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Vicios del pensamiento único

Sabado, 14 de marzo de 2026 01:47
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Cuando hablamos de pensamiento único nos referimos al intento de imponer una uniformidad de ideas y opiniones, limitando o excluyendo, de forma obvia, cualquier diversidad de pensamiento.

En un rasgo típico de los fundamentalismos de todos los tiempos, quienes confunden "opinión" con "dogma". Y es el rasgo dominante de la actual "cultura de la cancelación", que no admite matices en su visión acerca de temas de agenda tales como la identidad de género, el lenguaje inclusivo, el indigenismo, el medio ambiente, a historia y hasta la educación sexual de los hijos.

Es la pretensión de ser dueño absoluto de la verdad, o el camuflaje discursivo de la ambición de poder.

Cuando pasa a la política, es nocivo, y mucho: el extremo: la Alemania nazi y el imperio soviético. Pero, sin llegar a tanto, su esencia es el rechazo a ideas y opiniones diferentes o divergentes, imponiendo una manera única de pensar como la correcta o válida, lo que lleva la intolerancia a su más alta expresión, llegando a la violencia en demasiadas oportunidades. Da lugar al nacimiento de la censura, la falta de creatividad y por consiguiente de innovación en el pensamiento. Todo ello solo significa retraso, algo que no queremos y menos necesitamos.

Las diferencias entre el pensamiento único de Juan Domingo Perón y el de Javier Milei son bien marcadas, ya por las diferentes corrientes ideológicas que representan como por las circunstancias políticas y sociales en las que surgieron o de las cuales provienen.

El pensamiento único de Perón se enmarca en una corriente política que combina el nacionalismo junto al populismo a lo que se suma el sindicalismo, acentuando la intervención del Estado en la economía y en la protección de los sectores más vulnerables

Por la otra parte, Javier Milei expresa una corriente liberal radicalizada con promoción de la libre competencia, la desregulación económica con la consiguiente reducción del Estado y la defensa de las libertades individuales.

Perón defendía la centralización y concentración del poder en torno a su liderazgo, promoviendo un pensamiento único que subordinaba los intereses individuales al bien común y al proyecto del líder.

Milei en cambio defiende la autonomía individual, la libertad de mercado limitando el poder del Estado y apostando por la competencia y la libre elección de los ciudadanos. Paradójicamente, con intolerancia.

El peronismo se hace fuerte en el nacionalismo, poniendo énfasis en la identidad argentina y la solidaridad en el ámbito de la sociedad. Milei en cambio apunta a un enfoque más cosmopolita, con apertura al comercio internacional con integración global y libertad individual más allá de las fronteras.

Las diferencias son ideológicas y chocan por el papel que se asigna a un Estado.

Por un lado, tenemos al peronismo centralizando el poder y dando sustento a la solidaridad nacional bajo la protección de un Estado benefactor. Como contraparte encontramos el liberalismo de Milei defendiendo decididamente la autonomía individual, la libertad de mercado y la integración global. Una grieta abierta por la intolerancia.

Creo tener coincidencias al decir que cualquier pensamiento único no es recomendable para cualquier sociedad, valga la redundancia.

La democracia por la que bregamos todos los días nos exige un renunciamiento a este tipo de pensamientos y luchar por la libre expresión de nuestros sentires, donde el consenso es la nave insignia.

Debemos saber convivir con gente que piense distinto. No olvidar que en la diversidad se crece y se progresa.

Y bajo estos andares cíclicos a los que ya estamos acostumbrados, se mueven millones de argentinos en la búsqueda de un mejor nivel de vida para ellos y sus generaciones futuras.

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