El día después de mañana

"La taba está en el aire", "Estamos en los últimos cien metros de la carrera", "La suerte está echada", "Ya se hizo todo lo que se podía hacer", son algunas de las frases estereotipadas en estas horas de tensa espera del 14 de noviembre.

Y pase lo que pase, después del revuelo, seguiremos atrapados en la única alternativa real: ¿el "modelo" se radicalizará, o comenzará a cambiar? Por eso, más allá de los resultados de las elecciones, detrás de las tristezas y la búsqueda de mariscales de la derrota, o detrás de las alegrías y el intento de apropiación delas victorias, de unos y otros, debe quedar en claro es que mientras el ruido postelectoral se vaya calmando, el lunes, todo seguirá igual. La importancia del "Día después de mañana" tendrá el enorme valor de ser el primer paso de una larga y dificultosa marcha hacia el futuro.

Nada quedará resuelto. Los problemas seguirán vigentes. Los dolores de una sociedad que convive con tumores estructurales desde hace tantas décadas seguirán fuertes, y las frustraciones tan antiguas como persistentes no se esfumarán un domingo. Los argentinos seguiremos conviviendo en uno de los países más ricos del planeta, y los jujeños en una de las provincias más bendecidas con recursos y bellezas naturales maravillosas, pero sumidos en la angustia de ver que el trabajo honrado no rinde, que la educación no termina de ponerse a la altura que exige la modernidad, que la salud queda jaqueada frente a las amenazas de los flagelos globales y locales. Y que hasta el amor a las Patrias grande y chica, tambalea frente a las injusticias y a las impotencias crónicas con las que nos enfrentamos cada día.

Pero, por eso mismo, este "Día después de mañana", cobra una trascendencia superior a todos los días posteriores a otras elecciones. Porque con la enorme carga a cuestas y tan cerca de tocar fondo, es cuando todos, los votantes, los votados y los no votados, tendremos que sacar fuerzas de las flaquezas, abandonar el autoritarismo, el sectarismo, la discriminación y la prepotencia, y abrazar la tolerancia, el sentido común, el diálogo sincero, recuperar el amor el prójimo y ejercitar el músculo de la esperanza y la confianza en la fuerza y en la inteligencia propias.

No hay más tiempo para esperar un mesías iluminado, ni un golpe de suerte que nos resuelva las angustias mientras el mundo se dispara hacia el futuro. Pase lo que pase mañana, será tarea de todos ayudar a levantar la lanza y comenzar a ejercer el deber -y el privilegio- de construir nuestro destino.

Esa es la relevancia que tiene, como nunca, "El Día después de mañana".

 

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