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A la oración

Sabado, 27 de febrero de 2021 01:01

A la oración

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A la oración

Tenía pensado llegar a mi casa y ponerme a escribir unos Laberintos que más o menos iba imaginando, caminando por la ruta cerca de Puerta de Huichaira, cuando me llamó la atención una liebre llamándome por mi nombre. A cualquiera le llamaría la atención, pero pensé que ya hubo demasiadas fábulas en estos capítulos, así que preferí hacerme el tonto, cosa que algunos dicen que no me cuesta demasiado.

Recordé haber escrito historias de zorros, de perros y de gallos, pero fue entonces cuando la liebre me dijo que nunca había escrito sobre una liebre, y capaz que tuviera razón, aunque no estaba muy seguro. Se imaginan que en casi 5.000 Laberintos, y con ya 57 años, puedo darme el lujo de olvidarme de varios capítulos.

Pero, como si se tratara de una reivindicación antes que de un diálogo, la liebre argumentó que escribo mucho más sobre personas que sobre otros animales, y no por eso nadie va a decir que me repito. Era indiscutiblemente cierto, y me acuclillé para hablarle un poco más a la par.

¿Pero es que acaso las liebres también leen el Tribuno?, le pregunté porque no entendía cómo sabría ella lo que había publicado. Si, me respondió con toda naturalidad. Hay liebres que preferimos el Tribuno y hay otras que eligen otros medios, le voy a ser sincera, pero le puedo asegurar que muchas lo van a seguir si nos dedica al menos un par de capítulos.

Como me gustó la idea de llevarle más lectores al medio en el que trabajo, le dije que si me contaba un buen cuento ese sería el que utilizaría al llegar a mi casa.

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