El agua y la pobreza dirigencial

Las localidades del departamento San Martín padecen desde hace años la falta de agua. 
La carencia no comenzó este verano ni el anterior, sino que se extiende durante todo el año, con cortes, baja presión, agua turbia y como lo denunciara en octubre de 2015 la entonces gerente sanitaria del hospital Perón Gladys Paredes -actual legisladora provincial- su aptitud para el consumo humano es más que dudosa. 
En aquel momento y por un estudio hecho en el propio hospital, la médica advirtió sobre la presencia del parásito Cryptosporidium, lo que motivó un inusitado aumento de cólicos, diarreas y vómitos en niños y adultos. 
En 2018 los legisladores Manuel Pailler, Mario Ángel y la propia Paredes presentaron un recurso de amparo para que la Justicia exija a la prestataria del servicio, Aguas del Norte, la concresión de las obras necesarias para abastecer de agua potable apta para el consumo humano al departamento, que en verano registra temperaturas de hasta 50 grados. Pero la jueza Carmen Juliá, que tramitó el expediente -casi en una muestra de aplicar el viejo axioma de matar al mensajero-, desestimó el recurso considerando que los firmantes no actuaban como usuarios... sino como legisladores; supuestamente si el recurso era presentado por una asociación de usuarios Aguas del Norte hubiera cumplido a rajatabla con el servicio, la Provincia hubiera hecho las obras millonarias que prometió hace por lo menos 5 años (Fondo de Reparación Histórica) , algo que a estas alturas -de las circunstancias, del verano y de los diarios padeceres- los sanmartinianos no creen ni viendo.
 Salvo Eduardo Leavy -el intendente interino de Tartagal- que juega para otro equipo, los jefes comunales de San Martín no reclamaron ni reclamarán por obras que provean agua segura a sus pueblos; prefieren posar con una sonrisa forzada en una foto de apoyo incondicional al gobernador de la Provincia; pero todos -incluído el precandidato a presidente salteño- saben que lo que los jefes comunales buscan es asegurarse los envíos de fondos y sin son anticipos de coparticipación, mejor todavía.
 Si a algún poblador del llano se le consulta quién es el senador por el departamento San Martín, cae en la cuenta que no lo sabe. 
Y es que ese cargo lo ocupa una mujer -sorpresa para muchos que ni se lo imaginaban- Nora Canunni de Llaya, esposa del intendente de Embarcación, quien jamás se pronunció, interesó o expresó sobre un tema tan dramático como la falta de agua, a pesar de ser la autoridad política más importante del departamento San Martín. 
Canunni de Llaya ocupa ese cargo “por el ascenso” a diputado nacional de otro eterno ausente: Andrés Zottos, más ocupado -como hace largos 25 años- por sus cuestiones personales que lo convirtieron en uno de los salteños más acaudalados, que por lo que padecen los pobladores del departamento del cual es oriundo. 
 La semana anterior la abogada Sara Esper, el concejal de Mosconi Enzo “Chancaca” Argañaraz y otros referentes de la zona convocaron a una marcha para protestar contra el pésimo servicio de agua, las carencias en materia de electricidad y tantos padeceres de los norteños. 
Los que no tienen agua potable en forma más o menos regular son casi 200.000 pobladores; pero a la marcha no fueron ni 100. 
 Hartos, cansados, saturados de ser usados, a sabiendas que muchos que convocan a movilizaciones negocian después una pretendida representatividad o una supuesta capacidad de liderazgo, los norteños no asisten no porque les sobre agua, les sobra desconfianza.
Ni por todos los galones del agua más valiosa del mundo quieren volver a ser usados por unos cuantos vivos como sucedió en las multitudinarias movilizaciones de otros años, las mismas que bautizaron a Tartagal como “la capital nacional del piquete” y que jamás trajeron soluciones de fondo... como el eterno tema de la falta de agua.
 

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