Digamos que se llama "Briqueta". Porque era pequeño, redondito, y renegrido desde el hocico a la punta de la cola.
Es uno de esos tantos caschis que deambulan por el centro de San Salvador de Jujuy, aparentemente sin dueño, sin hogar, sin cariño, Uno de esos perritos que cuando llega la noche se acurrucan en cualquier umbral, y si hace frío, buscan un diario viejo o un cartón para acostarse y compensar así la falta de una cucha calentita o la caricia y el abrazo de algún niño.
"Briqueta" es un sobreviviente. De ésos que toman el agua de lluvia que corre a los costados de las veredas, y que comen salteado y lo que encuentran.
Con esa sabiduría de náufrago, "Briqueta" tiene inventariados los restaurantes y confiterías del centro, donde los empleados sacan la basura cada día.
Y este día, "Briqueta" se sintió tentado como nunca: Sería alguna hamburguesa a medio comer, o un delicioso lomito sin terminar, cuyos aromas trascendieron el mal hecho paquete y la mal cerrada bolsa de residuos. Y con el hambre pendiente, "Briqueta" se mandó de una. Olfateó, revolvió, rompió todo y cuando encontró el tesoro que iba a ser su desayuno/almuerzo/merienda/cena y se estiró sobre la vereda para consumir su banquete.
El dueño del local pensó que no era un espectáculo digno de su negocio. E incapaz de resolver por sí mismo la situación le ordenó a un mozo que corriera al perro de la vereda.
Dueño y mozo, concretaron la despreciable actitud de arrojar agua hirviendo sobre el desprevenido "Briqueta". Aulló de dolor, olvidó su comidita en la acera, se asustó, saltó desesperado, trató sin éxito de lamerse el lomo, la patita, el hociquito ardientes.
Menos mal que allí estaban los jujeños. Los mismos parroquianos del local de los estúpidos vándalos inhumanos. Los transeúntes de la calle Belgrano. Y los curiosos de la calle Necochea. Todos corrieron a auxiliar a "Briqueta". Le tiraron agua fresca, lo acariciaron. Repararon su dolor. Y después golpearon los vidrios de la confitería. Putearon al dueño y al mozo. Algunos quisieron romper todo.
La policía que nunca está para defender a los perros abandonados -a pesar de las leyes que los obligan a ello- defendieron a los agresores. Los salvaron de que los linchen. Pero no podrán salvarlos jamás del repudio general. Ni de los alaridos de su propia conciencia.
"Briqueta", incapaz del rencor o de la revancha, ya se olvidó de todo.
Es probable que lo crucen por ahí, con su porte coqueto de caschi petitero, su hambre atrasada y su silenciosa demanda de cariño. Pasará con su hocico semiabierto y la lengüita afuera.
Con esa especie de sonrisa con que los perritos vagabundos andan por la calle, perdonándonos a todos.

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