Una reflexión sobre qué hacer con los mandatos

¿Elena cómo fue escribir esta obra y en base a qué?

ELENA BOSSI: La propuesta vino de parte de Rodolfo (Pacheco), quien me convocó para escribir una versión libre de "Hamlet" en forma de monólogo. A partir de allí había que superponer el texto de (William) Shakespeare con la historia de un actor que ensayaba "Hamlet" y su propia realidad. El desafío para mí era encontrar un espacio para insertarme en mi propia historia personal, porque si escribís de lejos, y no vibra tu propia fibra, el texto no va a tener la profundidad esperada. Pensé también desde las realidades femeninas, por ejemplo, pensando en Ofelia (personaje de la obra) en relación al amor, y como el personaje que se traiciona a sí misma, y traiciona su propio deseo por escuchar la palabra del padre y del hermano, es decir el mandato patriarcal para la mujer. Y de alguna manera, todos estos personajes traicionándose a sí mismos.

Puesto que Rodolfo no es un actor de 23 años -como el personaje de Hamlet- naturalmente, en esta versión, Hamlet no tenía que morir. Entonces en esta versión, el personaje del actor, logra deshacerse de las palabras, de los mandatos, y hacer su propia historia que es la de ser un actor que está ahí actuando, y eso es lo que no desea el padre del actor.

La obra se fue modificando muy sutilmente en estos dos años, de manera que quien ha visto las primeras funciones, probablemente si va ahora, va a ver otra obra con otros elementos porque la vamos enriqueciendo.

 

Los artistas ya trabajan en una noeva obra que estrenará en mayo, "Swift", sobre un cuento de Jonathan Swift, de 1790.

 

¿Qué les atrajo de esta obra?

RODOLFO PACHECO: Yo durante toda mi vida leí y vi muchos "Hamlet" y estudié mucho de la obra, entonces cuando me jubilé me quise dedicar a esto, y me olvidé que no tenía 23 años. Y le encontramos esta vuelta con Elena, de que era un actor viejo que estaba haciendo un "Hamlet". Y para poder llegar a esta edad y representar y contar la historia de Hamlet, era necesario que haya traicionado los mandatos. Aunque no sé si traicionarlos, porque la idea es soltarlos, liberarse de los mandatos sin traicionarlos. Poder pensar los mandatos que uno tiene, ver, qué tienen que ver con uno y decidir uno mismo, si los sigue o no.

E.B.: La traición sería a uno mismo, si uno sigue un mandato que no siente. La idea es ser fieles a uno mismo.

¿Cómo se insertó esta idea, justo en estos dos años, en que socialmente se está luchando por esta idea de romper con los mandatos de un patriarcado?

R. P.: Yo creo que cada época tuvo su Hamlet, y me parece que la impronta de época que tiene es esa. Ver qué se hace con los mandatos, que están en distintos lugares, en la palabra, en las formas, en los comportamientos, en los gestos.

Han tenido para esta puesta públicos de distintas edades y de distintos ámbitos (incluso el académico universitario) ¿Qué les ha ido pasando a ustedes como creadores, en esa diversidad de espectadores?

R.P.: Nos ha ido en todos lados bien. Por supuesto hay funciones donde el púbico está más cerrado, y como uno tiene que cumplir con un ritual, muy cerca de la gente, y que tiene que estar conectado con todo el mundo, en esas oportunidades costaba más. Pero también hubo funciones que fueron espléndidas, de mucha comunicación, de mucha transmisión.

¿Qué es lo que dice esta versión libre de Hamlet? ¿Cuáles son los mensajes?

R.P.: Los temas de la muerte, por ejemplo. Acá mueren todos, y Hamlet para liberarse de estos mandatos, también piensa en su propia muerte, es decir en dejar esto a un costado como para poder vivir una vida que sea la de él, y él decidir qué quiere hacer. Esa es una propuesta original de este proyecto.

E.B.: Particularmente yo pensé en la deconstrucción de las imágenes femeninas de la madre, de la novia, amante, de estas madres que supuestamente dan la vida, lo dan todo. Y que justamente en esa imagen de la que da todo, produce un peso y una carga de culpas mortales. La idea es poder sacudir esa imagen que nos ha hecho tanto daño culturalmente y que por desgracia seguimos fomentando a veces para el Día de la Madre, es decir esta madre eterna, totalmente dedicada a la maternidad, en una entrega que además pide un montón de cosas a cambio, pide la muerte, pide que estés ahí para esa persona toda la vida. ¿Qué hay ahí?, ¿qué es estar ahí?, ¿qué es lo que se demanda a cambio de ese supuesto amor incondicional? Es una carga pesada.

R. P.: En esta obra está la destrucción de la familia, y una destrucción política, como son reyes, todo influye en las acciones de gobierno. Están las complicidades, los espías, las confabulaciones entre las personas de la corte.

E.B.: Y se devela la mentira de la familia y del amor.

¿Creen que ese mensaje llegó a los diferentes públicos?

R.P.: Siempre las preguntas se refieren a lo mismo, a aclarar los mandatos, a aclarar los legados.

E.B.: En este punto debo decir que, gracias a los movimientos feministas de los últimos años, una puede estudiar y aclarar un poco algunas cosas, no todas. La deconstrucción es permanente.

Y hay que decir que la literatura nos ofrece formatos de la sociedad que después se imitan. La imagen del amor es una imagen que sacamos de la literatura del cine, no es algo de la realidad, entonces esa construcción ha ido cambiando a lo largo de la historia.

La propuesta es dejar de asumir la palabra del otro como propia y tomarse el trabajo de leer la cultura y los hechos de la historia desde uno mismo.

R.P.: En esta obra hay mucho Shakespeare, pero también está la palabra de Elena.

E.B.: Es un Shakespeare intervenido para resignificar lo que se está diciendo. Las partes en las que aparece Shakespeare no están puras, sino que están levemente corridas para acompañar el otro texto. Cuando Hamlet descubre la orden de matarlo, él vuelve a escribir el texto, y pone la palabra propia. Yo uso esto para poner la propia palabra en esta historia.

R.P.: Hamlet descubre esa orden de su muerte, y se sienta y escribe la contraorden y la reemplaza. En vez de ser él el que va a morir hace que lo reemplacen. Es un mundo que se abre.

En esta obra clásica, había que buscar los puntos en que pudiera vibrar el texto de Shakespeare en mí, y a mí me pasaban esas cosas. Puedo ver a la distancia la historia de mi madre, de mi padre y de todos los que me han rodeado para construir mi vida. Era tratar de abordarlo, desde esas dos líneas primeras que escribió Elena, que es el actor que estaba ensayando Shakespeare y recibe la noticia de la muerte del padre.

Les quiero preguntar, a cada uno de ustedes, como artista de las letras en el caso de Elena, y del teatro en el caso de Rodolfo, ¿qué les pasó en lo personal y artísticamente con esta producción?

R.P.: Para mí fue muy interesante el tema de la comunicación desde lo técnico con el público. Yo he logrado momentos muy intensos en el sentido de poder comunicar desde la emoción, desde la mirada, y desde una cercanía tan grande como la que propone el espacio de esta puesta. A mí me gusta la obra, y la peleamos para que la gente se lleve algo, un pensamiento, que algo se mueva porque en la medida que la emoción le llegue a la gente, quizás haya algo en la cultura que se mueve.

E.B.: Para mí es un texto tremendamente dinámico. Es un texto donde no todo es claro, entonces produce el deseo de volver a escuchar para ver qué pasa.

La literatura tiene eso, que si explicas demasiado es como un diario que leíste y tirás a la basura.

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