Incertidumbre electoral de cara a las Paso


La incertidumbre sobrevuela todo el escenario político, económico y sanitario del país. Ningún encuestador se anima por estas horas a ser tajante sobre lo que ocurrirá en las elecciones legislativas de septiembre y noviembre de este año, en donde el oficialismo se juega mucho más que la mayoría absoluta en la Cámara de Diputados. 
El kirchnerismo sabe que una derrota en los comicios de medio término condicionará fuertemente los próximos dos años de gestión, retrasará las reformas en la Justicia que busca Cristina y también podría ser una gran piedra en el camino para las aspiraciones presidenciales de Máximo Kirchner o Axel Kicillof. En ese contexto, todos los cañones apuntan ahora a la populosa provincia de Buenos Aires, en donde se concentran la mayor parte de los anuncios de obras públicas generadas por la Nación. En el entorno de la expresidenta, ven con buenos ojos el posible pase de María Eugenia Vidal de la provincia a la Ciudad de Buenos Aires, ya que evalúan que Juntos por el Cambio no tendrá un candidato con tanta visibilidad como la exgobernadora. “Si ganamos la provincia, ganamos la Nación”, repiten cerca de Cristina. 
En la Casa Rosada, reina cierto optimismo con una victoria que deje al Presidente en una situación de mayor poder que la actual, aunque ya empiezan a surgir algunas operaciones internas para adjudicar un eventual triunfo a los consejos de Cristina y una eventual derrota a las políticas de Alberto. Esas nimiedades de los actores políticos tienen mucho más peso en los analistas de opinión que en la gente común, que considera que el Gobierno de Alberto es también el Gobierno de Cristina. ¿Alguien puede pensar lo contrario? 
En el Instituto Patria creen que un resultado favorable a nivel nacional tendrá más que ver con los límites que impuso la vicepresidenta al precio de las tarifas y al endurecimiento de las negociaciones con los acreedores privados que a los supuestos aciertos de Alberto, que serían el no colapso del sistema sanitario en la primera ola y el acuerdo con los holdouts. Es más, están seguros que de no haber sido por la intervención de ellos, el Presidente estaría hoy ante “la más ortodoxa política económica que se le haya conocido al peronismo desde la década del noventa”. Ya no genera sorpresa que cada vez que el jefe de Estado está emprendiendo alguna gira o política de largo plazo aparecen condicionamientos públicos dentro de su coalición. 
La carta pública de diputados, economistas y pensadores del kirchnerismo pidiendo una reducción de tasas, un alargamiento de los plazos y que se use la plata que girará el FMI para incrementar el gasto público no debe haber caído nada bien en los funcionarios del Fondo y del Club de París, a quien Argentina no le pagará mañana el vencimiento por 2.400 millones de dólares.
¿Qué credibilidad puede tener un negociador ante sus acreedores si desde la coalición gobernante están reclamando prácticamente un default disfrazado. Otra vez, el ministro Martín Guzmán vuelve a estar en el ojo de la tormenta del kirchnerismo más duro. De todos modos, cada ataque al titular del Palacio de Hacienda es una crítica directa a la política económica del Presidente, que lo respalda con todas sus fuerzas a pesar de desacreditarlo ante cada exigencia de Cristina. 
No hay dudas de que en estas elecciones se plebiscitará la gestión del jefe de Estado en materia económica y de manejo de la pandemia, por eso en el entorno de Alberto se esperanzan con que el arribo masivo de vacunas que se está produciendo ahora pueda inclinar la balanza definitivamente hacia su sector, pese al crecimiento insoportable de la pobreza y la inflación. “Además de la vacunación, que es lo central en este momento, la economía muestra ya algunos signos de recuperación en la industria y una parte del comercio. Nosotros estamos confiados en que la gente no quiere volver al pasado desastroso que dejó el macrismo”, reflexionó ayer un cercano operador político del Presidente que pidió reserva de su identidad. 
Los próximos días marcarán a fuego el futuro inmediato de la política económica y sanitaria nacional, a tal punto que de ellas dependen buena parte de las chances electorales del kirchnerismo en las primarias de septiembre próximo. La lentitud de la campaña de vacunación, en donde hasta ayer sólo 2,7 millones de personas estaban inoculadas con las dos dosis, podría cortarse estos días si el Gobierno logra acelerar la inmunización de forma importante, ya que nunca antes habían ingresado tantas vacunas en tan pocos días. Allí surge el gran desafío del Gobierno: reorganizar la logística para evitar la acumulación de dosis sin aplicar en las provincias, que hasta anoche superaban las 3,2 millones. Esto quiere decir, lisa y llanamente, que hay medio millón de vacunas más sin aplicar que todas las segundas dosis que ya fueron colocadas hasta el momento. Toda una paradoja para un país que reclama inocularse a los gritos. Mañana volverán a las clases presenciales muchas provincias que las habían cerrado nueve días atrás, sólo que el promedio de casos ahora ya no es de 32 mil, sino cercano a los 38 mil. ¿Sirvió el aislamiento estricto por un lapso tan corto de tiempo? Eso se sabrá recién en catorce días, pero lo cierto es que cuando uno cierra algo luego es muy difícil explicar la apertura respaldado en datos estadísticos. La realización de la Copa América en Argentina es una buena oportunidad económica pero le generará al Gobierno un costo político imprevisible. El ochenta por ciento de los ciudadanos, sean K o anti K, se manifestaron en contra de esa competencia que se efectuará en el peor momento de la pandemia
 

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