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En la tercera jornada del juicio por el femicidio de Mercedes Kvedaras, ocurrido el 4 de agosto de 2023 en el barrio El Tipal, declaró como testigo de la defensa Enrique “Puma” Juncosa, tío carnal y padrino del imputado José Eduardo “Jota” Figueroa.
Al comenzar su testimonio, Juncosa señaló su vínculo con el acusado. “Es mi sobrino, mi ahijado”, expresó ante el tribunal, y pidió a los jueces que actúen con justicia.
Indicó que Figueroa trabajó en su estudio jurídico de calle Rivadavia al 300, incluso antes de recibirse de abogado, y dijo que lo vio ejercer la profesión durante años.
Al referirse a la relación de pareja, sostuvo: “Mercedes tenía un temperamento fuerte. Era dominante”, y agregó que, según su apreciación, era quien imponía su carácter dentro del vínculo. También señaló que Figueroa era quien sostenía económicamente a la familia y que la ayudó a montar un negocio de productos naturales y dietéticos en la zona de Leguizamón al 400, luego de que ella dejara de trabajar en el geriátrico familiar. Luego ella retomó la carrera de Inglés en la Universidad Católica de Salta.
Durante su declaración, incorporó un relato referido por un peón rural de una finca en Rosario del Lerma, identificado como Normando Gerez, quien —según dijo— escuchó una conversación telefónica entre la pareja mientras Figueroa se encontraba en ese lugar. De acuerdo a ese relato, la mujer lo habría increpado con insultos y reclamos por una canilla rota.
Juncosa señaló que sus hijos compartían espacios en común, que Mercedes había sido compañera de su hija Soledad en el colegio San Pablo y que, aunque no eran íntimas, formaban parte del mismo grupo. También indicó que a Rosario, hermana de la víctima, la conocía desde los 12 años y que tenía una relación cercana con su hija Consuelo. Agregó que Manuel Kvedaras había sido compañero de rugby de otro de sus hijos.
Juncosa también se refirió a una situación que, según dijo, conoció de manera indirecta. Relató que su sobrino Martín Mendioroz le comentó en su estudio que Mercedes habría tenido un vínculo con un profesor de gimnasio y que consideraba que debía informárselo a Figueroa. Indicó que, tras ese episodio, el imputado se fue unos días a la casa de su madre, María Cristina Juncosa.
En ese contexto, recordó que en una oportunidad Figueroa llegó con una bufanda y “los ojos entristecidos” y le expresó: “Pobre Mer, va a quedar excluida de la familia”. Señaló que le respondió que respetaría su decisión y la relación. También indicó que luego comentó la situación a su hermana, al considerar que el imputado iba a necesitar acompañamiento, y que después no volvieron a hablar del tema.
En relación a los días previos al hecho, Juncosa se refirió a una conversación mantenida con Figueroa el martes 1 de agosto, tres días antes del crimen. Dijo que ese día, cerca de las 10 de la mañana, el imputado llegó a su estudio y le pidió hablar. Según su relato, en ese diálogo Figueroa le manifestó que la pareja había decidido poner fin a la relación. Señaló que hablaron durante horas y que estaban en “distintos caminos”, y agregó que se refirió a la situación como un “divorcio”. También indicó que le comentó que estaba buscando una vivienda para irse.
El testigo afirmó que en esa conversación no hubo referencias negativas hacia la víctima, que no advirtió resentimiento y que Figueroa se refería a ella como “Mer”. Además, dijo que lo vio conmovido, que habló con llanto y que siempre tuvo un vínculo cercano con su familia.
El día del hecho
Sobre la mañana del 4 de agosto, Juncosa relató que alrededor de las 9.30 recibió un llamado de Agustina Rodríguez Ibarra, pareja de Francisco Kvedaras, quien lo alertó por un mensaje que había generado preocupación. Indicó que escuchó el audio que Figueroa había enviado a María Jiménez, madre de la víctima. Mientras hablaba con ella, dijo que lo llamó Andrés Cuneo, amigo del imputado, aunque no pudo atenderlo en ese momento.
Señaló que en su estudio jurídico uno de los abogados, Carlos Gómez Rincón, interpretó el contenido del mensaje como un posible anuncio de suicidio. Posteriormente, indicó que logró comunicarse con Cuneo y que intentó obtener información a través de contactos en el Cuerpo de Investigaciones Fiscales, aunque le indicaron que debía formalizar una denuncia, por lo que radicó un pedido por averiguación de paradero.
Según su testimonio, cerca de las 11.30 volvió a recibir un llamado de Agustina Rodríguez Ibarra, quien, entre gritos y llanto, le dijo que “estaban muertos los dos” en la propiedad del padre del imputado, Lalo Figueroa. Relató que en ese momento, en el estudio, algunos de los presentes se tiraron al piso y que la situación fue de conmoción.
Juncosa dijo que se dirigió hacia El Tipal y que, mientras iba en camino, le informaron que Figueroa había sido trasladado en código rojo y que la mujer estaba fallecida. Indicó que al llegar no le permitieron acercarse a la vivienda porque ya se encontraba trabajando personal policial y del CIF, por lo que observó la escena a unos 300 metros. Señaló que su hermano Gustavo Juncosa había llegado antes al lugar.
También declaró que acompañó una inspección posterior en la zona de la vivienda del padre del imputado, donde, según indicó, no se hallaron elementos relevantes. En ese contexto, mencionó que Lalo Figueroa tenía armas de fuego en su domicilio, con un armero que contenía armas largas y de puño, debido a su afición por la caza.
Finalmente, el testigo indicó que asistió al velorio de la víctima y que fue bien recibido por la familia, pese a que en una declaración previa había manifestado que temía una reacción adversa.