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Acerca de la muerte súbita que sufrió un futbolista

La enfermedad cardiovascular es la primera causa de muerte en el mundo occidental tanto en varones como en mujeres. De esas muertes, la mitad ocurre súbitamente, en personas que están en aparente buen estado de salud, realizando sus tareas de todos los días, en su casa, en el trabajo, haciendo deporte o en el transporte público. En Argentina, suceden aproximadamente 40 mil episodios de este tipo por año, prácticamente 1 cada 15 minutos.

A partir de la reciente y lamentable muerte súbita del jugador de fútbol Andrés Balanta, e independientemente de las circunstancias específicas en que esta haya ocurrido, la Sociedad Argentina de Cardiología quiere remarcar la importancia de capacitarse en maniobras de resucitación cardiopulmonar y de la utilización del desfibrilador automático, como medidas que incrementan las chances de sobrevida de la persona que atraviesa un episodio de este tipo.

Es muy importante comprender que las ambulancias, en cualquier parte del mundo, por más rápidas que sean, nunca llegan en menos de 10 o 15 minutos, cuando en realidad se tiene nada más que 5 para actuar ante este tipo de eventos.

Si se realizan las compresiones cardíacas dentro de los primeros tres minutos y se utiliza adecuadamente un desfibrilador, se le da a esa persona el 80% de posibilidades de llegar con vida a un hospital para que ahí se efectúe el diagnóstico y pueda recibir los cuidados específicos que necesite.

Se debe actuar rápido porque se reducen un 10% las probabilidades de llegar con vida al hospital con cada minuto perdido: ¿Quiénes deben actuar rápido? Los que tenemos al lado: un familiar, compañero de trabajo, algún amigo, vecino o el que también está jugando al fútbol, si es durante un partido.

Generalmente, en menores de 35 años, como fue el caso del jugador de fútbol Balanta, la muerte súbita se desencadena por patologías congénitas. La más frecuente es la miocardiopatía hipertrófica (engrosamiento del músculo cardíaco), seguida por la miocardiopatía arritmogénica (una enfermedad del músculo cardíaco), malformaciones coronarias o canalopatías (anomalías genéticas en proteínas de las células cardíacas que controlan la actividad eléctrica del corazón).

Este tipo de patologías pueden desencadenar una arritmia grave que se denomina fibrilación ventricular, que hace que el corazón tiemble y pierda la capacidad de contraerse y, por eso, la persona muere. Si se actúa rápido con el desfibrilador, se logra normalizar la función cardíaca.

Es necesario cardioproteger los lugares de mucha concentración de gente y realización de práctica deportiva cuenten, tal como establece la ley nacional N° 27.159, sancionada en 2015 y reglamentada en julio de este año. Cardioproteger un lugar es un acto médico, que debe ser realizado profesionalmente. Debe contemplar la formación del personal en maniobras de RCP, la disposición de desfibriladores, pero auditando el espacio para determinar la cantidad de equipos necesarios, la ubicación más conveniente para colocarlos y la adecuada señalización para que, ante necesidad, se los encuentre rápidamente.

Sucede 1 muerte cada 1200 por incendio y existe la cantidad necesaria de matafuegos disponibles para mitigar los incendios. Sin embargo, 1 de cada 5 muertes son por el corazón y no hay desfibriladores suficientes, cuando en realidad es 200 veces más frecuente morirse del corazón que por un incendio.

Lamentamos el desenlace del episodio ocurrido, que en ocasiones es inevitable, pero nos parece una oportunidad que nos permite contribuir a la concientización sobre la importancia de que la gente se capacite en técnicas de RCP y utilización del desfibrilador, para aumentar las chances de que una persona que sufre un evento de muerte súbita llegue con vida a un hospital.

 

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