Conversando con el autor de Tonada para Remedios

TILCARA. Como de tantos de los grandes creadores, Willy Alfaro es más conocido por su obra que por su nombre. Conversamos bajo un molle de Tilcara, junto a la brisa de la tarde y lo grato de su tonada tupiceña, para oírlo decir que "Tonada para Remedios" la grabamos en 1970. El pueblo la acogió bastante bien porque era una canción costumbrista y religiosa a la vez. Pasaron los años y unos amigos la empezaron a llevar a diferentes lugares. A Zulma Yugar le gustó, la grabó muy bonita. En ese tiempo, se llamaba La Fiesta de Reyes, pero le cambian el nombre y otros le ponen "Marcelina", en fin".

 

El jujeño Bruno Arias homenajeó a Willy Alfaro sobre el escenario del 59º Festival Nacional de Folclore de Cosquín.

Recuerda que "al Koyita Mercado le gustó, se la hizo escuchar a Tomás Lipán y la grabó. Después me sorprendió escucharla por Coplanacu y diferentes conjuntos argentinos. Me trae satisfacción, aunque tampoco soy muy ególatra, porque al final de cuentas las canciones son primero del autor y después son del pueblo".

 

Nos dice que "Tonada para Remedios", "tiene que ver con la fiesta de Reyes, como se festeja en Tupiza, en la capilla de Villa de los Remedios, que está cruzando el río. Yo he nacido en el ‘44,y recuerdo de niño los rancheríos en torno. De todos ellos venían a caballo llevando los productos de la tierra a Tupiza. Y en la fiesta se vestían con su poncho, sombrero alón y ovejón, su cajita en la mano, que la tocaban con la mano izquierda, con el erque colgando, que así lo llamamos al chiquito, cantando las coplas y con su cholita en las ancas con una flor en el cabello".

Así, recuerda que "en la canción hago como si estuvieran viniendo de la Quebrada de Talina, y tienen que cruzar el río, que su nominativo antiguo era Toroyoc, pero que con los españoles pasó a ser el San Juan de Oro. Cantan las coplas con sus tonadas de cada región, que varían muy poco, y que en su musicalidad es muy parecida a la de aquí. Durante una semana cabalgaban de Tupiza a Remedios, y así dice la canción: desde la banda he venido".

Nos relata que "iban con el objetivo de divertirse, y en la feria estaban todas las comidas regionales, tamales, humintas, el ají de palque. En 1970 tenía que presentar la canción, y hago la música. Me veo en aprietos queriendo relatar la fiesta, y digo: subite a las ancas, y me digo: ¿ahora a quién hago subir? Una serie de nombres de mujeres me venían, pero me acordé que mi mamá me llevaba de la mano a esa fiesta, y le decía a mi tía: vamos donde la buena moza, donde la cholita Marcelina, la chifloqueña, porque era de Chifloca".

Su relato se pierde en los años, y nos dice que "era chiquito, Marcelina me acariciaba en la cabeza. Ella tendría sus diecisiete años, y nunca le hice saber que su nombre estaba en la canción porque yo vivía en Cochabamba y no la volví ver. Ella hoy tendría ochenta y siete años, más o menos".

Nos dice que "en Tupiza ha habido muchos compositores, tocaban piano, eran personas mucho más serias, pensaban que su obra valía oro y quizás volaban más con la poesía, en cambio yo me bajé a lo costumbrista y las canciones fueron bien recibidas. He sido autodidacta, hicimos un primer trio en el colegio antes de ir a Cochabamba, donde formé otro conjunto. Nos gustaba mucho la música argentina, Los Chalchaleros estaban de moda, que alguna vez cantaron motivos bolivianos".

En el conjunto cochabambino, recuerda, "había uno que sabía más y punteaba, pero yo tenía un problema: comenzaba con la punteada y me salía otra cosa. Y mi amigo decía: ese va a ser nuestro estilo. Me salía la tonada de Tupiza porque, como dicen, el compositor es como el manantial, sale de la tierra. En la música casi es lo mismo. Y eso gustaba".

Dice, riendo, que "ahora soy capaz de hacer cumbia, cualquier cosa. Entre tonadas, tengo unas treinta y seis, donde me gusta expresar personajes como el Botarate, un picanterito, y el Rompe Cantarito, que hice que sea palquiceñito para resaltar un ranchito. Quería levantar el ánimo del campesino. Me basé en uno que me contó la historia de su vida, pero vos sabés que siempre se aumenta un poquito para hacer la canción, que es del ‘69 y fue un éxito nacional". Cierta vez, dice, "un paisano me invita a Palquiza y vamos con unos amigos. Ahí me dan la llave del rancho, que era como darte la llave de la ciudad, una llave de esas antiguas que tengo colgada ahí. El campesinado recibió mejor mis canciones, les llegaba al corazón, y creo que es justamente por hablar de ellos de una manera en la que tiene que haber también un poco de poesía". Hoy día, nos confiesa que "cada vez que agarro la guitarra me salen otras canciones, que voy a hacer".

 

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