Debate, ideas... revolución

La "nación" es un conjunto de personas humanas. Por el contrario, el "estado" es una persona jurídica creada por la nación para administrar el proyecto común de todos los "nacionales".

El artículo 146 del Codigo Civil y Comercial de la "Nación Argentina" califica al Estado nacional y a las provincias y municipios como personas jurídicas publicas, para diferenciarlos de las personas jurídicas privadas (sociedades, asociaciones, etc.).

Teniendo en cuenta que la nación argentina creó a la persona jurídica "estado" a través de las constituciones (nacional y provinciales), es legítimo que "los argentinos" se "quejen" de lo que hace el "estado". Si tan malo resultó el estado (y sus gobernantes), ¿por qué la "nación" no genera un cambio o lo hace desaparecer?

Zona de confort

En psicología la zona de confort es un estado mental que lleva a personas temerosas de asumir riesgos a aferrarse a comportamientos rutinarios. Transitan todos los días el mismo camino, frecuentan la misma gente, hacen las mismas cosas, entran y salen en los mismos horarios y transmiten idénticos hábitos a quienes los rodean (esposa, esposo, hijos, padres, subordinados, jefes, etc.).

Las personas que viven en una "zona de confort" no aceptan nuevos amigos, buscan un trabajo estable (generalmente en relación de dependencia) y se mueven en un ambiente conocido. El bienestar que sienten no es producto del éxito y el orgullo personal, "sino de la ausencia de emociones negativas, como la incertidumbre o la inseguridad". No soportarían un desafío, porque el desafío exige asumir riesgos y armar estrategias ante lo desconocido.

¿Podríamos decir que hay naciones que viven en una zona de confort?

Los herederos del golpismo

Las dictaduras y el populismo, de derecha o de izquierda, sustentan su poder en la proscripción del debate y la generación de nuevas ideas. Imponen ideas rígidas y eternas que provocan una especie de "zona de confort", pero a nivel "nación". Luego de un tiempo, no solo será difícil mover a los funcionarios de la administración del Estado sino que, lo más grave, será también difícil que la "nación" acepte cambiar a los administradores. Para esa "nación" será mejor un transitar mediocre y sin riesgos bajo el látigo de un "dictador populista" que el vuelo libre y desafiante al que invita la democracia constitucional.

En este esquema, ¿podríamos decir que las nuevas ideas y el debate abierto de cara a un futuro mejor constituyen amenazas inaceptables para la zona de confort de una nación?

Las dictaduras y el populismo usan la democracia como plataforma para legitimarse. Los dictadores y populistas del siglo XXI son elegidos por el pueblo. Frente a la condena mundial hacia los gobiernos que tomaban el poder por asalto mediante "golpes de Estado", los viejos golpistas encontraron en la democracia populista la formula del éxito para alcanzar y perpetuarse en el poder. Nadie puede discutirles su legitimación como "gobernantes", porque fueron elegidos por la "nación".

Las naciones, que fueran durante el siglo XX víctimas de locos desaforados que tomaban las armas y amenazaban con matar a todo el que se opusiera, en el siglo XXI son víctimas de los mismos locos desaforados que ahora utilizan organismos de recaudación impositiva y subsidios para amenazar y mantener sumisos a ricos y pobres (respectivamente).

¿Podríamos decir que la mayoría de los argentinos ricos sienten "confort" en pagar el 50% de lo que producen al Estado, a cambio de usar libremente el otro 50% y que la mayoría de los argentinos pobres sienten "confort" en recibir un dinero mensual sin trabajar, a cambio de la supervivencia segura?

Para hacer de la nación un mísero rejuntado, sin proyecto común y unidos por el temor a los riesgos, las dictaduras populistas necesitan solo una cosa: la administración del sistema educativo. Así, los dictadores modelo XXI dirán que la educación debe realizarse a través de escuelas publicas y programas educativos tradicionales, con timbres que disciplinan a los alumnos (para ir al recreo, volver al aula, ir a la bandera, etc.), formaciones militares con la mano en el hombro y sin inclinar la cabeza y tiempos alternados de trabajo y descanso, hasta la hora de volver a casa. Las escuelas argentinas no educan, preparan para una vida tranquila dentro de la zona de confort que el Estado tiene preparada hasta la muerte del "votante".

Los gobiernos no quieren hacer mucho para nutrir la creatividad humana.

¿Podríamos decir que la “zona de confort” es la nueva esclavitud del siglo XXI? 

La nación argentina, no el Estado, debe romper la zona de confort en la que la hacen vivir desde 1930. Alternadamente, para construir esa “zona de confort nacional” que les asegure el ejercicio del poder, la “izquierda” y la “derecha” usan primeramente las escuelas con timbres, filas, dogmas y castigos a la imaginación y la creatividad y, una vez adultos, usan los sindicatos y las leyes laborales que aseguran de por vida el mismo trabajo, el mismo escritorio y el mismo horario.

La tragedia argentina es haber dejado que los gobiernos impongan las bases del proyecto nacional, ese histórico error lo pagamos con nuestra esclavitud, y día a día lo sufrimos con nuestro eterno subdesarrollo de pobreza y sometimiento. Las escuelas y los sindicatos son las herramientas de los dictadores populistas de derecha e izquierda para crear la zona de confort y mantener “esclavizados” en ella a la mayoría de la nación argentina.

Nueva revolución 

Debate, ideas... revolución. Para ser una nación libre los argentinos deben primero ser una nación “pensante” y “emprendedora”. Las escuelas, las universidades e incluso las plazas públicas son los espacios donde abrir ese debate y generar esas ideas. No son estructuras del Estado ni son dominio de rectores, directivos y docentes, las escuelas, las universidades y las plazas son espacios construidos con dinero de la nación argentina y pueden ser usados libremente por esa “nación”.
Argentina necesita una nueva revolución. Necesita jóvenes atrevidos y adultos valientes, dispuestos a dejar la zona de confort donde el “Estado” los esclavizó. Necesita una revolución de ideas, fruto de un debate abierto y punzante. Más que nunca necesitamos filósofos que escriban las bases de una “nación” libre, un proyecto común a los argentinos. Tengo la impresión de que el gobierno del Estado nacional está esperando esa revolución. Una oportunidad histórica que posiblemente no tengamos por 100 años más.
 

 

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Sección Editorial

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