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Cada 8 de marzo invita a reflexionar sobre los avances y los desafíos pendientes en materia de igualdad. En el mundo de la ciencia, la brecha de género sigue siendo una realidad: según datos de la Unesco, las mujeres representan menos de un tercio de la comunidad investigadora en todo el mundo. Reducir esa distancia no es solo una cuestión de equidad, sino también una condición para que la ciencia, la tecnología y la innovación incorporen miradas diversas y respondan mejor a los desafíos de la sociedad.
En este contexto, El Tribuno decidió dedicar este suplemento especial a las mujeres que hoy desarrollan su vocación en las ciencias, tanto en las llamadas ciencias duras como en las ciencias sociales y humanas. La inspiración de este número también tiene nombre propio: Noel de Castro, la ingeniera salteña que trabaja en la industria espacial en Estados Unidos y que se prepara para convertirse en la primera salteña en llegar al espacio. Su historia simboliza el impulso de una nueva generación de mujeres que se animan a ocupar espacios que durante mucho tiempo parecían inaccesibles.
Pero esa transformación también se construye todos los días en universidades, laboratorios y empresas. En estas páginas aparecen historias como la de Macarena Ossola, investigadora del Conicet en Salta, cuya vocación nació en la infancia durante una visita escolar a la Ciudad Sagrada de Quilmes y que hoy se dedica a estudiar las formas de vida de las sociedades pasadas y presentes.
También está el recorrido de Alejandra Falú, médica, docente e investigadora de la Universidad Nacional de Salta, que desde su rol académico y profesional impulsa la formación de nuevas generaciones en el campo de la salud y reflexiona sobre el desafío que todavía implica para muchas mujeres desarrollarse en ámbitos científicos.
Desde el campo de la ingeniería y la investigación aplicada, Alicia Graciela Cid, ingeniera química e investigadora del Conicet, trabaja en el desarrollo de tecnologías farmacéuticas orientadas a mejorar tratamientos para enfermedades que afectan especialmente a poblaciones vulnerables, demostrando cómo la ciencia también puede tener un fuerte impacto social.
La ciencia también se construye en el sector productivo. En Embarcación, la biotecnóloga Soledad Quiroga trabaja con microorganismos que permiten desarrollar fertilizantes biológicos, una innovación que busca mejorar los suelos y reducir el uso de químicos en la agricultura, abriendo camino hacia una producción más sustentable.
A estas historias se suma la de Rossana Ledesma, investigadora y docente de Antropología en la Universidad Nacional de Salta, cuya vocación científica comenzó a los 12 años tras leer la biografía de Marie Curie, una experiencia que despertó una curiosidad que luego se transformaría en una carrera dedicada a la investigación arqueológica.
Cada una de estas trayectorias demuestra que la ciencia se nutre de curiosidad, perseverancia y vocación. Pero también recuerda que cada avance es el resultado de un camino colectivo, construido por generaciones de mujeres que abrieron puertas y ampliaron horizontes.
Promover la participación femenina en la ciencia no es solo un gesto simbólico. Significa ampliar la diversidad de ideas, incorporar nuevas perspectivas y fortalecer la capacidad de las sociedades para innovar y resolver problemas complejos.
Visibilizar estas historias no solo reconoce el trabajo de quienes ya recorren ese camino. También busca inspirar a nuevas generaciones de niñas y jóvenes a imaginarse dentro del mundo del conocimiento, la investigación y la innovación.
En un tiempo donde el desarrollo científico y tecnológico es clave para el futuro de las sociedades, impulsar la participación de más mujeres en estos ámbitos es también apostar por un progreso más inclusivo y sostenible.
Porque cuando una mujer abre camino en la ciencia, muchas otras descubren que ese horizonte también puede ser suyo.