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El desafío más grande de esta misión fue sin duda la reentrada atmosférica, un tramo crítico en cualquier misión espacial tripulada. Durante seis minutos de incomunicación total, los astronautas cruzaron la atmósfera a una velocidad de 40.000 km/h y soportaron temperaturas extremas de hasta 2.700 ºC, convirtiendo la cápsula en una antorcha incandescente.
El momento más crítico: la reentrada a la atmósfera
El reingreso a la atmósfera terrestre es uno de los momentos más peligrosos de cualquier misión espacial. A medida que Orion descendía a través de las capas atmosféricas, su escudo térmico fue crucial para proteger a la tripulación. Este escudo, compuesto por titanio y recubierto con 186 bloques de Avcoat, absorbió la intensa fricción y calor generados a más de 2.670 ºC. Según los astronautas, este tramo fue comparable a viajar dentro de "una bola de fuego", mientras el plasma generado por la fricción envolvía la cápsula.
La fase de apagón de comunicaciones de seis minutos, cuando Orion entró en contacto con las capas densas de la atmósfera, dejó a la misión en completo silencio. Durante esos minutos, los astronautas monitoreaban los sistemas internos sin poder comunicarse con el control de misión en Houston.
Desaceleración y despliegue de paracaídas
A medida que Orion descendía hacia la superficie del océano Pacífico, la cápsula redujo su velocidad de manera drástica. A 8.077 metros de altura, los sistemas pirotécnicos activaron el despliegue de los paracaídas, comenzando con tres de 2,1 metros de diámetro. Luego, los paracaídas de frenado de 7 metros y, finalmente, los tres paracaídas principales de 35,3 metros de diámetro lograron desacelerar la cápsula a menos de 32 km/h, una velocidad óptima para un amerizaje controlado.
El amerizaje en el Pacífico, frente a la costa de San Diego, California, se produjo a las 21:07 hora argentina, completando un viaje de 1.118.624 kilómetros por el espacio, que incluyó un histórico sobrevuelo lunar.
El protocolo de rescate
El amerizaje de Orion activó inmediatamente el operativo de rescate, liderado por la NASA y la Marina de los EEUU. Equipos a bordo del barco USS John P. Murtha se prepararon para la extracción de la cápsula. En cuanto Orion tocó el agua, dos helicópteros y embarcaciones auxiliares se desplegaron para asegurar que la tripulación fuera retirada de manera rápida y segura.
Liliana Villarreal, directora de recuperación de Artemis, comentó: “Esperamos recuperar a la tripulación y llevarla a la sala médica en dos horas desde el amerizaje.” A continuación, la cápsula será trasladada a bordo del USS John P. Murtha y llevada por tierra hasta el Centro Espacial Kennedy en Florida, donde será inspeccionada minuciosamente.
Lecciones de concentración y rigor extremo
Para los astronautas, el regreso a la Tierra fue un ejercicio de concentración absoluta. Victor Glover, uno de los tripulantes, describió el proceso previo a la reentrada como uno de los momentos más exigentes: “Sabes que se acerca el apagón. Simplemente sigues adelante, concentrado, monitoreando los sistemas. No hay mucho más que puedas hacer.”
El protocolo de entrenamiento para esta fase de la misión se realizó bajo condiciones extremas, con simulaciones de reentrada, monitoreo de cada sistema y ensayo de posibles fallos, todo ello bajo la supervisión de la NASA y la Agencia Espacial Canadiense (CSA).