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La condena contra dos empleados del Banco Nación de Orán dejó al descubierto nuevos detalles sobre cómo funcionaba el denominado “pellizco” de dinero en la línea de cajas. El Tribunal Oral Federal N°2 tuvo por acreditados 18 hechos de estafa y determinó que Silvia Verónica Castro, cajera con más de 30 años de trayectoria en la sucursal, y Fernando Horacio Arias Knudsen se aprovecharon de la confianza de los clientes para sustraer billetes mientras procesaban depósitos en efectivo. Muchas de las víctimas ni siquiera sospecharon de los empleados: cuando aparecía una diferencia, creían que habían contado mal el dinero y, en algunos casos, reponían el faltante.
La sentencia puso fin a un caso que había comenzado a investigarse a fines de 2023 y que tuvo como prueba central las imágenes de las cámaras de seguridad de la sucursal. Según el parte difundido por el Ministerio Público Fiscal, el mecanismo se repetía sobre clientes habituales que concurrían con importantes cantidades de efectivo, en especial vinculados con empresas locales, y aprovechaba tanto la disposición física del sector de cajas como la confianza construida durante años con quienes realizaban depósitos.
Una máquina fuera de la vista de los clientes
La maniobra tenía un punto clave: la ubicación de la máquina contadora de billetes. Los clientes entregaban los fajos en la caja, pero el conteo se realizaba en un box contiguo que quedaba fuera de su campo visual. A eso se sumaba un vidrio esmerilado que impedía observar con claridad lo que ocurría durante el procedimiento.
De acuerdo con lo acreditado en el juicio, una vez que recibía el dinero, Castro trasladaba los fajos hasta la máquina y, antes de colocarlos en el dispositivo, retiraba algunos billetes. En otros casos, la sustracción se realizaba después de una primera pasada por la contadora. Los billetes eran luego ocultados dentro de un folleto publicitario del propio Banco Nación.
Esa dinámica permitía que el faltante fuera detectado solamente cuando la máquina arrojaba una suma menor a la esperada. Como el cliente no había podido seguir todo el proceso y confiaba en quien estaba realizando la operación, la primera conclusión no era que alguien había sustraído el dinero, sino que el error había sido propio.
“Nunca pensé que me estaban robando”
Uno de los datos más reveladores del juicio surgió de los testimonios de los propios damnificados. Varios declararon que, cuando aparecía una diferencia entre el dinero que creían haber llevado y el monto finalmente contabilizado, asumían que se habían equivocado antes de llegar al banco.
En algunos casos, según detalló la Fiscalía, los clientes directamente reponían la suma faltante sin formular reclamos y sin desconfiar de la cajera. Durante el debate, una de las víctimas resumió esa situación con una frase que quedó incorporada al caso: “Nunca pensé que me estaban robando”.
Ese punto fue central para la acusación. El fiscal federal Marcos Romero sostuvo que la falta de reclamos inmediatos no significaba que no hubiese existido perjuicio, sino que las víctimas no advertían en ese momento que el dinero había sido sustraído.
La confianza, según la acusación y el tribunal, fue uno de los elementos que hizo posible la maniobra. Castro llevaba más de 30 años de trabajo en esa sucursal, un dato que reforzaba la familiaridad con muchos de los clientes que concurrían de manera habitual a realizar depósitos.
El compañero que descubrió la maniobra
El esquema comenzó a quedar expuesto el 17 de noviembre de 2023. Ese día, un empleado del banco se acercó a la caja para comunicarle a Castro una gestión interna. Como la mujer estaba atendiendo a un cliente, decidió esperar.
Fue durante esa espera cuando observó un comportamiento que le llamó la atención. El trabajador vio cómo la cajera retiraba dinero del depósito y lo ocultaba dentro de un folleto. Luego verificó su contenido y constató que allí había billetes que habían sido separados del fajo entregado por el cliente.
La situación fue informada a los superiores de la entidad y, a partir de ese momento, comenzó una revisión más amplia de las cámaras de seguridad de la sucursal.
Los videos revelaron que no era un hecho aislado
El análisis de las filmaciones resultó determinante. Los investigadores revisaron registros que se remontaban al 19 de julio de 2023 y detectaron otros movimientos similares.
A partir de ese material, la Fiscalía estableció inicialmente 22 hechos de estafa: 20 atribuidos a Castro y dos a Arias Knudsen. Sin embargo, al momento de dictar sentencia, el Tribunal Oral Federal N°2 tuvo por acreditados 18 episodios: 17 correspondientes a Castro y uno a Arias Knudsen.
Las grabaciones fueron exhibidas durante el juicio y constituyeron una de las pruebas centrales de la acusación. También declararon clientes afectados, quienes confirmaron que habían detectado faltantes en sus depósitos pero que en ese momento no habían relacionado esas diferencias con una posible sustracción por parte de los empleados.
Los acusados negaron los hechos y atribuyeron la causa a una supuesta persecución laboral y a conflictos internos dentro de la entidad. Sin embargo, la Fiscalía sostuvo que esa hipótesis no estaba respaldada por evidencia y remarcó que las imágenes eran contundentes respecto de las maniobras observadas.
Las condenas para los dos empleados del Banco Nación
El juez Domingo Batule, integrante unipersonal del Tribunal Oral Federal N°2, condenó a Silvia Verónica Castro a dos años de prisión en suspenso y a Fernando Horacio Arias Knudsen a seis meses de prisión en suspenso.
Ambos fueron declarados penalmente responsables por el delito de estafa en concurso ideal con incumplimiento de los deberes de funcionario público.
Además de las penas de prisión, el tribunal dispuso la inhabilitación para ejercer cargos públicos por el doble del tiempo de cada condena y estableció reglas de conducta durante dos años. Entre ellas se incluyó el sometimiento al control de la Dirección de Control y Asistencia de Ejecución Penal y la prohibición de abusar de estupefacientes y bebidas alcohólicas.
La pena finalmente impuesta fue menor a la solicitada por la Fiscalía para Castro y Arias Knudsen. El fiscal había pedido dos años y seis meses para la cajera y un año para su pareja, mientras que la defensa había solicitado ocho meses para Castro y seis para Arias Knudsen.
El juez habló de una maniobra “aceitada”
Al fundamentar la condena, el juez destacó la forma en que se había desarrollado el mecanismo y puso especial énfasis en el abuso de confianza.
Batule señaló “lo aceitada que era la maniobra delictiva” y sostuvo que el ardid afectó no solamente a los clientes perjudicados, sino también de manera indirecta a la imagen del Banco Nación.
El magistrado también coincidió con la Fiscalía en que no existía una situación de necesidad económica que permitiera explicar el accionar de los condenados.
“Solo la necesidad de lucro”
Durante la audiencia de determinación de la pena, el fiscal Marcos Romero sostuvo que ambos acusados contaban con una situación económica que no podía ser considerada precaria.
En su planteo mencionó un informe según el cual residían en una vivienda de importantes dimensiones, ubicada en un buen barrio, y que en el mismo inmueble funcionaba además un comercio dedicado a la venta de piscinas y productos de limpieza.
Según expuso, a esos ingresos se sumaban los salarios que ambos percibían como empleados de la entidad bancaria.
El juez retomó ese argumento y concluyó: “Solo la necesidad de lucro es lo que los ha motivado a cometer estos hechos”.
Como atenuante, se tuvo en cuenta que ninguno de los dos registraba antecedentes penales.
Los damnificados podrían reclamar por los daños
Otro de los puntos que dejó la sentencia es la posibilidad de que los clientes afectados impulsen reclamos por los perjuicios sufridos.
El juez indicó que los damnificados podrían iniciar acciones por los daños derivados de la maniobra. Durante el proceso, la defensa había cuestionado la existencia de una afectación económica al banco al señalar que no se había podido determinar con precisión el monto total sustraído y que se trataba de sumas menores.
Sin embargo, tanto la Fiscalía como la querella del Banco Nación remarcaron que el perjuicio no podía evaluarse solamente por la cantidad de dinero sustraída, sino también por el impacto que el mecanismo tuvo sobre la confianza de los clientes y la imagen de la entidad.
El caso terminó así con 18 hechos acreditados, dos condenas en suspenso y una reconstrucción que mostró hasta qué punto la maniobra dependía de algo mucho más simple que un mecanismo sofisticado: que los clientes confiaran en quien estaba del otro lado de la caja.