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El arzobispo de Salta, Mario Antonio Cargnello, presidió la misa de Pascua y dejó un profundo mensaje centrado en la fe, el encuentro con Cristo resucitado y el valor de reconocer la presencia de Dios en la vida cotidiana.
Durante su homilía, el prelado invitó a los fieles a renovar su confianza espiritual: “Pidamos al Señor que aumente nuestra fe. Que no tengamos miedo de creer en Él que es el viviente”, expresó, marcando el eje de su reflexión pascual.
Cargnello hizo hincapié en el papel de la Iglesia como comunidad que anuncia la resurrección, recordando el pasaje evangélico en el que María Magdalena, desconcertada ante el sepulcro vacío, comparte su inquietud con Pedro y el discípulo amado. “Es la Iglesia la que proclama que Jesús resucitó”, sostuvo.
"El bautismo es un agua viva que me transforma"
En ese marco, el arzobispo llamó a los presentes a preguntarse por el sentido de su presencia en la celebración: “Hoy es un día para decir, bueno, ¿yo por qué estoy aquí?”. Y remarcó la importancia del bautismo como una experiencia viva y transformadora: “El bautismo es un agua viva que me transforma y que me ayuda a encontrarme con el Señor si estoy dispuesto a dejarme sorprender por su amor”.
Asimismo, planteó la necesidad de asumir el camino de la fe sin temor, tomando como ejemplo a figuras bíblicas como María Magdalena y el apóstol Pedro, quienes atravesaron procesos de duda, búsqueda y encuentro con Cristo resucitado.
“El proceso de la fe implica animarse a dejar falsas seguridades y permitir que Dios entre en nuestra vida”, afirmó, al tiempo que alentó a los fieles a descubrir la presencia de lo “viviente” en experiencias cotidianas muchas veces no valoradas, como el amor de la familia, de los hijos o de los amigos.
En el tramo final de su mensaje, Cargnello invitó a una reflexión más profunda sobre las oportunidades desaprovechadas y el sentido de la vida: “Pidámosle al Señor que el encuentro con Él me devuelva el sentido pleno de mi vida, no importa la edad que tenga”.
La celebración de Pascua, así, se convirtió en un llamado a la renovación interior y a redescubrir la fe como un camino activo, marcado por el encuentro personal con Cristo y el compromiso con la vida.