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Elena del Carmen Argañaráz: "Yo, perdí un hijo, pero he ganado varios"

Daniel Agustín Farfán había expresado en vida su voluntad de donar órganos. Tras sufrir un ACV fatal, su madre, Elena, respetó su decisión y hoy, desde General Güemes, comparte una historia atravesada por el dolor, la solidaridad y la esperanza.
Viernes, 29 de mayo de 2026 17:04
Elena del Carmen Argañaráz, derecha.

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Elena, donó los órganos de su hijo...

Sí...

¿Me quiere contar?

Sí, él decidió donar los órganos cuando fue a cambiar su DNI, o sea, a los 18 años. Volvió a la casa y me dice: "Mamá, soy donante".

"¿Cómo que donante?", le digo. "¿De qué?". "De órganos", me dice. "Ah, ¿y cómo es eso?". "Ahí me hicieron los documentos y me preguntaron si quería ser donante voluntario y yo les dije que sí", dice. Ay, papá, le digo, porque era tan chiquitito... Era petisito. "¿Y qué vas a donar, hijo?", le digo. "Aunque sea los ojos", me dice.

Y bueno, ahí nos reímos. "Bueno, hijo, ya está bien", le digo yo. Pasaron los años. Uno a veces cree que esas cosas nunca van a llegar y llega el momento. Así fue cuando tuvo ese ACV. Fuimos al hospital San Bernardo. Ya estaba él ahí porque lo habían traído de las minas. Él trabajaba en las minas. Había entrado hacía una semana a trabajar.

¿Y qué le dijeron que le pasó?

Fue un ACV, porque se le reventó un aneurisma. Él había nacido con eso, nada más que no se descubría porque no presentaba síntomas. Quizás lo sentía y no decía nada.

Los últimos días que estuvo acá, antes de irse, yo le pregunté porque le veía los ojos rojos. "¿Vos, Dani, estás bien?". "Tengo un poquito de dolor de cabeza", me dijo. "Hijo, dejá de andar fumando, cómo no vas a hacerte tomar la presión". Y lo agarró allá, en las minas...

Mi hijo Daniel Agustín Farfán tenía 37 años. Falleció El 25 de enero de 2019.

¿Tiene más hijos?

Sí, tuve cuatro hijos: dos varones y dos mujeres. Él era el penúltimo.

¿Y después de eso usted recuerda que ya estaba asentada su voluntad en el DNI?

Sí, ya estaba todo. Ahí le hicieron todos los estudios y lo pasaron a terapia intensiva, pero él ya tenía muerte cerebral. Entonces salió un doctor y me empezó a hablar de la donación de órganos. Hasta ese momento yo no caía, no me acordaba. Y cuando me empezó a decir que existía la posibilidad de donación, ahí me acordé de que él me había dicho que se había anotado como donante.

Le dije: "Doctor, si él ha sido donante, ha sido su voluntad en vida". Así se hicieron todos los papeles correspondientes.

Ese momento debe haber sido muy difícil.

Sí, nos ha costado mucho. Inclusive mi hija mayor decía que no. Pero yo le decía: "Ha sido la voluntad de él y así él estaría contento". Porque él siempre repetía: "Aunque sea los ojos voy a donar".

¿Esa decisión fue en familia?

Sí, con mis hijas y también con su novia, que hacía 20 días había tenido una bebé de él. Se llama Milagro Agustina Farfán.

Después de la decisión se procedió a la ablación. Él viajó un lunes a la madrugada a las minas y entre miércoles y jueves me avisaron que había tenido el ACV y que lo traían a Salta. El sábado recién se hizo la ablación y me entregaron el cuerpo.

¿Hasta ese momento usted conocía al grupo de trasplantados de Güemes?

No, no los conocía. Llegué ahí por medio de una amiga que tiene un hijo trasplantado. Ella me llevó y así conocí a María. Me ayudan mucho y me acompañan.

¿Qué órganos se ablacionaron?

Las córneas, hígado, riñones y médula. El corazón me dijeron que no porque no encontraban receptor.

¿Usted sabe adónde fueron esos órganos?

Las córneas quedaron en Salta y los demás órganos fueron al Garrahan y creo que también a Misiones o Corrientes.

En el Día de la Donación de Órganos. ¿Qué reflexión hace?

Aparte de ser el Día de la Donación de Órganos, es el cumpleaños de él. El 30 de mayo era su cumpleaños. Yo de él tenía muchas señales. Era como que siempre aparecía cuando alguien lo necesitaba. Mucha gente me contó historias después de que falleció.

Le decían "Chato". Me decían: "Señora, estaba en medio de la ruta sin saber qué hacer y apareció Chato de la nada". Cuando no trabajaba en la mina era remisero. Ayudaba mucho a las personas mayores. Iba a verlas, les hacía el fuego, las acompañaba. Era un chico tan generoso. Nunca fue mezquino. Siempre estaba para sus hermanos y era feliz compartiendo con alguien. Ahora la vida es muy distinta para mí.

Por cómo lo recuerda, era muy alegre e inquieto.

Sí, inquieto era mi hijo. Y nosotros sentimos que él quería trascender. Siempre quería ayudar, hacer más por los demás. Ya pasaron siete años. Y mi nietita también tiene siete años. Cuando la traigo a casa no quiere irse. Me dice: "Un ratito más".

¿Qué reflexión puede hacer sobre la donación de órganos?

Para nosotros fue una mezcla de dolor y alegría. Pero para mí la donación de órganos es algo positivo. Nosotros estamos a favor. Conozco chicos trasplantados y verlos bien nos pone contentos. Yo siempre digo: "Perdí un hijo, pero gané varios". Porque sé que hay un pedacito de él en varias personas, espero haya salido todo bien.

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