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Los historiadores han especulado largamente sobre el efecto que, sobre las fortunas de España ejercieran el oro y la plata del Nuevo Mundo. Nosotros, en las Américas, nos hemos inclinado a creer que este tesoro ejerció una influencia profunda y quizá decisiva. Por citar dos ejemplos: sabemos que sólo la oportuna llegada del oro mexicano llevado por Hernán Cortés, en las postrimerías de 1519, salvó a Carlos I de la bancarrota en la época que era anunciada su elección como emperador. Y que el descubrimiento en 1545 de los fabulosos depósitos del Potosí en los Andes del Perú se produjo oportunamente para socorrer el tesoro real. Parece razonable suponer que la riqueza del Nuevo Mundo pudo haber dado coraje a la mente ambiciosa de los actores que protagonizaron la conquista, población y fundación en aquellos remotos parajes y en lejanas jornadas. Más allá de la cantidad exacta del tesoro de América que llegó a la España de Carlos V, hay otra forma de fortuna que permanece inalterable y que cabe desentrañar.
El otro tesoro
Empero, otro tesoro se esconde en aquellos primeros siglos de la ocupación hispana en América.
El español en Indias demostró poseer, junto a otras, excepcionales dotes de observador. Esto lo lleva a registrar en los viajes de descubrimiento y en los de colonización cuando descansa con la pluma en la mano, un importante cúmulo de datos que sus escritos llegan a difundir enseñanzas comparables por su riqueza, a los muchos tesoros encontrados. La extraordinaria riqueza de la documentación tanto como el tesoro material destaca por su abundancia.
Colón comenzó con la práctica de escribir sobre América, y muchos siguieron su ejemplo. La conquista excitó tanto la imaginación de los españoles que ésos acabaron considerando a aquella como el hecho más trascendental desde el advenimiento de Cristo. Mientras los conquistadores recorrían vastas extensiones por tierra y mar, y los misioneros se daban a la tarea de cristianizar a millones de aborígenes, iban reuniendo material histórico y redactaban obras de tal naturaleza en gran escala.
El deseo de que el registro fuera conocido, así como que la naturaleza de las tierras transoceánicas fuera descripta, indujo al Consejo de Indias a establecer, no mucho tiempo después de la muerte de Carlos V, el cargo de Cosmógrafo y Cronista Mayor, cuya obligación era dedicarse a escribir la historia de las Indias en el plazo de un año.
La Recopilación de las Leyes de Indias explica esta decisión y su motivo: "Porque la memoria de las hechos memorables y señalados, que ha habido y hubiere en nuestras Indias se conserve, el Cronista Mayor de Indias, que ha de asistir en nuestra Corte, vaya siempre escribiendo la historia general de todas sus provincias, o la particular de las principales de ellas, con la mayor precisión y verdad que se pueda, averiguando las costumbres, ritos, antigüedades, hechos y acontecimientos, con sus causas, motivos y circunstancias, que en ello hubiere para que de lo pasado se pueda tomar ejemplo en el futuro, sacando la verdad de las relaciones y papeles más auténticos y verdaderos, que se nos enviaren a nuestro Consejo".
En la época de Carlos V, la redacción de la historia sobre América no era en verdad una actividad oficialmente aprobada, sino más bien una manifestación de la certeza de España con respecto a su alto destino en el Nuevo Mundo, y de su modo renacentista de vida.
Los eclesiásticos, siempre presentes durante la conquista, también compartieron este sentimiento, pues escasamente una década después de que los franciscanos llegaron a Nueva España encomendaron a uno de sus miembros la realización de una historia de sus éxitos hasta entonces: Fray Pedro de Gante, escribió "Doctrina Cristiana", en náhuatl y español, y se considera uno de los primeros textos pedagógicos cristianos en América. Este fraile, enseñó a leer y escribir, cantar y tañer instrumentos musicales y la doctrina cristiana, primero en Texcoco y luego en México.
Aventura, épica y cruzada
Cabe señalar que el descubrimiento de América es casi coetáneo con la finalización de la reconquista hispana en la que se desalojó de manera definitiva a los árabes de la península, hecho que conllevaba y se vivenciaba como un movimiento de Cruzada. Los habitantes de la península habían protagonizado una gesta de niveles épicos, por consiguiente, los rasgos de grandeza y de triunfo insuflan los espíritus que se lanzan a la mar océano en otro acto de arrogancia y de revivir una nueva epopeya. Es menester considerar el contexto renacentista en el que desarrolla tal empresa.
Además, anida en esos espíritus hispanos un marcado sentimiento aventurero en todos los territorios americanos. Por ejemplo, el joven conquistador Diego de Ordaz anhelaba descubrir qué yacía en el fondo de un volcán mexicano, y finalmente obtuvo consentimiento, aunque de mal grado, de su jefe Cortés, quien le autorizó a realizar la peligrosa empresa de ascender al cráter porque "los indios deben saber que nada es imposible para un español".
Al leer las numerosas crónicas antiguas se tiene la impresión de que los españoles tenían conciencia de la importancia histórica de los sucesos en los cuales participaban y que realmente no hubo nada que un español no pudiera hacer o por lo menos que no intentara hacer.
Debe reconocerse también el gran interés que presenta la obra de estos cronistas antiguos, se podría exaltar su coordinación interdisciplinaria. Ellos observaron la conquista al tiempo que la vivían y sobre la marcha discurrieron sobre enfermedades y muerte, arte y cocina, idiomas y enorme cantidad de tópicos cuyo análisis les atraía en el Nuevo Mundo.
Aún Bartolomé de las Casas, el más conocido por sus impresionantes estadísticas sobre los indios muertos durante la conquista y por sus escritos polémicos, también reveló profundo interés por la educación, gran competencia en psicología y una dedicación por el estudio de la naturaleza.
Todas estas crónicas y otras similares han sido constantemente consultadas y divulgadas, en verdad debería decirse que ellas han sido explotadas por los historiadores en la misma forma en que los antiguos mineros del Potosí explotaron los más ricos depósitos de plata.
La voluminosa correspondencia privada de los españoles en América que ejercieron una libertad de expresión poco frecuente; al menos durante la época de Carlos I; como así el número verdaderamente impresionante de legajos de los registros judiciales y notariales que contienen valiosos datos históricos y también relatos biográficos redactados por los conquistadores que perseguían una pensión o un ascenso en la Corona, representan un rico material. Solo los registros manuscritos de la residencia constituyen una amplia colección de considerable valor, con la que es posible obtener de la vida en América una pintura más real que la que se logra a través de la versión moderada que dan a veces los documentos oficiales.
El impacto cultural
Además de esta imponente documentación, debería mencionarse otro aspecto de este tesoro de las Indias. Se trata de la habilidad artística de los indios: en efecto, América ha tenido un relativo impacto artístico en Europa, pero en general el Nuevo Mundo despertó la curiosidad europea y llevó al viejo continente a profundas especulaciones sobre la naturaleza del hombre. Como lo expresara Francisco Romero, el filósofo argentino: "hubo durante estos años un desarrollo de una nueva filosofía, una nueva visión del cosmos y una nueva ciencia de la naturaleza".
La preocupación por el Nuevo Mundo no se limitaba a España, antes bien se extendía allende los Pirineos: el franciscano alemán Nicolás Herborn, observó el proceso en forma simultáneamente optimista y lúgubre. Preocupado por la expansión del protestantismo, alentó una brillante conquista espiritual en América, ello le indujo a elaborar en 1529 un "Methodus praedicandi", para conseguir por medio de la reforma de la cristiandad, atajar la expansión protestante y compensar las pérdidas de la Iglesia en Europa mediante la evangelización de los indígenas americanos.
La enorme masa de documentación ha convocado y convoca a una variada selección de especialistas; antropólogos, economistas, geógrafos y sociólogos. Un gran logro para los representantes de las ciencias sociales y de las humanidades, pues nadie se irá con las manos vacías.
Este otro tesoro de las Indias ayuda a lograr el objetivo que consiste en procurar revivir la imagen ya cristalizada de hechos ocurridos en lejanos lugares y en tiempos pasados por medio del discernimiento y la comprensión espiritual, eso que nosotros llamamos Historia. La rica y copiosa documentación histórica de y sobre el Nuevo Mundo en la época de Carlos V es una poderosa ayuda para profundizar y transformar el conocimiento que poseemos de América y Europa en aquellas decisivas décadas del siglo XVI.
Profusos y densos fondos documentales que permiten la escritura y la visibilización de aspectos de un tiempo fundacional, en el que el encuentro de culturas signó los tiempos posteriores y el establecimiento de relaciones de diverso alcance. Historias que esperan ser narradas y revisadas en base a soporte de fuentes y que deben ser puestas en diálogo por los historiadores contemporáneos y que han de alumbrar el conocimiento en tiempos de fidelidad regia, en el que ojos asombrados observaban la integración de nuevas tierras a la incipiente globalización.
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