Carta de Lectores

Gracias, Diego

Es recurrente que quien recuerde a Maradona, comience aclarando “más allá de su polémica vida privada...” para luego poner en valor solo su trayectoria futbolística. No es cierto; lo poco que se cuestiona de su vida privada se refieren a sus vicios, los cuales, como remarcó recientemente Goycochea, “en las alturas en las que se movía Maradona cualquiera de nosotros hubiera volcado tantas veces como volcó Maradona”. Pero no es cierto sobre todo porque todas las demás características que resaltan de su vida privada son intencionalmente dejadas de lado. Remarquemos solamente unas cuantas de sus decisiones individuales: 
La decisión de ir al Nápoli: esta también es una decisión individual, privada de Diego, que seguramente no sería recomendada por ningún espónsor o representante. Decisión que trasluce toda una elección de vida, la de elegir siempre con tu poder empujar al de abajo, al más rezagado, al menos favorecido. 
Apostar por causas justas: cuántos ídolos conocemos que luego de alcanzar la cima guardan esa fama bajo cuatro llaves en una vitrina inmaculada para siempre. No, Diego la apostaba diariamente y no solo en temas relacionados con el deporte, también lo hacía en la política, en la economía, etc., sumamente consciente de sus limitaciones, lo que lo hace más valorable aún, porque una verdadera apuesta es justamente la que encierra riesgos de ganar, pero también de perder. 
 Jugar en equipo y hacer jugar a su equipo, toda una definición de liderazgo. 
Diego mil gracias por tanta felicidad. Aimar, otro ídolo, lo definió de una manera que comparto: “No queríamos ser superhéroes, queríamos ser como vos”, es cierto, el habilidoso quería imitar su habilidad, el menos habilidoso quería imitar su garra, el más serio quería imitar su profesionalismo, el que carecía de todo eso, imitaba su picardía, su rebeldía. 

Horacio Benito Maidana - Salta 

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Enero de 2017

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