Aquel "mano a mano" con Diego

El 2020 no podía despedirse, más allá que todavía le queda más de un mes, de otra manera. El año que será recordado por la maldita pandemia de coronavirus también quedará grabado porque fue el año en que murió Diego Armando Maradona. Ayer, el mejor jugador de todos los tiempos, nos dejó. Y alguna lágrima cayó. Cuando cumplió 60 años el pasado 30 de octubre se escribió y habló, como siempre, mucho.

Pero quién mejor interpretó a Diego fue el colega Facundo De Palma. "Se puede estar o no de acuerdo con sus ideas e ideologías, y es posible que sus contradicciones choquen todo el tiempo con sus propias contradicciones. La única coherencia que muchos le pidieron, le pedimos, era que nunca dejara de ser lo que en definitiva fue, es y será: Éroe. Así, sin H. Porque a Diego no lo quiero mudo" y agregó que "ser Maradona les queda grande a todos, salvo a él".

Palabras acertadas si las hay. "Héroe" dentro de la cancha y sería redundante dar detalles de sus proezas. ¿"Villano" fuera de ella? La vida de Diego nunca fue fácil. De la pobreza extrema a ser uno de los más hombres conocidos en el mundo entero con una fama inimaginable. En su primera experiencia como entrenador -aunque meses después volvió a jugar al fútbol- dirigió a Mandiyú de Corrientes en Primera División.

Hoy, hace exactamente 26 años, Gimnasia se presentaba en el Litoral. El Tribuno de Jujuy fue a cubrir aquel partido, llegando un par de días antes, con la idea de hacer una nota "mano a mano" al crack. Y Diego, que habitualmente no le gustaba hablar previo a los encuentros, aceptó la charla al explicarle la situación. "Venimos de Jujuy". Nos dimos un apretón de mano, saludó al fotógrafo Germán Fernández y dejó que unos curiosos escucharán sus respuestas. Se mostró feliz con seguir ligado al deporte más popular -venía de colgar los botines-, soñaba con grandes logros en la entidad "verde" y dijo que era fundamental llegarle al grupo con un mensaje claro. Mandiyú ganó por goleada 3 a 0 y fue el único triunfo de aquella historia que terminó mal, con el club casi fundido.

Después Maradona volvió a su gran amor: la gambeta y los goles. En 1995 fue titular para Boca en el duelo que protagonizó en el "23 de Agosto". Obvio, su presencia llevó a que los jujeños coparan el estadio. El excapitán de la Selección no habló con la prensa en el búnker que los "xeneizes" levantaron el Palace Hotel, pero sí saludó desde el balcón a los cientos de fanas que estaban esperando en la calle y envío a sus compañeros a firmar autógrafos y posar para las tradicionales fotos. Seguro que no bajó, porque sabía que la Policía no podría controlar la avalancha de los cientos de hinchas ubicados en el lugar. Así era Diego, amado y odiado. Único.

 

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