"Educación, bien común y  felicidad pública"

Manuel Belgrano es un personaje central de nuestra historia patria y un referente indiscutido de las luchas por la independencia americana.

El padre de la bandera supo vivir con austeridad; impulsó un programa intelectual difundiendo en el Río de la Plata los aportes de la economía política y el derecho público; cumplió una destacada actuación al frente de los ejércitos revolucionarios y, sobre todo, le asignó un valor fundamental al fomento de la educación y el desarrollo económico en la construcción de una sociedad más inclusiva.

En sus escritos, la educación tiene un papel preponderante, ligado al impulso de los distintos sectores que integraban la sociedad colonial. Belgrano fue el primero en imaginar estrategias y transformarlas en instituciones inéditas para incentivar la agricultura, la industria y el comercio, el mejoramiento de las escuelas de primeras letras y la ampliación del derecho al acceso a sectores marginados de las mismas.

En el marco de sus obras reunidas, pueden leerse con especial interés aquellas que dan forma a una verdadera memoria pedagógica sobre el lugar que la ilustración criolla le asignó a la educación durante los últimos años del período colonial y los albores de la vida independiente.

Sus ideas, difundidas a través del Correo de Comercio -diario del que fue cofundador- y de las Memorias Anuales, reunidas en ese libro, aportaron a la configuración de una nueva concepción del desarrollo productivo y moral de la patria.

Belgrano, al igual que otros hombres y mujeres comprometidos con el desarrollo educativo se enfrentó una y otra vez a los sectores que reivindicaban la educación como un privilegio de las minorías, sin dejar de introducir proyectos que renovasen las ideas y prácticas pedagógicas. Así, la escuela de Matemáticas propuesta por él fue clausurada por la Corte, que se oponía a su establecimiento, y la escuela de dibujo desmantelada ya que la Corte consideraba -según expresó Belgrano en sus memorias- que ‘todos estos establecimientos eran de lujo y que Buenos Aires todavía no se hallaba en estado de sostenerlos‘.

Belgrano elaboró un diagnóstico sobre la situación que atravesaban las escuelas del Virreinato, llamando a tomar conciencia sobre el estado de precariedad que atravesaban ‘sin unas constituciones formales, sin una inspección del Gobierno, y entregadas acaso a la ignorancia misma‘.

Los vientos de reforma que soplan en sus escritos ponen de relieve una genuina preocupación por un modelo educativo que incluyera a las mujeres y a los pardos y morenos en las escuelas de primeras letras. Le preocupaba especialmente la situación que atravesaba la educación de las mujeres.

El 21 de julio de 1810 escribió en el Correo de Comercio, que las niñas de Buenos Aires sólo contaban con una escuela pública, el colegio de huérfanas de San Miguel, fundado en 1755, mientras que las demás recurrían a maestras particulares ‘sin que nadie averigüe quiénes son y qué es lo que saben‘. Para Belgrano, darle un impulso a la educación del ‘bello sexo‘ era tanto o más importante que edificar una universidad.

El otro rasgo que destaca en el ideario educativo belgraniano fue el peso otorgado a la formación de hombres industriosos -un arco temático que incluye desde la formación del artesano, hasta la del labrador, la hilandera y el comerciante-. En sus escritos, sostuvo una decidida valorización de la formación manual. En su condición de secretario del Consulado de Buenos Aires dispuso la creación de las escuelas de dibujo, de náutica, de agricultura, de hilanzas de lana y de comercio. En la Memoria del Consulado del 15 de julio de 1796, expuso los fundamentos que justificaban su creación. Ese documento puede ser considerado el punto de partida moderno de un pensamiento y acción desplegados tendientes a la articulación entre formación, trabajo y mundo productivo.

Mandó a crear Escuelas en las ciudades de Tarija, Jujuy, Tucumán y Santiago del Estero empleando el premio de 40.000 pesos que la Asamblea General Constituyente le otorgó por su desempeño al mando del Ejército del Norte. Belgrano no alcanzó a ver las escuelas fundadas (una de ellas recién se edificó 191 años después, en la provincia de Jujuy) pero redactó su reglamento estableciendo que los maestros de primeras letras accederían al cargo a través de concurso y que durante ‘las funciones del Patrono de la ciudad, del aniversario de nuestra regeneración política y obras de celebración‘ el maestro sería ubicado en un sitio distinguido entre las autoridades locales ‘reputándolo como un padre de la patria‘.

A 250 años de su nacimiento y 200 de su paso a la inmortalidad, no hay mejor manera de conmemorar la memoria de uno de los fundadores de nuestra patria que reencontrándonos con él a través de sus escritos. Las y los argentinos del siglo XXI podrán trabar diálogo con un hombre que antepuso a los reconocimientos y los honores el trabajo incansable para que todos alcancen lo que él llamaba la "felicidad pública", una visión ética y productiva del bienestar común.

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