Centenario de la escuela Nº 319 de San Francisco

Por FAUSTO GERMÁN NAVARRO director y maestro.

La conocí como Escuela Nacional Nº 99. Llegué por primera vez a ese alejado rincón montañoso denominado San Francisco, en el departamento de Santa Catalina, el 4 de abril de 1961 acompañado de mis padres y el señor Epifanio Saravia, un conocido docente de Santa Catalina. Un conjunto irregular de dependencias, vigiladas por dos enormes cardones, de paredes de piedra, techo de paja y barro, desprolijos revoques y un cercado de piedras sueltas, constituían el edificio escolar.

 

La situación de pandemia motivará seguramente que los festejos del centenario sean virtuales o se posterguen.

 

Nos esperaban don Basilio H. Nieve, gestor y peticionante de mi designación como maestro de esa escuela, y numerosos vecinos del lugar. Todos, de pie y ubicados en semicírculo, fueron testigos de mi presentación y toma de posesión del cargo de director de esa escuela de personal único.

De esa manera, sin demasiados formalismos, sencilla y humildemente comencé mi tarea docente en esa escuela por el lapso de once años, período de mi vida que me trae gratos recuerdos, tanto por mi actuación profesional como por mi vida familiar.

En el campo de la docencia, comencé a los 21 años, después de cumplir la obligatoriedad del servicio militar, con el título de Maestro Normal Nacional que me facilitó ser designado en la escuela. La inquietud de la comunidad y el entusiasmo de mis padres por tener un hijo maestro, hizo que llegara a San Francisco.

Con la ayuda de los vecinos y la alegría de los numerosos inscriptos enfrenté la difícil tarea de educar. En rigor de verdad, quien me formó como verdadero maestro fue la escuela de San Francisco, el título me abrió la puerta, pero, el contacto diario con los chicos, el conocimiento de la realidad social, el compartir las necesidades de las familias, superar las dificultades para llegar a la escuela, soportar la falta de medios de comunicación y aceptar las inclemencias del clima, fueron los formadores de lo que verdaderamente significa ser maestro de una escuela rural.

En cuanto a mi familia, también en San Francisco se dio la génesis de su formación. En el transcurso de los once años, con Elisea Borja unido en matrimonio, enfrenté otra etapa que se consolidó con el nacimiento de mis cuatro hijos, producto de compartir la docencia y la decisión de formar una familia en el seno de la humilde escuelita. Con mi esposa, también maestra, pudimos forjar nuestra vocación que nos llevara, muchos años después, a cumplir mayores responsabilidades y obtener muchísimas satisfacciones.

Después de la transferencia, la escuela se identifica como la Nº 319, posteriormente, tomó el nombre de "San Antonio María Claret". Ayer 27 de junio cumplió 100 años de vida. Escuela centenaria! Tu primera directora fue la señorita Epifania Nelson, entusiasta docente de Santa Catalina, después de su jubilación siguió la senda su hermana Juana Nelson hasta 1960. En tercer lugar me tocó continuar con la tarea de las señoritas Nelson hasta 1971. La escuela tuvo el privilegio y la suerte de contar con tres directores por más de cincuenta años en el lapso de más de cincuenta años medio siglo! Después de un breve período, llegó a la escuela un docente catamarqueño José Ramón Diaz, quien me superó en años de permanencia y pudo dedicarse de lleno a su trabajo; en esa época, el programa de erradicación de escuelas rancho le permitió cambiar totalmente la fisonomía del lugar.

Hoy San Francisco cuenta con un edificio moderno dotado con todas las comodidades que hacen confortable la estadía de la comunidad educativa.

En el año 1970 me tocó organizar el acto de las "Bodas de Oro" de la escuela, un homenaje justiciero que contó con la participación de autoridades educacionales y de invitados especiales. En 1995, participé de la fiesta de las "Bodas de Diamante" y es mi anhelo estar presente, si Dios quiere, en la conmemoración de su "Centenario".

¡Felicidades, querida escuelita!

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