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El Día del Niño y una pregunta que surge con frecuencia: ¿hay una edad para dejar de regalar?

La adolescencia parece llegar cada vez más temprano y la duda se instala en muchas familias: cuándo dejar de regalar y cuándo un chico deja de sentirse parte de esta celebración. No existe una edad establecida y, detrás del debate, aparece una certeza: el afecto no tiene fecha de vencimiento.

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A medida que se acerca el Día del Niño, una pregunta suele aparecer en muchas familias¿hasta qué edad corresponde hacerles un regalo a los hijos? La respuesta parece sencilla cuando son chicos, pero se vuelve bastante más difusa cuando empiezan a transitar esa frontera entre la niñez y la adolescencia. Entonces, esa frontera ya no resulta tan fácil de marcar.

La preadolescencia parece haberse adelantado respecto de décadas anteriores y algunas conductas, intereses y formas de relacionarse propias de etapas posteriores comienzan a aparecer desde los 8, 9 o 10 años. La Organización Mundial de la Salud, de hecho, ubica la adolescencia entre los 10 y los 18 años.

Entonces, ahí empieza el dilema ya que para muchos padres, un hijo sigue siendo un niño aunque ya haya cambiado los juguetes por el celular, haya comenzado la secundaria o reclame mayor independencia. Del otro lado, también están aquellos chicos que hacen gala de su adolescencia, aseguran que el Día del Niño "ya no es para ellos", pero que en algún rincón todavía esperan que aparezca un paquete con moñito, una salida especial o algún gesto fuera de lo cotidiano.

¿Hay una edad para dejar de regalar?

Lo cierto es que no existe una edad fija ni un límite legal ni moral para celebrar el Día del Niño. En la práctica, el festejo tradicional suele mantenerse con mayor fuerza hasta los 12 o 13 años, coincidiendo aproximadamente con el final de la escuela primaria y el ingreso a la secundaria.

También es la franja sobre la que habitualmente se concentran las propuestas infantiles de comercios, jugueterías, marcas y actividades públicas. Sin embargo, se trata más de una convención social que de una regla.

El problema surge cuando se pretende establecer un corte demasiado rígido. Cumplir 13 años no implica necesariamente que alguien deje, de un día para otro, de valorar esas pequeñas tradiciones familiares. Del mismo modo, hay chicos más pequeños que prefieren una experiencia, una salida, ropa o tecnología antes que un juguete. Quizás, entonces, la discusión no debería pasar tanto por hasta qué edad regalar, sino por entender que el regalo también puede cambiar junto con los hijos.

Durante los primeros años puede ser un juguete, más adelante una chomba, un libro, una comida elegida por ellos mismos, entradas para un espectáculo, una salida en familia o simplemente algún detalle inesperado. Porque detrás del objeto está el verdadero sentido de estas fechas, hacer sentir al otro querido y tenido en cuenta.

Para los padres, además, existe una dimensión difícil de encasillar en edades. Los hijos crecen, cambian sus intereses y buscan independencia, pero eso no necesariamente modifica la mirada familiar. A los 8, a los 13 o a los 20, para muchos seguirán siendo aquellos chicos que alguna vez esperaron ansiosos un regalo al despertarse.

Por eso, más allá de clasificaciones sobre cuándo termina la infancia y comienza la adolescencia, quizás no haya demasiado que discutir. Un presente, una experiencia compartida, una pequeña celebración o simplemente un gesto de cariño difícilmente estén de más.

Después de todo, el Día del Niño puede dejar de ser una fecha esperada por los juguetes, pero no necesariamente por el afecto. Y, con más o menos años encima, casi todos conservan algo de aquel chico que alguna vez esperó con ilusión que alguien se acordara de él.

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