La polarización achica aún más las chances de una tercera opción

Agobiado por la estanflación y por el debilitamiento en las encuestas, Mauricio Macri decidió esta semana recuperar la iniciativa política que había perdido hace más de un año, cuando comenzó la disparada del dólar y el descontrol generalizado en los precios. El presidente modificó totalmente su política monetaria de no intervención del Banco Central, selló con el FMI un leve ablandamiento del acuerdo firmado y convocó a una parte del peronismo no kirchnerista a consensuar diez puntos básicos para la economía. Pese a eso, todas las iniciativas arrancaron con el pie izquierdo, ya que la autoridad monetaria no informará sobre la evolución de las reservas y el acercamiento político con Alternativa Federal ya fue desechado por sus dos principales exponentes: Roberto Lavagna y Sergio Massa. 
¿Por qué Macri decidió emprender este pragmatismo extremo recién cuando faltan sólo siete meses para abandonar el poder? Básicamente porque Cristina, con muy poco, sigue ampliando la diferencia en los sondeos semana tras semana. La última encuesta de la consultora Querry ubica a Macri con 61 por ciento de imagen negativa y a la senadora más de seis puntos arriba del jefe de Estado. 
La polarización con la expresidente le está cerrando definitivamente las chances de crecimiento a una tercera candidatura presidencial, que por estas horas podría ser la de Roberto Lavagna. El exministro de Economía rechaza una interna en Alternativa Federal pero sus números no lo ayudan para ejercer ese personalismo: mide entre un ocho y un trece por ciento, una cifra muy lejana a la que se necesita para entrar a un balotaje. Pese a eso, el exministro es el postulante que mejor parado está para ganarle una segunda vuelta a Macri o a Cristina. 
“La de agosto será una elección regida por el temor a que ganen Macri o Cristina. En ese escenario es improbable que la gente no opte por el famoso voto útil, es decir, voto a Macri para que no gane Cristina o voto a Cristina para que no gane Macri”, reflexionó ayer a El Tribuno uno de los encuestadores más relevantes del país, que pidió reserva de su identidad.
Enterrada la candidatura presidencial de María Eugenia Vidal, ¿aún hay margen para que haya algún cambio abrupto de acá a las Paso en el panorama electoral? Sí, pero es uno muy aventurado: que se bajen Macri y Cristina de sus aspiraciones y que crezca la figura de Lavagna como un eventual piloto de tormentas para la transición. Hoy por hoy, ese escenario aparece como imposible. 
La expresidente, desde su silencio sepulcral, enterró con su libro la idea de que se viene una Cristina más armónica, menos confrontativa y más cercana a los mercados. “Ese no es un tema de preocupación sustancial para ella”, afirman fuentes inobjetables de su entorno. Ocurre que falta poco para la presentación de las listas y Cristina estará obligada a abandonar su estrategia de comunicación basada en la no comunicación. 
Lo que sí predomina por estas horas en el Instituto Patria es la preocupación de que la crisis terminal que vive Venezuela frene el crecimiento de Cristina por su inmediata asociación al gobierno de Nicolás Maduro. No es casual que la exmandataria no haya dicho una sola palabra en respaldo del líder bolivariano a pesar de sus coincidencias ideológicas. No es sólo Macri el que está siendo pragmático en sus últimas decisiones, Cristina lo acompaña con igual estrategia. 
El acercamiento de Rogelio Frigerio con Miguel Pichetto, Sergio Massa y Juan Manuel Urtubey -envuelto en todo tipo de polémicas- tiene un solo fin: aislar a la expresidente ante los ojos de la opinión pública e intentar mostrarla como la real enemiga de los mercados y la causante de todos los problemas financieros de la Argentina. La apuesta del Gobierno es mostrarse abierto al diálogo en contraposición de la postura personalista que ejerció siempre Cristina en su vida política. Es muy claro que la iniciativa tiene un neto corte electoral, ya que tanto Cristina, que no fue invitada, como Lavagna y Sergio Massa ya cuestionaron la iniciativa oficial. 
¿Qué tranquilidad se le puede otorgar al círculo rojo si los tres principales líderes de la oposición no respaldan el documento que quiere rubricar el Gobierno? Otra vez, la campaña electoral volvió a ganarle la pulseada a la política de gestión.
El preacuerdo con el parte del peronismo federal quedó rengo antes de empezar porque llevaba consigo una trampita para ese espacio, ya que Pichetto, Urtubey y Massa podrían quedar más del lado del Gobierno que de la “ancha avenida del medio”. Ningún dirigente serio puede oponerse a enunciados tan generales como “consolidar un sistema previsional sostenible, consolidar la seguridad jurídica y una mayor integración al mundo”, lo que falta en ese borrador son las políticas concretas que se usarían para lograr esos objetivos.

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