Peteco Carabajal cerró la 57 º edición del Festival Nacional de Folclore de Cosquín presentando su nueva propuesta musical, “Riendas Libres”, que comparte con sus hijos Homero y Martina, y en la que propone un despojado acercamiento de guitarras y bombos a la música de raíz, a los que suma ocasionalmente la electrónica.

Horas antes del final, la Comisión Municipal que organiza el mayor encuentro de música folclórica del país, había distinguido a la riojana Bruja Salguero con el premio Consagración y también a Luciana Jury con una mención especial.

Mientras que el cantante de General Mosconi, Chubut, Rubén Patagonia, recibió el Premio Camino a la Trayectoria.

Los Revelación, destinados a grupos y solistas surgidos de los certámenes Pre Cosquín que se realizan en todo el país fueron para el dúo CheChelos (Mauro Sarachian y Ramiro Zárate Gigi) y para la Compañía de Danzas Pucará.

El cierre de Peteco y sus hijos en el escenario Atahualpa Yupanqui fue conmovedor cuando con su violín y un grupo de músicos (Duende Garnica, Los Coplanacu, Salguero, Carolina Pelleritti, entre otros) cantó con la gente la chacarera “El Olvidado”, con el agite de una enorme bandera argentina, en una recuperación del sentido musical y político del canto raíz en la Próspero Molina. Peteco (guitarra de nylon, charango, violín y voz) había abierto su actuación con un grupo de canciones nuevas y desconocidas compuestas junto a su hijo Homero (guitarra eléctrica) y su hija Martina (bombo legüero o percusión), a los que eventualmente se sumó la electrónica.

Se trata de un provocativo trabajo musical, que sigue los frecuentes cruces de Peteco, pero en este caso apostando a cierta rudeza, cierta fiereza en el tono musical que rescata una entonación radical, y que entregó composiciones como composiciones como “Flores y chacareras”, “Tropeles”, la vidala “Soy de los lagos” y también “Baustismo de manantial”.

El Ballet Camín ofreció un espectáculo de lujo por la última noche, con una enorme multitud de personas bailando en el escenario.

Ángela Irene, la intérprete pampeana celebró en escena los 40 años desde su debut en la Plaza Próspero Molina. Y cantó con su tradicional estilo sobrio y muy cuidado. Joselo Schuap, de Misiones y Lucas Segovia, Rosarino pusieron un toque de chamamé a la noche.

Así, la Próspero Molina vivió dos universos diferentes y antagónicos, que se expresaron a lo largo de las nueve noches, entre propuestas y masivas y muestras de la vitalidad, rabia o belleza del canto argentino.

Víctor Heredia, que festejaba 50 años de carrera y de su consagración como Premio Revelación de Cosquín con 20 años en 1967, había sido el encargado de abrir la noche, en un set en que contó con la presencia de León Gieco en dos canciones, lo que, obviamente, encendió el fervor del recuerdo y trajo al presente canciones que marcaron una época.

El autor de “El viejo Matías”, que en 1969 fue Consagración de Cosquín y que recibió una plaqueta de parte de la Comisión Municipal, arrancó su show con el tema “Ojos de cielo”, siguió con “Dulce madera cantora” y luego pasó a “Razón de vivir”, que cantó junto a su hijo Lautaro.

Luego invitó a su hija Daniela para “Deja un poco de luz al partir” y ante la aclamación de la gente llamó al escenario a León Gieco con quien hizo dos temas: “El adiós”, de su autoría, y “La colina de la vida”, de Gieco.

El punto álgido de la última noche fue la actuación de Los Nocheros en horario central y con un extenso set de hora y media, en el que se pasearon por sonoridades variadas, emulando desde el heavy metal al pop, con guitarras eléctricas bien arriba o melodías más románticas, que, extrañamente, siguen gustando a muchas mujeres.

Al comienzo, con una batería al palo y las guitarras adelante atacaron a la audiencia con su tradicional “Soy de Salta” y siguieron con la chacarera “A Don Ata”.

Coros de fondo sobre voces superpuestas, cierta saturación de bajos y poses de cantantes latinos, dieron el tono de la actuación de Los Nocheros que entre otros éxitos cantaron “Vuela una lágrima” y “Voy a comerte el corazón a besos”, “Materia pendiente” y “No saber de ti”.

Un momento especial fue cuando invitaron a subir al escenario al cantate Axel, quien compuso para ellos la canción con la que celebran sus 30 años de trayectoria (“Gracias, lo siento, te amo”).

El show siguió luego con “Aunque me muera el alma” y una versión nochera de “Alfonsina y el mar”, la canción de Ariel Ramírez y Félix Luna, que dice cosas como “cinco sirenitas te llevarán por caminos de algas y de coral” o “y fosforescentes caballos marinos harán una ronda a tu lado”, y hasta discute sobre el sexo y ámbito natural de los caracoles al hablar de “caracolas marinas”.

De esta manera se cerró una nueva edición de un festival caracterizado por una vitalidad inmensa, que trasciende ampliamente lo que sucede en la plaza Próspero Molina y se extiende a la ciudad en largas noches que materializan encuentros y muchas novedades.

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