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La lluvia caía sobre la Ruta Nacional 9 y el frío atravesaba la mañana, pero nadie abandonaba la espera. En el límite entre Jujuy y Salta, familias y voluntarios prepararon café caliente, tortillas, bizcochitos, sándwiches, frutas y agua para recibir a los peregrinos de Santa Victoria Oeste, que hoy completarán una de las travesías de fe más extensas de Sudamérica.
El contingente afrontó ayer su duodécimo día de caminata. Había partido cerca de las 6 desde el dique La Ciénaga, en Jujuy, rumbo al límite provincial. El clima y las dificultades del recorrido demoraron la marcha, pero no alteraron el objetivo: llegar hoy, alrededor de las 17.30, a los pies del Señor y la Virgen del Milagro en la Catedral de Salta.
La peregrinación comenzó el 1 de septiembre, a las 7, con 57 personas que salieron de Santa Victoria Oeste. A medida que avanzaron, se incorporaron caminantes de otros lugares y la columna creció hasta hacer difícil calcular cuántos llegarán finalmente a la ciudad.
"Desde Jujuy se han sumado más de Santa Victoria y siguen sumando. No sé cuántos llegarán, pero ya no se los puede contar", relató Trinidad, coordinadora de la peregrinación, quien durante el trayecto se encargó de cocinar y asistir a los caminantes.
Detrás quedaron cerros, precipicios y jornadas marcadas por una preocupación básica: conseguir agua. "Hubo tres días que no teníamos agua. Teníamos que ir a traerla del arroyito para cocinar, para todo", recordó Trinidad. Pese a esas dificultades, aseguró que el grupo se mantuvo unido y en buenas condiciones.
Del otro lado del camino, la espera también forma parte del Milagro. Hace 21 años que una familia se instala en ese punto de la ruta para asistir a los peregrinos. La iniciativa comenzó con la madre de Liliana Cardozo y, después de su muerte, se convirtió en un legado que continúa de generación en generación.
"Les preparamos las cosas con mucho amor, con mucho cariño. Se lo merecen", expresó Liliana mientras esperaba la llegada de los caminantes. Este año, por la lluvia y las bajas temperaturas, las infusiones calientes cobraron todavía más importancia. "Todo esto me recuerda a mi madre. Me emociona mucho porque ella nos dejó este gran legado de solidaridad y amor", confesó.
La tradición ya alcanzó a los más jóvenes. Romina contó que la recepción se transformó en un acontecimiento familiar para el que comienzan a prepararse varios días antes. "Todos los años emociona un poco más verlos, recibirlos y compartir", señaló.
Junto con los alimentos, se montó un puesto sanitario para aliviar las consecuencias de casi dos semanas de marcha. Darío Tabarcachi, enfermero operativo del área 39 de La Caldera, explicó que las principales atenciones son por fatiga física y ampollas. Allí se lavan, limpian y curan los pies antes de que los peregrinos continúen hasta un puesto con mayor equipamiento.
El cansancio se nota en los cuerpos, pero no consigue imponerse a la emoción. "Ellos vienen emocionados por llegar a los pies de la Virgen y del Señor del Milagro. Vienen con tanta fe que nos contagian", expresó Tabarcachi.