando el otro para divertirse, para relajarse.

Hace unos años hablábamos de exportar servicios de la economía del conocimiento como algo del futuro. Hoy es inmediato. ¿Qué van a llevar a Alemania?

 

Nosotros, en mi empresa particular, y las otras empresas que viajan tenemos un portafolio de juegos propios, que son juegos para PC, aplicaciones o mobile. Nosotros tenemos cuatro juegos actualmente en cartera que vamos a mostrar, pero lo que se muestra más que todo es la potencia de desarrollo, la capacidad del talento que tenemos para desarrollar.

En este tipo de lugares, los nexos y las relaciones que se buscan abrir son con partners o aliados comerciales, empresas que se encargan de distribuir videojuegos, pero, sobre todo, empresas que apuestan a proyectos futuros. Que puedan decir: “Encuentro un estudio ubicado en Argentina que tiene una estructura de talento y de costos diferencial con el resto del mundo”. Porque tenemos mucho talento y hoy, además, costos accesibles para empresas del exterior.

Entonces buscamos ofrecer eso: un mapa de trabajo de cara a 2027 y 2028, donde se puedan traer inversiones para desarrollar videojuegos en Salta o en Argentina, pensándolo globalmente, pero que se consuman a nivel mundial. Porque hoy publicás un videojuego en cualquier plataforma y está accesible acá o en cualquier parte del mundo.

¿Qué está demandando actualmente el consumidor de videojuegos?

Es amplísimo el abanico. Con todo el advenimiento de la inteligencia artificial, cada vez más el mundo va mutando hacia ser más arquitectos en los trabajos y menos operativos, con menos horas intensas de trabajo. El entretenimiento va a ser cada vez más importante.

También depende del segmento de edades y demográfico. No es lo mismo un juego para un chico de 10 años que para una persona de 30. Los chicos de entre 7 y 18 años consumen mucho juegos tipo Roblox o Minecraft, donde van elaborando y construyendo mundos propios, pero, a la vez, los desarrolladores pueden crear nuevas capas dentro del videojuego. El videojuego en sí termina siendo una plataforma sobre la cual se crean numerosos mundos, módulos y subjuegos.

También cambió la edad del consumidor. Antes parecía algo reservado a chicos y adolescentes.

 

Sí. El videojuego es muy consumido también por segmentos de edades más cercanos a nosotros. El adulto o el joven mayor busca juegos con historia, juegos que tienen un principio y un fin. Pero hoy están muy de moda los juegos multijugador, que básicamente no tienen fin porque uno juega en un mundo donde hay otros jugadores. El juego es una plataforma que te permite jugar distintas misiones. Es lo que pasó, por ejemplo, con Counter-Strike: uno jugaba en el mismo escenario, pero contra otras personas, y eso hacía que fuera dinámico y variable todo el tiempo.

¿Cómo surgió tu decisión de meterte en la industria de los videojuegos?

 

Desde chico, primero como consumidor, siempre fui un gran jugador de videojuegos. Hoy ya no tanto, juego muy casualmente, pero siempre me interesó la dinámica que había detrás de la creación. Desde chico me metí en ese mundillo. Después, por cuestiones de abarcar más dentro de la industria, terminó siendo una pata del negocio. Cuando creamos Silentium Apps, que hoy es Siltium, lo primero que hacíamos eran videojuegos. Lanzamos un par de títulos e hicimos videojuegos para clientes a medida.

Lo que tiene el videojuego, y por eso nunca dejamos de hacerlo y hoy le estamos poniendo más fuerza que nunca, es ese componente creativo, ese diferencial que lo separa del resto de las creaciones de software.

¿La inteligencia artificial representa también un desafío para esa creatividad?

La inteligencia artificial, en definitiva, consume la información que nosotros dejamos en internet. Es como un Google con esteroides. Mientras uno siga creando cosas, la inteligencia artificial las consume, pero todavía hay un gran espacio para crear. La inteligencia artificial crea sobre lo que ya está creado, no tiene capacidad inventiva de por sí.

Por lo menos hoy todavía hay un valor agregado en la creatividad. Es lo mismo que pasa en el cine: podemos hacer una película con inteligencia artificial, pero la IA se basa en contenido de otras películas que se hayan hecho.

Nosotros usamos la inteligencia artificial como un acelerador. Un juego que antes demoraba 12 meses hoy se puede hacer en dos meses. Entonces buscamos que en esos dos meses se ponga a pleno la capacidad creativa y audiovisual y, para las cuestiones más técnicas, apoyarnos en la inteligencia artificial para agilizar.

¿Qué potencial tiene Salta para desarrollar esta industria?

En el sector privado de las empresas que viajamos hay mucho material humano. No solo en Salta: por ahí en Salta están quienes comandan este capital humano y después se expande a distintas personas del país que se suman a los equipos.

Además, se arman comunidades como Salta GameDevs, que son chicos con muchas ganas, mucho ímpetu y muy metidos en la industria del videojuego, aunque algunos todavía no estén trabajando en ella. Lo que buscamos también es darle visibilidad a este talento.

Hay mucho talento en el mundo. Entonces nosotros tenemos que mostrar cuál es nuestro valor agregado y por qué sería diferente contratar empresas o grupos de desarrolladores de acá. También está bueno que vayan chicos de la Universidad, para fomentar que cada vez más gente se meta en este mundo y podamos hacer un ecosistema más amplio.

¿Crear una comunidad alrededor de un videojuego es parte de la clave para que tenga éxito?

 

Sí, es una parte importante. En definitiva, el éxito de un videojuego lo determina la cantidad de jugadores que lo juegan, si lo pensás desde el punto de vista de qué generó en los consumidores; y desde el punto de vista comercial, cómo monetizó y qué ganancia dio. Si un juego tiene muchos jugadores, tiene mucho potencial para comercializar bien. Las comunidades se forman así: jugadores que entran, les gusta lo que juegan y empiezan a decirles a otros que se sumen.

Para un universitario que está por recibirse de una carrera tecnológica, ¿es caro empezar a desarrollar videojuegos?

 

No. Hoy las barreras económicas y hasta las de acceso a material casi desaparecieron. La cantidad de recursos que hay para aprender a desarrollar videojuegos y para apoyarse en herramientas de inteligencia artificial es amplísima. Hay muchas gratuitas e incluso las pagas tienen un costo de entrada muy bajo. Hoy no hay una limitación económica para poder desarrollar.

¿Y la comercialización?

La comercialización sí tiene costos asociados. Por eso uno busca a alguien que comparta el riesgo. Normalmente se busca un partner, un publisher que se sume al proyecto, absorba parte del riesgo y después vayamos en partes con las ganancias en caso de que al juego le vaya bien.

¿Salta es viable para desarrollar una industria tecnológica con alcance global?

 

Sí. Creo que todas las ciudades que no están en el mapa de la tecnología tienen potencial justamente por eso. En Argentina quizás los puntos más fuertes sean Buenos Aires y Córdoba. Salta tiene una ubicación geográfica muy buena y hoy, con la globalización, no necesitás estar conectado físicamente con otros lugares.

Muchos de los chicos que están acá, que se forman, terminan yéndose porque no hay oportunidades o porque no existe un ecosistema que los acompañe en la generación de oportunidades. Creo que el potencial está y hay que trabajarlo. Por eso está bueno también el apoyo de ProSalta con esta iniciativa. Hay un movimiento en Salta alrededor de la economía del conocimiento que suma mucho para que otros empiecen a mirar y se sumen.

Vivimos en la cultura del scroll, con estímulos permanentes y poca concentración. ¿Eso también está cambiando los videojuegos?

 

Los juegos se adaptaron a ese ritmo. El scrolling te da material a una velocidad que genera dopamina de manera constante. El ejemplo más claro es que nosotros, cuando éramos chicos, veíamos televisión y el zapping era más lento. Hoy, con el scrolling, en dos segundos determinás si el contenido te gusta.

En los videojuegos pasa lo mismo. Si agarrás un videojuego para chicos, la cantidad de estímulos que tiene es muchísimo más amplia que la que teníamos nosotros. Nos guste o no, hay una adaptación de los videojuegos a esa cantidad de estímulos que hoy busca el consumidor. Y depende de para quién estás desarrollando: no es lo mismo una persona de 30 años que busca una aventura que un chico de 15 que busca dopamina constante.

¿Cómo está transformando la inteligencia artificial a tu industria?

 

La cambió radicalmente. Yo antes programaba; hoy no programo. Hoy soy un arquitecto, en el sentido de que me siento y trabajo con agentes de inteligencia artificial para que hagan la parte de programación, mientras que de mi lado pienso la solución que quiero darle a un problema. Antes eso implicaba muchas horas de código; hoy son minutos.

Cada vez vamos a requerir menos programadores para tareas esenciales y la IA va a pasar a ser un requerimiento como hoy lo es saber Excel. Vos, dedicado al periodismo, vas a tener que poder resolver con inteligencia artificial necesidades tecnológicas que tengas. No vas a tener que llamar necesariamente a una empresa o a un programador. Eso está cambiando transversalmente a todos los sectores.

¿Vamos hacia una vida cotidiana en la que cada persona tendrá distintos agentes de inteligencia artificial?

 

Sí. Llevándolo a un ejemplo cotidiano, uno puede tener ChatGPT y distintos proyectos: gimnasio, nutrición, psicólogo. A cada uno le habla y esos proyectos, a la vez, disparan acciones en función de lo que nosotros les decimos.

Vamos a tener un apoyo de la inteligencia artificial en diferentes aristas y los agentes son los que hacen o toman acciones de manera autónoma en base a esa información. Yo puedo decir que tengo determinada rutina de gimnasio y que el agente me la recuerde, la vaya cambiando o tome medidas de una balanza inteligente para hacer cambios en tiempo real.

Vamos hacia un futuro cercano donde tengamos muchos agentes, incluso en el celular o en los relojes inteligentes, que actúen sobre los estímulos que nosotros les damos y sobre las cosas que nos pasan en el día a día.

Eso también obliga a repensar la educación.

 

Totalmente. Hay que cuidar mucho la capacidad cognitiva. Creo que es un gran desafío que vamos a tener. Nosotros estábamos acostumbrados a leer, a formarnos para ser buenos en algo y hoy, teniendo estos asistentes, quizás uno puede sentarse con el asistente, ver qué hace e ir aprendiendo en el camino.

Pero esa capacidad cognitiva es la que tenemos que evitar que se pierda. Es la que va a diferenciar a los profesionales del futuro para transformarse en arquitectos de la inteligencia artificial y no ser simplemente prompters o personas que le dictan instrucciones a la IA.

Antes la tecnología funcionaba como una extensión de nuestra memoria. ¿Ahora también estamos delegando nuestra capacidad de aprender?

Totalmente. Incluso hay muchos estudios sobre cómo el GPS cambió nuestra forma de orientarnos. Antes nosotros instintivamente nos orientábamos; hoy uno no se imagina yendo a un lugar desconocido sin GPS.

Lo que tenemos ahora ya no es solo una extensión de la memoria, sino también una extensión de lo que necesitamos aprender. Si tenemos siempre una herramienta que permite no tener que aprender algo porque nos lo resuelve, tenemos otro desafío. Si extendemos la capacidad cognitiva y delegamos todo a la IA, tenemos que ver hacia dónde va eso y cómo nosotros mismos mantenemos fresca nuestra capacidad a nivel mental.

¿Incluso los robots podrían terminar encargándose del cuidado de las personas mayores?

 

Totalmente. El cuidado de una persona mayor tiene ciertos parámetros que son repetibles en el tiempo y pueden automatizarse. Ahí entra también la confianza. Hoy quizás no tengamos confianza para dejar a la abuelita con un robot, pero con el paso del tiempo, a medida que esos robots empiecen a meterse en los hogares, esa confianza se va a ganar. Como debe haberle pasado alguna vez a la primera persona que se subió a un avión, hasta que hoy uno se sube a un avión y tiene más confianza que al subirse a un auto.

¿Con qué expectativa viajás a Alemania?

Creo que es importante remarcar estas iniciativas. Siempre el sector privado fomentando el desarrollo de la industria, pero es muy bueno también que el sector público acompañe. En definitiva, lo que estamos buscando es generar un ecosistema en Salta que permita a las empresas y a los desarrolladores exportar talento hacia el mundo.

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