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Carta del lector

Carta del lector

Javier Milei, nombre y apellido de alguien a quien cuesta definir en el espectro político argentino, sin que nos asalte el temor a equivocarnos. Lo excéntrico de sus inicios fue migrando, no así sus ideas, las que se han mantenido firmes, algo no común si consideramos el léxico utilizado y las actitudes evidenciadas por nuestros políticos. Esa es una de las razones por las cuales se diferencia y toma distancia de la "casta", como habitualmente denomina a la dirigencia política actual. La RAE define el término como "grupo que forma una clase especial y tiende a permanecer separado de los demás".

Y con esa simple expresión plantea la diferencia o mejor aún, la grieta, por usar un término en boga, que existe entre sus pensamientos y los del resto de sus ocasionales adversarios. El claro planteo está dado en "Ellos y yo" o mejor aún, "Ellos o yo"

Su comportamiento, inusual hasta hoy en un político, lo posiciona de un modo diferente al punto tal que la gran mayoría no acierta con una definición que pueda atribuírsele.

La necesidad imperiosa de un cambio profundo y crucial en la política llevada a cabo hasta el presente lo posiciona como un protagonista de lujo y con altas expectativas.

Tal vez sea por eso que su voz es escuchada con interés y esperanza por sectores muy disímiles de la sociedad que van más allá de una distinción etaria, la que ha quedado caduca luego de las elecciones PASO.

Lo cierto es que para muchos argentinos Javier Milei hoy representa la cuota de esperanza que aún no ha sido consumida.

Es la actitud de quien en la ruleta apuesta su última ficha a un pleno que pueda salvarlo.

Así está la sociedad argentina hoy, apostando por alguien que tiene la valentía de mostrar sus cartas que, si son o no suficientes o certeras, el tiempo lo dirá.

Por Oscar Delmastro Ingaramo

La reciente designación de elevada jerarquía vaticana decidida por el conductor máximo de la Iglesia Católica al crear un instituto para estudios e investigaciones mencionadas en este título, en el ámbito de la Pontificia Academia de Ciencias Sociales, con el nombre de "Fray Bartolomé de las Casas", recayendo en el jurista Eugenio Zaffaroni, y otros integrantes, implica una valiosa iniciativa por cierto, pero al tiempo, completa una grave desviación política al reducir el pensamiento jurídico de asesoramiento por un lado, y por el otro, contaminándoselo aviesamente al contradecir los mensajes del Nazareno, en favor de la fe y la esperanza para todos.

La visión abolicionista del doctor Zaffaroni supone la claudicación del Estado en la función de brindar seguridad y deja a la gente a común a merced de quienes utilizan las armas para hacer valer el poder de la fuerza, sin tener para hacerlo reparo moral alguno. El uso de armas es, y debe seguir siendo, atribución exclusiva del Estado.

La filosofía que lo inspira y su visión del mundo, de las personas y de la Justicia no coincide con espíritu del cristianismo.

Por lo tanto, siendo este proyecto plausible en su origen, queda sin embargo reducido por la flagrante duda de una intromisión política monolítica en la institución Iglesia, que muy positiva sería si hubiera incluido un equipo jurídico abierto, no tendencioso políticamente, sino integrado por diversos destacados juristas también, lo que conlleva a definir a este quirógrafo en parcial, incumplido, y no recomendable ni para la iglesia, ni para los feligreses que conjuntamente con los sacerdotes integran su Cuerpo.

Por Roberto Ibarguren Zorreguieta

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