Cambiar la educación para crear un futuro mejor

A pesar de haber un consenso absoluto respecto a lo anacrónico e improductivo de muchas prácticas que casi no han cambiado en cientos de años, las escuelas continúan implementando modelos de enseñanza y aprendizaje que preparan alumnos para un mundo que no existe más.

¿Cuáles son las prácticas y pensamientos propios de una enseñanza arcaica que se mantienen en el tiempo? Se acepta universalmente que aprender de los errores es un camino inequívoco para la realización personal pero la especie dominante en los colegios es la prueba escrita de fin de unidad que no sólo no ayuda a aprender, sino que condena a quien obtiene una mala calificación al fracaso académico.

La tecnología es la puerta de entrada a todo el conocimiento humano acumulado, pero está mayormente proscripta en las escuelas. El buscador de Google es la llave para aprender de por vida, pero los alumnos egresan sin conocer sus funcionalidades y características.

Desde la teoría de las inteligencias múltiples en adelante, nadie duda que es esencial favorecer el desarrollo de los talentos de cada persona, pero la escuela todavía tiene un modelo de éxito que es igual para todos, haciendo que el fracaso y el daño irreparable a la autoestima de niños y jóvenes sea algo casi frecuente en la experiencia escolar.

En el mundo actual y futuro resulta indispensable desarrollar la creatividad, colaboración y pensamiento crítico, y sin embargo son casi nulas las instancias donde estas habilidades se aprenden y mucho menos se evalúan.

¿Cómo hacer para cambiar la forma de educar? Una escuela centrada en el alumno: Tomando como axioma indiscutible que los alumnos no pueden ser más sujetos pasivos de su educación, ya que deberán gestionar su aprendizaje de por vida, desarrollar una pedagogía que les permita tomar conciencia respecto a su aprendizaje (por ejemplo, autoevaluándose), contribuir a la sociedad del conocimiento procurando sus contenidos, tomando decisiones, asumiendo responsabilidad por su aprendizaje.

Cambio en el rol del docente: Siempre habrá un rol para el maestro si logra contagiar e inspirar a sus alumnos para querer aprender. Esto implica mucho más que un cambio en sus funciones, ya que nos enfrenta al sentido de lo que hacemos, y constituye una real divisoria de aguas. Nadie que no tenga una real pasión por aprender va a poder continuar como docente en el futuro.

Redefinir el modelo de éxito: Mientras la autoestima de las escuelas se mida por el rendimiento en evaluaciones estandarizadas, mayormente orientadas a contenidos, nada podrá cambiar. Es necesario un sinceramiento brutal en cuanto a que el objetivo de la escuela es desarrollar la capacidad y la motivación para aprender toda la vida.

Educar a las familias: Para poder cambiar es necesario generar demanda para esa transformación. El cambio es posible y puede ser inmediato.

 

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