inicia sesión o regístrate.
Detrás de una de las imágenes más esperadas de cada septiembre en Salta existe un trabajo silencioso, cargado de historia y devoción. La corona de claveles que acompaña a la Virgen del Milagro no solo representa un adorno: guarda las intenciones, promesas y agradecimientos de miles de fieles que acercan sus flores cada año.
En Tal Cual, el programa que se emite de lunes a viernes de 11 a 13 por el canal de Youtube de El Tribuno, hablamos con Alicia Puló, integrante de la familia encargada de este honroso labor, quien reveló detalles y curiosidades de una tarea que se transmite de generación en generación.
“El armado de la corona de la Virgen data desde fines de 1800”, explicó Alicia. Según contó, la historia comenzó con Doña Josefa González de Ovejero, quien decidió utilizar las flores de su finca para ornamentar las imágenes. Con el paso del tiempo, esa costumbre quedó en manos de las mujeres de la familia y hoy es la séptima generación la que está a cargo.
Miles de historias y promesas
Uno de los detalles más emotivos que contó Alicia es que cada clavel que llega para la Virgen tiene un significado especial. No se trata simplemente de una flor más: representa una petición, una gracia recibida o el agradecimiento de algún salteño.
“Cada clavel que cada salteño donó por un pedido o agradecimiento está sí o sí en la corona”, explicó. Incluso aquellos claveles que no pueden utilizarse por su estado son transformados en los pétalos que luego caen desde el campanario al final de la celebración.
Días de trabajo
El trabajo comienza varios días antes de la procesión. Los claveles son preparados uno por uno, alambrados desde el cáliz de la flor para darle firmeza a la estructura y luego agrupados en pequeños ramos que forman la corona.
Actualmente la corona de la Virgen lleva alrededor de 4.000 claveles, aunque Alicia recordó que antiguamente eran aún más grandes y podían llegar a unos 8.000, cuando las imágenes todavía eran trasladadas en andas por las calles.
Una tradición que se vive desde la infancia
Alicia contó que formar parte de esta tarea no fue una elección puntual, sino una forma de vida. “Ni siquiera se transmite. Lo vivimos todos los años desde que nacimos”, relató al explicar cómo los integrantes más pequeños de la familia empiezan a participar desde muy chicos.
Alrededor de 30 personas colaboran actualmente en distintas etapas del armado. Desde los adultos que organizan la estructura hasta los niños que ayudan a limpiar los claveles y preparar los pétalos.
Para Alicia, el momento de ver salir a la Virgen durante la procesión tiene una emoción difícil de explicar. “Es como si fuera la primavera espiritual”, expresó.
Llevar la corona hasta la Catedral
El traslado de la corona también tiene su propio ritual. Para mover la estructura, la familia utiliza una herramienta especial conocida como “camafetro”, una estructura de hierro diseñada para poder levantarla y colocarla en la imagen de la Virgen.
La corona es trasladada con la ayuda de varios hombres hasta la Catedral, donde finalmente queda ubicada en la imagen para la celebración. Es un momento reservado, de mucho cuidado y respeto. Alicia aclaró que la familia no toca la imagen, sino únicamente la parte necesaria para colocar correctamente las flores.
Esta labor es una de las tantas historias silenciosas que forman parte del Milagro. Detrás de cada flor, cada pétalo y cada detalle hay generaciones de familias que entregan su tiempo, su trabajo y su devoción para acompañar una celebración que atraviesa a miles de personas.
Para Alicia, ese compromiso tiene un significado especial: “Es nuestra manera de hacer el milagro también”, una frase que resume el espíritu de quienes, año tras año, ayudan a mantener viva una tradición que florece junto con la fe de todo un pueblo.