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Natalidad en descenso: desafíos, oportunidades y una nueva mirada sobre la maternidad

En el mundo las cifras son históricamente bajas. El desafío de diseñar políticas de largo plazo que prioricen bienestar, cuidado y calidad de vida.
Sabado, 10 de enero de 2026 17:49
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La disminución de la natalidad es un tema ya instalado en las agendas políticas y mediáticas a nivel global luego de que se conoció que en 1970 las mujeres tenían en promedio 4,8 hijos, pero para 2024 esa cifra se redujo a 2,2 hijos por mujer.

En Argentina, la tasa de natalidad cayó de 18,2 por mil habitantes en 2014 a 10,7 en 2022, mientras que, en una década, el país pasó de 770.000 nacimientos anuales a 460.902 en 2023.

“Estas cifras reflejan un cambio profundo en la percepción de la maternidad. No alcanza el análisis demográfico si no comprendemos el enorme cambio que atraviesan nuestras sociedades y nuestras familias”, afirma el obstetra Mario Sebastiani, obstetra.

El especialista añade: “Cada vez más mujeres, en línea con tendencias observadas en todo Occidente, asocian la llegada de un hijo con una pérdida significativa de libertad y con una inversión de tiempo y recursos cuyo ‘retorno’ resulta incierto en un contexto económico inestable”.

Tener menos hijos, o no tenerlos

Según declaraciones del especialista a las que tuvo acceso la Agencia Noticias Argentinas, el desplazamiento de prioridades personales y familiares se combina con condiciones estructurales que dificultan proyectar la crianza a largo plazo. Esa suma de factores lleva a que muchas mujeres decidan tener menos hijos o, directamente, no tenerlos.

En tanto, aunque suele presentarse como un fenómeno exclusivamente negativo, varios demógrafos advierten que el actual descenso de la natalidad también abre una ventana de oportunidad, tal y como analiza Sebastiani, autor de La caída de la natalidad: lo bueno y lo malo, nuevo libro del sello editorial de la Universidad Hospital Italiano, publicación que aborda la problemática desde una perspectiva integral.

La ventaja derivada de una menor presión demográfica podría destinarse a mejorar la calidad de vida, la educación, el acceso al arte y el esparcimiento de los niños en la actualidad. Del mismo modo, es esperable que aumente la inversión destinada a la tercera y cuarta edad.

Bienestar y la libertad reproductiva

Sebastiani sostiene que la caída de la natalidad no puede entenderse sin considerar los avances en derechos reproductivos, el acceso universal a la anticoncepción y la posibilidad de elegir el momento de la maternidad. “Tener un hijo dejó de ser un mandato biológico para convertirse en un proyecto elegido, y esa transformación es un indicador de autonomía y madurez social”, resalta.

Aun así, advierte que la decisión de formar una familia requiere condiciones materiales que acompañen ese proyecto: vivienda, servicios básicos, salud, educación, tiempo y calidad de vida.

“Desde esta perspectiva, el debate sobre natalidad se fortalece cuando se protege la libertad reproductiva y se diseñan políticas de largo plazo que pongan en el centro el bienestar de las personas, y no la urgencia coyuntural”, concluye el obstetra.

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