El viento de frente "corta", frena, y hasta revuelca. Sin duda, parecen muy lejanos aquellos tiempos en que todos los planetas se alineaban. Los precios internacionales por las nubes, y el clima local funcionando como un relojito suizo.

Para el campo, hoy, es uno de los momentos más inoportunos por la combinación de alteraciones climáticas, económicas e internacionales que se están viviendo. Las tres inundaciones consecutivas en la Pampa Húmeda, y luego, la aguda seca de casi 7 meses hicieron perder hasta el momento cerca del 30% del volumen de la última campaña de granos gruesos; unos 35 millones de toneladas de maíz y de soja.

Mientras las lluvias impiden terminar aún la recolección de más de 60% del maíz que resta y de cerca del 50% de la soja del cielo anterior, los productores y contratistas deben definir qué quieren, y qué "pueden" hacer. Los precios que se esperan para el trigo futuro son bastante atractivos -alrededor de US$ 200 por tonelada para enero-, y este cereal cuenta con precio "lleno" ya que le recortaron a 0% las retenciones en diciembre de 2015, pero los márgenes de rentabilidad siguen siendo muy variables debido a los vaivenes que atraviesa la economía local.

¿Qué valor va a tener el dólar y, por ende, los insumos dolarizados de la producción? ¿Qué va a pasar con el combustible, gas oil, que aumentó más de 40% en los últimos 12 meses y que ahora, la nueva suba (6 a 7%) fue postergada para julio? ¿Qué va a pasar con los fletes?

Por supuesto que los productores querrían repetir el área triguera del año pasado, de alrededor de 6 millones de hectáreas, lo que a US$ 350 de costo de implantación por hectárea representa más de US$ 2.000 millones, si se hace todo lo que se debe en materia de herbicidas, fertilizantes y control de eventuales plagas. Con eso, y muy buen clima, la Argentina podría llegar al récord de 20 millones de toneladas de trigo, y con muy buena calidad, algo que últimamente fue bastante esquivo por el poco uso de fertilizantes ante la escasa rentabilidad. Las ventas postergadas de granos, ciertas líneas de crédito de bancos oficiales y privados, más la ampliación de algunos créditos comerciales de empresas proveedoras de insumos, completarían una oferta de liquidez que haría factible ese escenario, muy bueno también para el país, porque permitiría el ingreso de divisas genuinas de exportación ya en el primer trimestre del año, tanto por venta de granos como de harina, tema que, sin duda, es clave para el Gobierno en un año de elecciones presidenciales.

¿Las condiciones actuales son favorables para que, aún teniéndolos disponibles, se puedan "enterrar" US$ 2.000 millones durante 6 meses, sujetos a los avatares climáticos y de los mercados internacionales cuando, internamente, la tasa de interés ronda el 40% y la mayoría no tiene claro en qué nivel se puede estabilizar finalmente el dólar?

Es cierto que la vocación de los productores es mantener los potreros ocupados, actualizar la maquinaria, rotar los cultivos y, si se puede, volver un poco a la ganadería vacuna, pero finalmente es la "economía", la que va a decidir hacia dónde se va a inclinar la balanza.

Fuertes desequilibrios ambientales, y también comerciales generaron daños que demuestran que los productores pueden jugar a la perinola, pero no a la ruleta rusa....

 

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Sección Editorial

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