"Algunos mueren con culpa y  otros con la esperanza de vivir"

Una de las enfermeras que atendió a una innumerable cantidad de casos de Covid-19 en Jujuy es Laura Alberto, que estuvo desde la aparición de la pandemia trabajando con pacientes que lograron recuperarse y también con los que fallecieron, y que le dejaron mensajes muy duros antes de morir. A fines de julio se infectó, pero sigue brindando sus aportes al personal de salud gracias a la vasta experiencia que forjó estando en la primera línea.

Laura Alberto junto a otros profesionales inauguraron la primera sala especial que se creó en Jujuy para la pandemia.

Aseguró que a medida que iban apareciendo más infectados se fue mentalizando de que en algún momento le podía tocar a ella, aunque siempre tuvo todos los cuidados. Las exigencias fueron aumentando y también el tiempo de exposición ya que hubo pacientes, en especial, los adultos mayores, que requerían de atenciones específicas como higienizarlos permanentemente o darles de comer.

Pese a estar enferma aislada en una habitación de su casa, continúa en contacto con el personal de salud estando al tanto de la situación y colaborando en lo que necesitan sus colegas, los activos y también con los que están infectados.

Hubo pacientes que ella no olvidó, que son los que perdieron la vida porque cada uno dejó algo en la enfermera que los recuerda con mucha tristeza. "Me acuerdo de los primeros casos, los que más se mencionaron al principio porque eran muy pocos, los que fueron recibiendo el alta y también los primeros que fallecieron. Algunos mueren con culpa de haberse contagiado y otros con la esperanza de vivir", mencionó, en diálogo con El Tribuno de Jujuy.

En ese sentido señaló que "es una experiencia muy fuerte y muy dura, si bien uno como enfermera ve pacientes que mueren por distintas patologías pero esta es especial, fue algo diferente ya que nosotros, ellos y sus familias los vivimos de otra forma porque ellos no vuelven a ver a sus seres queridos. Los escuchamos y compartimos sus aflicciones, sus angustias, mensajes que ellos no pueden llegar a compartir con sus familias y nos contaban a nosotros para que se los diéramos".

"Hay palabras, frases que me quedaron marcadas de las personas que atendí. Hay un caso particular de una paciente que me produjo un quiebre interior, que por una cuestión emocional tuve que pedir ayuda a un psicólogo. Ella falleció lamentablemente, y todo el tiempo que hablé con ella, siempre se manifestó con culpa y angustia porque parte de su familia también se había infectado", añadió.

"No buscar culpables"

Sostuvo que la paciente habitualmente pensaba en el momento en el que se había contagiado, y no le hacía nada bien estar angustiada y decaída por esa culpa que llevaba dentro. "Buscaba el por qué, sentía que por su culpa se había infectado su familia y todo eso influía para mal", afirmó.

Siguió diciendo que "nosotros trabajamos mucho en ese tema y los contenemos porque en la situación que vivimos, que ocurre a nivel mundial, no hay que buscar culpables, es algo egoísta y está muy mal hacer eso, pero suele pasar. Hay mucha gente que a pesar de todos los cuidados lo mismo se infecta, como me pasó a mí".

Fe hasta el final

Alberto remarcó que también hubo otras personas que hablaron con ella antes de partir y que se mostraron esperanzados y hasta el último le preguntaban si ya había llegado el plasma o sobre el tratamiento o vacuna.

Para finalizar sostuvo que "fue muy angustiante escuchar eso, sus últimas palabras eran de aliento y nos pedían ayuda a gritos para curarse, me decían su grupo sanguíneo de forma frecuente para una supuesta donación de plasma pero por desgracia fallecieron. Casos como esos hubo muchos, nos ponían muy tristes y con toda la impotencia del mundo por no poder salvarles la vida", finalizó.

Muchos cambios hasta desbordar por la cantidad de casos

Laura Alberto contó que perdió la cuenta de la cantidad de pacientes que atendió, y que al principio hasta se sabía el nombre. “Yo estuve siempre en una unidad intermedia, y cuando desmejoraba pasaba rápido a una terapia, de acuerdo al estado en el que estaban se iban moviendo para las distintas áreas”, comentó.

El ingreso de los pacientes fue constante en el hospital “San Roque”, después de que falleció el primero, el camionero de Fraile Pintado, empezaron a aparecer más casos y se los podía distribuir en las distintas salas que funcionaban, hasta que todo se fue desbordando.

Al respecto indicó que “lo empecé a sentir más cuando tomé conciencia de que ya no era uno o dos pacientes los que atendía, de repente ya teníamos más de 10. Ya dejaban de ser sospechosos y la mayoría pasaron a ser positivos. Empezamos a sentir también en ese momento la falta de recursos humanos, la carga, la mayor cantidad de tiempo que había que tener para equiparnos, y el peso de este trabajo. Desde ahí todo se sintió con más intensidad, el trabajo y el estrés”.
Fue así que todos los servicios del hospital se fueron llenando de casos positivos, entraban como sospechosos y al día siguiente ya eran positivos. Dentro del personal de salud también llegaron algunos cambios, fueron surgiendo algunas bajas por enfermedad hasta llegar al momento que el personal se empezó a infectar.

Transita la enfermedad desde su casa

El 24 de julio el hisopado le salió positivo, tras haber presentado algunos síntomas que continúa teniendo hasta el día de hoy. Primero sintió un dolor de cabeza constante que fue justo cuando salió de la habitación de una paciente a la que le había dado de comer. 

Asimismo expresó que “cuando me fui a casa continuaba así y avisé a una de las integrantes del Comité de Control de Infecciones por eso al día siguiente me tomaron la temperatura, no tenía fiebre. Se me pasó un poco después, pero empecé a sentir cambios en mi cuerpo. Ya había algunos casos de personal de salud, entonces nos hisoparon a todos y lamentablemente me salió positivo. Tengo tos, congestión, algo de dolor de garganta, rinorea, estornudos frecuentes, alteración en los sabores de la comida, dolores de cabeza, son leves pero tengo muchos síntomas”. 

Momentos lindos

Explicó que no todas las situaciones que vivieron en el hospital fueron feas porque también hubo pacientes que se recuperaron y hoy están muy bien de salud. Una de las que Alberto atendió se comunicó con ella hace días para agradecerle todo lo que hizo por su salud y le dio fuerzas para que salga adelante. “Fue un mimo, una caricia al corazón y más ahora que estoy del otro lado y soy una paciente más como lo fue ella en su momento”, agregó.

Mensaje a los jujeños
Su mensaje para la sociedad es que “se sigan cuidando, que traten de continuar con las medidas que ya conocemos, que salgan solamente para hacer lo necesario y se queden en casa. Es muy complicado estar así por eso hay que cuidarse mucho, estar en este lugar como paciente es muy difícil”.

 

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