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12 de Abril,  Salta, Centro, Argentina
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Milei enfrenta el desafío de revitalizar su proyecto

Domingo, 12 de abril de 2026 01:50
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La actual coyuntura nacional, tanto desde la perspectiva económica como desde el funcionamiento político, requiere un replanteo, y probablemente, un golpe de timón en el Gobierno. La caída de la actividad industrial y la paralización generalizada se hacen sentir entre la gente y tienen efectos deprimentes.

La confianza en los resultados del proyecto basado en el superávit fiscal y comercial - como todas las expectativas sociales de cualquier programa - no son un cheque en blanco, y tienen fecha de vencimiento.

El retroceso de la inflación, objetivamente verificado, es un logro, pero que no repercute en los bolsillos porque los ingresos siguen estando demasiado lejos del aumento de los precios. La fortaleza de la producción de hidrocarburos, el alentador nivel de las agroexportaciones y el auge de la minería no se materializa todavía en el aumento del empleo registrado y de calidad. Lo mismo ocurre con los éxitos financieros y la mejora en el índice de riesgo país.

Las desavenencias con el sector industrial son explícitas. El gobierno exige que las empresas se sostengan en la competencia libre en el mercado internacional. Pero, con un dólar desfavorable, al mismo tiempo abre de par en par las puertas a la importación de productos que se fabrican en economías proteccionistas y que llegan con precios de dumping.

Además, las oscilaciones del precio del petróleo son la secuela previsible de la guerra contra Irán. La crisis del petróleo de 1973 alteró violentamente el sistema económico mundial. No sabemos hasta dónde llegará la de estos días. Por más que sea un país productor, la inestabilidad de los precios internacionales de los combustibles tiene un efecto decisivo en la Argentina.

El presidente Javier Milei tiene entonces un imperativo, que es el de recuperar la confianza de la gente en el proyecto emprendido desde 2023. En primer lugar, moderando el discurso y el lenguaje, porque la vehemencia que puede servir para una campaña se da de frente con la prudencia política, que es la virtud del buen gobierno.

Es desaconsejable seguir denunciando supuestas conspiraciones y acusando al periodismo sin ton ni son. Por el contrario, hay que despejar todas las dudas y, frente a las denuncias de corrupción, dar explicaciones claras y sin atisbos persecutorios, dejar actuar a la Justicia y tomar las decisiones que sean necesarias, porque la Nación y el gobierno están por encima de cualquier ministro, por amigo que sea del presidente.

El país necesita un relanzamiento, simplemente, porque no se puede mirar para atrás. Y ese relanzamiento requiere, en primer lugar, una estrategia política, basada en objetivos nacionales por encima de las ilusiones electorales. Los "cerebros de campaña" no suelen ser buenos consejeros para gobernar.

Por otra parte, es importante moderar el entusiasmo ideológico. La ideología, en un momento, obnubila. El presidente Donald Trump y los primeros ministros de Italia, Giorgia Meloni, y de Hungría, Viktor Orbán, a cuyas líneas el gobierno argentino adhiere, atraviesan difíciles momentos electorales. Javier Milei está a tiempo de evitar que aquí ocurra lo mismo.

Para las elecciones presidenciales falta un año y medio. El desasosiego y la pérdida de expectativas de la gente es perceptible, pero también es claro que ni los sindicatos ni las organizaciones radicalizadas la representan. La ciudadanía no olvida el pasado y en el espectro de una oposición fragmentada no aparece ningún liderazgo que no encarne aquello a lo que nadie quiere volver.

Milei debe exhibir destreza para mantener el rumbo, pero, al mismo tiempo, estará obligado a garantizar los servicios esenciales básicos, como los de salud y educación de todos los niveles.

Si su estrategia no registra acertadamente la realidad social y las demandas legítimas de empresarios, trabajadores y jubilados, se van a dificultar los consensos imprescindibles que necesita un proyecto de gobierno.

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