Carta de Lectores

Pluralismo democrático

Uno de los argumentos utilizados para sostener la validez constitucional del régimen de enseñanza religiosa en las escuelas públicas de Salta frente al reclamo verificado en los hechos de que casi con exclusividad se enseñó y se llegaron a practicar ritos propios del catolicismo (a niños no católicos y niños que no desean ser instruidos en ninguna religión), fue el de una especie de preeminencia de la religión católica en una provincia donde una mayoría profesa esa fe y son comunes grandes y conmovedoras manifestaciones religiosas, que forman parte de una evidente tradición. Creo humildemente, que ese argumento no es bueno.
La jurisprudencia casi no admite discusión que la preferencia de una opción constitucional sólo porque una mayoría lo decida. Es un evidente riesgo para una democracia. Por el contrario, es de la esencia de un régimen constitucional como el nuestro, en donde está latente a cada paso el hecho del pluralismo, la necesidad de que también las minorías sean escuchadas. Las principales cuestiones en el debate debe ser precisamente, la forma de conciliar o compatibilizar esos intereses de mayoría y minoría, y en ese sentido encuentro razón en que la forma de implementación en Salta del legítimo derecho de los padres y tutores a que sus hijos y pupilos, reciban de la escuela pública salteña, una enseñanza religiosa de acuerdo a sus propias convicciones, no ha sido del todo acorde o respetuoso con la Constitución Nacional ni los tratados internacionales. Aun siendo constitucional, en general, la normativa salteña, está claro que puede contrariarse la constitucionalidad de su implementación u obligatoriedad y resolverse que alternativo no debe ser el programa para alumnos no creyentes o no católicos como modo de saldar su constitucionalidad, sino principal, plural, neutral y objetivo el régimen de enseñanza para los alumnos, como una forma de promover la autonomía personal. Sin importar la propia religión más allá de que esté simplemente presente en los contenidos, y con prácticas y ritos, limitadas, que sólo aleccionen sobre el modo en que se materializa la fe. El error quizás haya estado en que se estableció un régimen obligatorio, curricular e impartido en el horario de clases. Sigue abierto el debate.

Sebastián Aguirre Astigueta - Salta Capital

Fundamentalismos

La cuestión de la “enseñanza religiosa” en las escuelas públicas de Salta es un servicio pedagógico que, con carácter “optativo”, se ofrece a los escolares de la Educación Primaria, cuyos padres o tutores lo requieran, respondiendo a la confesión religiosa o formación ética, que éstos soliciten. Es decir, se trata de una prestación “no obligatoria”, que permite a los padres, que no pueden enviar a sus hijos a una escuela o instituto privado que la incluya, y que deseen que éstos reciban este tipo de formación. Por el contrario, la “educación laica”, proclamada como una modalidad educativa supuestamente más “libre” u “objetiva”, es una imposición, que obliga a los niños, cuyos padres desean que reciban una formación “integral” (que incluya en consecuencia la formación religiosa y/o moral), a prescindir de ella. Por otra parte, ¿qué supone la “educación religiosa”, de la que se pretende privar a los niños de la escuela pública? Pues nada menos que brindar a los educandos un fundamento espiritual y moral que, al otorgar un sentido trascendente a sus vidas, les abre las puertas a la plenitud interior y les provee pautas para una conducta honesta y solidaria con los demás. Se argumenta que, como la mayoría de los salteños profesamos la fe católica, esta prestación educativa supondría una marginación de quienes profesan otros cultos. Pero, por el contrario, bien encarada, ¿no podría ser el camino para que los niños no católicos, bien apoyados por sus padres, valoren a partir de la elección específica realizada, la fe que los sustenta? ¿Y para que los alumnos católicos se eduquen en el respeto a la diversidad religiosa? Mientras los manifestantes a favor de la “enseñanza laica” enarbolan carteles que dicen: “La religión, fuera de las escuelas”, de connotación sin duda agresiva, en el interior de la Catedral, en el marco de una celebración litúrgica, cantábamos: “No te importen las razas ni el color de la piel/ama a todos como hermanos y haz el bien...” ¿No ocultan los ataques porque en ciertos casos son tales una intencionalidad sesgada, o la adhesión irreflexiva a un supuesto “progresismo”? Desde luego, es a lo que se aspira, a la enseñanza desde una perspectiva religiosa libre de cualquier tipo de fundamentalismos.

Leonor Arias - Salta Capital

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Enero de 2017

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